CONTRATAPA

La tierra de los panes y de las uvas

 Por Osvaldo Bayer

Todos tratan de hacer buena letra. Los peronistas sonríen y hacen genuflexiones al Fondo Monetario Internacional, y los radicales, antes de morir definitivamente, hasta tratan de quedar bien con Cuba después que con De la Rúa, en este aspecto, se callaron la boca. Otros, en cambio, se la ven venir. Hay que prepararse. ¡¡Vista a la derechaaa!! López Murphy nos da el ejemplo. Y otros, muy, muy disimulados, han comenzado a producirse ante el último bote en el temporal que, de pronto, puede aparecer en el horizonte. Es hasta de lujo la declaración del inesperado Hernán Patiño Meyer, nuevo embajador argentino en el Uruguay, con reflejos de estaño. Nadie le preguntó nada pero, por las dudas, produjo esta afilada y políticamente correctísima aseveración: “Tenemos Fuerzas Armadas respetuosas”, dijo. Nada menos. Más todavía, repite: “Tenemos Fuerzas Armadas respetuosas del sistema institucional, un orgullo para todos los argentinos”. Tiene razón, el señor embajador. Con oficiales formados a la vera de Suárez Mason, Camps, Benjamín Menéndez, Galtieri (¿le suena?) debemos estar orgullosos y, por qué no, hasta venerarlos. Por ejemplo, a ninguno de esos jóvenes oficiales se les ocurrió nunca preguntar por qué fue asesinado de esa manera salvaje y brutal el artista Oesterheld y sus cuatro hijas. No, nadie se preguntó. El actual general Brinzoni fue ciego, sordo y mudo, ante la matanza del Chaco, por más que estaba allí, apenas a tres kilómetros. Fuerzas Armadas respetuosas, dice nuestro embajador; “un orgullo para todos los argentinos”. Pero no se queda allí, el conceptuoso embajador, más, ya lo dice con todas las letras, alerta argentinos. El verdadero peligro no son las Fuerzas Armadas, no, son los eternos enemigos de la Patria. Oigámoslo textualmente: “Si algún riesgo tiene nuestra democracia es que haya quienes pretenden sacar ventaja en medio de la crisis que castiga a los más débiles: es mucho más grave y peligroso que la posibilidad afiebrada de un golpe de Estado”. Esta es la cosa. Este es el problema. Sí, sí, y la posible solución o tal vez la única solución, es por supuesto que nos salven nuestras límpidas Fuerzas Armadas.
Se repite la historia en todas sus mentiras. Es la misma serenata que cuando se produjo el golpe de Onganía: salieron personajones a decir que nuestras fuerzas sanmartinianas obedecían a la Constitución, antes. Y después, por supuesto, que las circunstancias de peligro en que se hallaba la Nación las obligaron al sacrificio de salir a la calle. Ya lo están diciendo el plomero independiente, el patrón de taxi, el techista cuentapropista: aquí tienen que volver los militares. Anécdotas argentinas.
Los que salen a la calle cantan “Que se vayan todos”, sí, pero que le vayan agregando: “primero los uniformados”. En 1983 tendría que haberse dispuesto la disolución de las Fuerzas Armadas, como se hizo con el ejército alemán en 1945. Y diez años después se creó uno con características totalmente diferentes a las que ayudaron al crimen más feroz de la humanidad. No, aquí se perdonó a todos y se ascendió a generales hasta a los que quemaron libros. Ahora, los alcahuetes de siempre las llaman “Fuerzas Armadas respetuosas”, justo a los que tienen para toda la eternidad la desaparición en sus entrañas.
¡Qué destino diferente tuvieron las tierras y las aguas argentinas! El jueves, en un emotivo acto se recordaron los ciento veinte años de la fundación del club socialista alemán “Vorwärts” (Adelante). Llegaron perseguidos por la ley antisocialista de Bismarck. Fueron los primeros, en la Argentina, en convocar al acto del 1º de Mayo en honor de los trabajadores ahorcados en Chicago por pedir las ocho horas de trabajo. Fue aquel un acto magnífico en el que hablaron oradores en cuatro idiomas distintos: español, francés, italiano y alemán. La solidaridad estaba hecha a pesar de las diferentes lenguas. Los alemanes del club “Vorwärts”querían hacer de la Argentina un infinito jardín verde, el país de los panes y de las uvas, en libertad. Pero al mismo tiempo, a través del general Riccheri, llegó el militarismo alemán con sus máusers, sus cañones Krupp y su servicio militar obligatorio. Fuerzas que sirvieron principalmente para la represión del movimiento obrero. El mariscal alemán Von der Goltz de visita en Buenos Aires, en 1910, describe admirado el “militarismo” argentino, en la fiesta del centenario: “Todos los festejos argentinos –dice– tuvieron un carácter serio y solemne. El poder armado ocupó un papel protagónico con sus formaciones y guardias de honor, sus escoltas, bandas de música, etc. Batallones de escolares desfilaban por las calles y daban expresión –y quisiera designarlo expresamente así– al militarismo que en la Argentina está muy latente ya que no se ha perdido la necesidad de fomentar y fortalecer el estilo militar, lo guerrero. Quiero decir aquí una palabra acerca de la educación militar de los soldados argentinos. Todo lo que sea marchas y desfiles es muy apreciado en Buenos Aires. Entre nosotros, los alemanes, se habla demasiado sobre lo severo de la instrucción militar; pues bien, antes de hablar tendrían que venir a la Argentina y ver cómo se los instruye a los soldados y se les hace ejercitar”. El mariscal alemán sigue luego hablando de la represión antiobrera, en la que interviene el Ejército. Dice, por ejemplo: “Se habló mucho de una huelga general en Buenos Aires que iba a comenzar en los tranvías. Pero antes que se comenzara ya iban apostados soldados atrás y delante de los vehículos, con fusil cargado y, de anteriores experiencias, se sabía demasiado bien que esos guardias no dudaban mucho en apretar el gatillo. Yo quisiera que nosotros los alemanes también imitáramos de vez en cuando algo de este vigor original y edificante y no tuviéramos siempre tantas contemplaciones”. Los socialistas del “Vorwärts” advirtieron a la opinión pública que, cuando las fábricas de armas Krupp y Mauser deseaban vender armas, se originaban siempre problemas fronterizos con Chile y de inmediato los dos ejércitos se rearmaban tirando al tacho de basura los ideales bolivarianos de la unidad latinoamericana.
Mientras tanto los gobiernos argentinos utilizaron a ese ejército para reprimir brutalmente las huelgas obreras. Fueron viles asesinatos en masa: la “Semana Trágica”, en 1919; “La Patagonia Rebelde”, en 1921 y “la Forestal” también en 1921.
Hay un documento increíble. En 1980, en plena dictadura de Videla, el representante de Krupp, en Buenos Aires, príncipe Von Lobkowitz, declarará a La Nación: “En Europa se tiene la falsa interpretación de que los gobiernos militares son dictaduras. No saben que aquí, en la Argentina, hay hombres, los militares, que son gobierno, que aman a su patria y por eso la han protegido de que caiga en manos marxistas. En la Argentina eran 25 millones de habitantes contra diez mil. Creo que cuando es necesario defender a una sociedad de 25 millones de seres sanos contra diez mil, que desaparezcan los diez mil”. El representante de Krupp estaba por la desaparición de personas.
Los trabajadores alemanes que llegaron a la Argentina hace 120 años no pudieron cumplir con su sueño de hacer de la Argentina el país de los panes y de las uvas. Pero las fábricas Krupp y Mauser lograron un Ejército nacional que sólo sirvió para reprimir al pueblo. Hoy, cuando se entra desde Ezeiza, lo hacemos por la autopista Riccheri, el artífice de la militarización en la Argentina. Allí, a pocos metros están las villas miseria. ¿Cuándo lograremos los argentinos que la autopista Riccheri pase a llamarse “La avenida de los panes y de las uvas”?

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