CIENCIA › DIáLOGO CON DANIEL MORICILE, INGENIERO AGRóNOMO E INVESTIGADOR DEL INSTITUTO DE FLORICULTURA DEL INTA

Una producción programada

El control del cultivo de las flores busca regular la temperatura y la luz, prever el instante en que se debe trasplantar, podar o sembrar. Para que la planta tenga un buen desarrollo es imprescindible analizar la cantidad de agua que recibe, el aire que sintetiza y la parte sólida sobre la que se expande.

 Por Leonardo Moledo

–Cuénteme qué es lo que hace.

–Pertenezco al grupo de investigación relacionado con tecnología de cultivo: estudiamos cómo mejorar los cultivos, lo cual implica la parte fisiológica, la parte de sustratos y los aspectos relacionados con la gestión y economía del productor.

–A ver...

–La parte de manejo de cultivo consiste en poder mejorar la programación de cultivo de los productores. Una particularidad que tiene producir flores y plantas es que hay fechas claves, como el Día de la Madre, el de la Primavera, el de San Valentín, el de la Mujer. Otra fecha importante es el Día del Padre. Entonces es importante salir con la producción la semana previa a esa fecha, donde la demanda es alta. Es el mejor momento para el productor, después los precios caen bastante porque cae la demanda. Entonces es importante programar bien, regulando la temperatura y la luz, de manera que se calcule con exactitud para cosechar la semana previa. Es importante saber cuándo hay que trasplantar, cuándo hay que podar o sembrar, etcétera.

–Una producción programada.

–Sí. El tema de los sustratos tiene que ver con el componente que viene en las macetas; hoy ya prácticamente no se usa más tierra, por falta de disponibilidad y por una cuestión ecológica. Se usan todos productos orgánicos o de origen mineral, de modo que hay que estudiar para cada lugar qué material disponible hay, saber con qué combinación de esos materiales se puede hacer un buen sustrato para que la planta no solamente sea buena a nivel de la producción sino que sea buena para el consumidor.

–Me llama la atención lo de la tierra.

–Sí, pero se usa cada vez menos. Para algunas especies arbustivas, por ejemplo, se sigue usando, pero no es lo general. Muchos arbustos, incluso, tienen una primera parte del cultivo en suelo y después en maceta, pero en los plantines de estación y las plantas de interior se encuentran otros materiales, como corteza de pino, perlita (una piedrita blanca), hoja de pino u otro material que se saca de un sedimento vegetal, que se llama “resaca” o “turba subtropical”.

–¿O sea que la maceta que tengo en mi casa no tiene tierra?

–Las que son plantas de interior o florales, lo más probable es que no. El ejemplo más típico es la azalea. La azalea utiliza un material vegetal orgánico, que tiene que ser ácido, y en general es hoja de pino o corteza de pino. Esos materiales son producto de otra industria, en este caso, la industria forestal. En otras provincias se usa viruta o aserrín, un subproducto del aserradero o la industria maderera.

–¿Y qué hacen ustedes?

–Hay que analizar varias cosas. Una cuestión es la relación de agua, de aire y la parte sólida, para que la planta tenga un buen desarrollo. Si el sustrato es muy pesado, como puede ser un exceso de tierra (que no es tan rica como antes, sino que es muy mineral), a la raíz le cuesta desarrollarse porque tiene un exceso de agua y le va a faltar aireación. Es normal que la planta esté muy raquítica, que se le caigan las hojas, que se quede chica, que se seque.

–¿Y además de los sustratos?

–Están los aspectos económicos relacionados con la gestión del productor. Esto tiene que ver con cómo se organiza la producción. La producción de flores y plantas ornamentales, aromáticas y medicinales se ha hecho mucho más compleja. En la generación de mis padres, era cuestión de producir porque todo se vendía directamente en la finca: los consumidores o los mayoristas iban a comprar directamente al cultivo, y era muy poco lo que se distribuía. Hoy es mucho más complejo: hay toda una serie de eslabones intermedios para llegar a mercados más distantes o más complejos en cuanto al acceso a ese producto. Entonces es necesario organizar la producción, lo cual es mucho más complejo que antes porque se necesita una escala mayor para que sea rentable: hoy en flores de corte hay que tener casi una hectárea de superficie cubierta para que sea rentable. De modo que aunque sea trabajo familiar, se requiere mano de obra no familiar, y eso hay que organizarlo. Por otro lado, la comercialización hoy es otra etapa más, por la variación que hay en el tipo de comprador (mayorista, intermediario, etc., y en algunos casos también hay venta al público). Otro de los aspectos es que hay que hacer bien el cálculo de costos para que el proceso sea rentable y no pierda oportunidad de tener un mejor precio para su producto.

–¿Y dentro del terreno biológico?

–Se estudia el manejo de cultivo, la propagación (tanto por semilla como por esqueje), la sanidad (enfermedades, plagas), la nutrición (de acuerdo con la especie), la poscosecha.

–¿Poscosecha?

–Los manejos que se hacen después de que se corta la planta, para que se mantenga como se tiene que mantener.

–¿Y ustedes trabajan con los productores?

–Tenemos contacto directo, sí. Y además, promovemos que los productores se organicen entre ellos y nos transmitan sus problemáticas, que son las que después guían nuestros proyectos de investigación.

–¿Qué pasó con la micropropagación?

–La micropropagación en nitro o cultivo de tejido lo que permitió fue, por un lado, propagar especies que por la macropropagación tradicional eran muy difíciles. La florcita blanca que acompaña los ramos de rosas es un buen ejemplo. Hasta la década del ’70 era todo un problema; a partir del descubrimiento de la micropropagación, el tema se resolvió. Por otro lado, lo que permitió fue el saneamiento de materiales vegetales afectados por virus. Dado que el virus no llega, esto permite limpiar una planta que tiene virus y a partir de ahí propagar plantas sanas.

–Explique cómo funciona.

–La micropropagación es la propagación en tubos de ensayo, en un medio especial, o en el caso de otras especies, porciones de la planta (del tallo, de la hoja, de alguna parte de la flor). Permite clonar una planta de las mismas características genéticas que la original.

–¿Alguna cosa más que quiera contar?

–Lo que hemos hecho desde el INTA es buscar que la floricultura tenga una mayor importancia económica. A veces hay un prejuicio contra la floricultura, pero hay lugares donde tiene un impacto importante, especialmente en los pequeños productores. Un ejemplo que siempre cito es el caso de Corrientes, donde el valor bruto de la producción de flores y plantas ornamentales es mayor que la de té, yerba mate y tabaco. En otras provincias, como en Jujuy, que tiene unos 130 o 140 productores, es muy importante.

–Es sorprendente.

–Bueno, ahora va a hacer diez años que me incorporé al INTA y el contacto con el interior fue fundamental. No sólo hemos logrado valorizar la floricultura sino también incorporar nuevas especies al cultivo comercial en Argentina, como es el caso de las orquídeas, o de flores de follaje tropical. Otro tema importante con el que hemos trabajado es el de las especies nativas con carácter ornamental: ya hay una especie que está en el mercado japonés y en el de Estados Unidos.

–No me imaginaba que la floricultura tuviera tanto peso.

–Y lo que podría llegar a tener... Tiene una potencialidad muy fuerte.

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