CIENCIA › MIGUEL BLESA, SOBRE LA CREACION DEL ENCUENTRO PERMANENTE DE ASOCIACIONES CIENTIFICAS (EPAC)

“Comenzar de cero no haría más que perjudicarnos”

El EPAC es una entidad que nuclea a treinta instituciones que representan, en conjunto, a más de 10 mil investigadores argentinos. Su principal promotor cuenta por qué es fundamental discutir el rumbo del desarrollo científico y tecnológico en un año electoral.

 Por Pablo Esteban

El Encuentro Permanente de Asociaciones Científicas (EPAC) surge como un espacio en que investigadores, tecnólogos, políticos, comunicadores y todos los miembros de la sociedad podrán discutir la orientación que tomará la ciencia en los próximos años. Hay una premisa que resulta ineludible y articula las aspiraciones de sus promotores: no se puede barajar y dar de nuevo. La ciencia no es una partida de naipes y los gobernantes no son jugadores que realizan trucos y artimañas para ganar una competencia.

La idea que guía la iniciativa es la necesidad de continuar con la ejecución de políticas públicas que complementen los logros alcanzados durante la administración de Cristina Fernández. Los promotores destacan que las instituciones en el sector se fortalecieron, los fondos disponibles aumentaron y la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva constituyó un hecho de singular importancia para la integración de las actividades productivas.

Miguel Angel Blesa es doctor en Química graduado en Universidad Nacional de La Plata y director del Doctorado en Ciencia y Tecnología (Mención Química) en la Universidad Nacional de San Martín. Y es el principal promotor de EPAC. Aquí, analiza el papel de los investigadores en el contexto nacional, al tiempo que explica por qué, a diferencia de lo que ocurría en décadas precedentes, en 2015 la ciencia se torna un asunto de disputa que requiere de la participación y el consenso de múltiples actores.

–¿Cómo surgió el EPAC?

–EPAC es una entidad que se constituyó este año y, en la actualidad, nuclea a treinta asociaciones científicas y cuenta con el apoyo de una gran cantidad de investigadores de Conicet y de prestigiosas instituciones como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). De manera que al ser una organización de gran dimensión, por supuesto, cuenta con una pluralidad de voces que robustece su postura.

–De modo que se trata de un espacio de convergencia plural. Eso es interesante...

–Sí, exacto. Sin embargo, y más allá de que los científicos agrupados tengan perspectivas políticas e ideológicas disímiles, todos tenemos el mismo objetivo. El espíritu de nuestra causa es que la ciencia avance, pero a partir de los logros alcanzados durante la última década. Comenzar de cero no haría más que perjudicarnos. Se trata de no destruir los espacios y los desarrollos conseguidos. Desde esta perspectiva, consideramos que las inversiones en el área resultan imprescindibles porque todos los problemas que enfrentarán los gobernantes en el siglo XXI deberán ser asumidos desde un enfoque que contemple a un campo cada vez más dinámico.

–Leí los nombres de las asociaciones que conforman EPAC y noté que participan instituciones que representan a las ciencias sociales. Eso no ocurría en el pasado.

–EPAC no sólo agrupa asociaciones identificadas con las ciencias duras, también incluye a las ciencias sociales. Implementar cualquier tipo de tecnología implica pensar en escenarios sociales y, en efecto, son temas que requieren saberes que provienen desde ese campo de conocimiento y desde ese agrupamiento de disciplinas y no desde otros. La economía, la antropología, la sociología y la comunicación juegan un rol fundamental. En este momento, ya no es posible diferenciarlas y apartarlas. Pienso que cualquier proyecto científico de envergadura las debe considerar.

–¿Por qué cree que en 2015 se discute con mayor vigor sobre el rumbo que debe tomar la ciencia y su inclusión en las agendas políticas de los partidos?

–En mi opinión, este asunto guarda relación con el contexto social. Estamos en el siglo XXI y todos los espacios políticos, finalmente, reconocen que no pueden relegar a la ciencia de sus agendas. En este marco, recuerdo una frase que Daniel Scioli mencionó en una entrevista radial y que me resultó muy acertada: “Mi adversario es el cambio climático”. Esto representa un excelente ejemplo del tipo de temáticas con las que van a tener que lidiar nuestros futuros representantes. Junto a la problemática creciente del cambio climático y el calentamiento global, por otra parte, existen temas de salud pública que deben ser atendidos a corto plazo. Por ejemplo, cada vez surgen más microorganismos que resisten a los antibióticos y deberán ser combatidos.

–No obstante, las problemáticas medioambientales y de salud pública siempre existieron. En tiempos precedentes, imagino que los temas de disputa habrán tenido a otros protagonistas y los conflictos habrán sido nominalizados bajo carátulas distintas. Desde aquí, ¿por qué en la actualidad se discute el protagonismo de la ciencia y en el pasado no tenía tanta visibilidad?

–Es probable que recién en este momento hayamos advertido que cualquier práctica productiva que Argentina realice requerirá, indefectiblemente, del desarrollo de innovaciones tecnológicas. Incluso la producción agropecuaria necesita de tecnologías; una actividad que hace tiempo ya no se vincula con una dimensión artesanal sino que adquirió matices industriales.

–¿A qué se refiere?

–Me refiero, por ejemplo, a la producción de semillas híbridas resistentes a las sequías o al glifosato. Todos los países de Latinoamérica deberán seguir esta línea en la medida en que su propósito sea tecnificar la región. Sin embargo, Argentina tiene una ventaja fundamental respecto de las naciones vecinas, pues cuenta con recursos humanos altamente capacitados para resolver todo tipo de problemáticas.

–Estoy de acuerdo con la gestación y la consolidación de un enfoque regional. Numerosos problemas exceden las fronteras y necesitan de políticas basadas en la cooperación internacional...

–Sí, la perspectiva regional es clave. El manejo de las cuencas hídricas, por ejemplo, es un asunto que no puede ser tratado por los municipios, ni por las provincias ni por las naciones, sino que debe abordarse a partir del trazado de áreas geográficas de incidencia. Por caso, la cuenca del Paraná necesita de la ejecución de políticas que involucren a nuestro país pero también a Brasil y a Paraguay. Del mismo modo, a los argentinos nos incumbe el futuro de la Amazonia. Si bien no forma parte de nuestro territorio nos afecta porque el cambio climático no es un problema que se pueda enfrentar de una manera recortada.

–En un documento de EPAC, ustedes advierten que observan un “desajuste entre los tiempos de innovación en ciencia y tecnología respecto de los tiempos políticos”. ¿Qué quieren señalar con esto?

–Lo puedo ilustrar con un ejemplo. Si quisiéramos sanear el río Reconquista, el plan de gestión llevaría, aproximadamente, de diez a quince años de ejecución y desarrollo. De este modo, el dinero que se invierte muestra su rédito en la siguiente década y, como todos sabemos, los tiempos electorales sólo abarcan cuatro años. A ese desfasaje nos referimos y, por eso apuntamos con tanto énfasis en no barajar y dar de nuevo. Continúe quien continúe es fundamental que no se pierda la idea de proyecto que se ha gestado con el último gobierno.

–En este marco, con una ciencia que avanza a paso firme en Argentina, ¿cuál cree que será el rol de los científicos?

–El rol del científico es asesorar a los políticos que, en definitiva, son los únicos que toman las decisiones por mandato del pueblo. La ciencia funciona como una herramienta más que ayuda en el proceso de toma de decisiones. Quiero aclarar que, desde mi punto de vista, la ciencia y la técnica no son la panacea universal. Más bien, son ingredientes imprescindibles pero no los únicos.

–El objetivo de EPAC es interpelar a los futuros gobernantes sobre las políticas públicas que implementarán en caso de acceder al gobierno. ¿Qué respuestas encontró al respecto? ¿Qué ideas tienen para gestionar el área?

–Recién estamos en la etapa de convocatoria. Realizaremos una reunión abierta de presentación el 10 de septiembre en la sede de la Academia de Medicina, donde se exhibirán posters y se realizarán tres conferencias sobre temas científicotécnicos de alto impacto social. Allí también están invitados los equipos científicos de los candidatos a la presidencia. Sería importante que asista la mayor cantidad de voces posible.

–Por último, desde la perspectiva de EPAC, ¿qué temas son relevantes y considera que los políticos deberían tener en cuenta una vez que accedan al gobierno?

–Nos interesa que nuestros futuros gobernantes no desatiendan la prevención y las estrategias de mitigación de desastres naturales –incluyendo los matices del cambio climático–; las problemáticas vinculadas al desarrollo sustentable y al medioambiente, como puede ser la minería y sus efectos; los conflictos con la siembra directa y la aplicación del glifosato; las inundaciones en la pampa húmeda y las sequías en el norte del país, etc. Además, intentaremos interpelar a los principales candidatos respecto a cómo estarán integrados sus equipos de ciencia y técnica, conocer qué aspectos modificarán del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Argentina Innovadora 2020, cómo será el funcionamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y, finalmente, los mecanismos de participación de la sociedad civil en el área.

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