Noche
Imagen: Télam

A veces  pienso en los silencios que por la noche escucha Milagro desde su celda.

Un sonido continuo de viaje por el espacio, sin ruidos y sin luz.

Una eternidad de pocas horas hasta el amanecer. Las celdas vecinas, el patio, los árboles silbantes, un portazo a lo lejos, un trueno, la lluvia, una frenada, la voz de una niña interior desprotegida y rebelde que la abraza por dentro.

La imagino quieta, rebelde la noche boca arriba, respirando el ácido olor  de ese aire de encierro. Los brazos al costado del cuerpo como una estatua estoica y milenaria. Hay siglos en sus ojos y gritos en la boca  que se aprieta los labios.

Parpadea, Milagro.

La noche está en el mismo lugar desde hace horas.

Es un animal que la mira indolente, la tristeza con sus fauces abiertas.

Sé que si me desvelo en mi cama tibia, puedo mirarla.

Ella está despierta, a toda hora, esperando el sol que le debemos.


* La primera versión de este texto se publicó en el libro de reciente aparición Todos somos Milagro, de María José Malvares y Gimena Tur, editado por Octubre.