CULTURA

“Me siento un aprendiz inconcluso, algo próximo a la órbita borgeana”

Así se definió el poeta chileno Gonzalo Rojas, que fue anunciado ganador del Premio Cervantes, el Nobel de las letras hispanas.

“Vallejo me dio el despojo y, desde ahí, el descubrimiento del tono. Huidobro, acaso el desenfado. Neruda, cierto ritmo respiratorio, que él a su vez aprendió en Whitman y en Baudelaire. Pero yo gané el mío desde la asfixia. ¿Y Borges? El rigor, l’ostinato rigore que dijo Leonardo. Y el desvelo. (...) Personalmente me reconozco uno de esos aprendices inconclusos, próximo a la órbita borgeana en una especie de metamorfosis de lo mismo.” El escritor Gonzalo Rojas definió cierta vez con esas palabras el sentimiento de pertenencia a un linaje de escritores y poetas que lo acompaña desde que tiene memoria. Digno hijo de una tierra de poetas, este chileno de 85 años reconocido como el mayor poeta vivo de su país y uno de los más importantes de la lengua española recibió ayer el Premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras hispanas.
“Estoy sorprendido, porque creo que otros colegas, como por ejemplo el gran Nicanor Parra, lo merecían más que yo. Pero me siento absolutamente honrado. Recibir un premio con ese nombre, habiendo tenido a Cervantes en el seso desde niño, es lo más extraordinario que le puede ocurrir a alguien que escribe”, declaró el autor de La miseria del hombre, Contra la muerte, Río turbio y Oscuro, visiblemente emocionado, a poco de haber recibido la noticia de boca de la ministra de Educación, Cultura y Deportes de España, Pilar de Castillo. “Cervantes anda en la cabeza de todos los locos de este mundo”, dijo el escritor.
El premio, dotado con 90.152 euros (el equivalente a 110 mil dólares) e instituido en 1975 por el Ministerio de Cultura de España “por el valor conjunto de una obra”, le será entregado por el rey Juan Carlos el próximo 23 de abril, fecha en que se conmemora un nuevo aniversario de la muerte del autor de El Quijote, en una ceremonia a realizarse en la Universidad de Alcalá de Henares. Alejo Carpentier (1977), Jorge Luis Borges (1979), Juan Carlos Onetti (1980), Octavio Paz (1981), Rafael Alberti (1983), Ernesto Sabato (1984), Carlos Fuentes (1987), Adolfo Bioy Casares (1990) y Mario Vargas Llosa (1994) son algunos de los grandes hombres de letras que merecieron este reconocimiento en ediciones anteriores. Este año aparecían como los más firmes candidatos el peruano Alfredo Bryce Echenique, el uruguayo Mario Benedetti y el español Juan Marsé.
Rojas inició su carrera literaria en 1948, con la aparición de La miseria del hombre, y desde entonces no dejó de publicar. Durante las décadas de los 50 y los 60, y mientras seguía escribiendo a ritmo sostenido, ejerció la docencia en diversas universidades de su país y se ganó en poco tiempo el respeto y la admiración de sus colegas. El mexicano Carlos Fuentes y el chileno José Donoso, dos referentes claves del llamado boom latinoamericano, llegaron a decir que las clases y conferencias que dictaba por aquellos días en la Universidad de Concepción fueron una pieza imprescindible en la gestación del fenómeno que les deparó fama mundial.
La buena racha, que incluyó el nombramiento de consejero cultural en China por decisión del entonces presidente Salvador Allende, duró hasta que el golpe de Augusto Pinochet lo empujó al exilio: en un primer momento, el escritor se refugió en Alemania, luego en la antigua URSS y en Caracas, donde recaló en 1975, sin abandonar la idea de volver a su país.
El esperado regreso se concretó en 1979: desde entonces, Rojas vive en la localidad chilena de Chillán, a cuatrocientos kilómetros de la capital.
Dueño de una obra en la que las pasiones y el erotismo coquetean con la reflexión filosófica y un fino sentido del humor, el poeta confiesa que en todo este tiempo ha sido fiel a una máxima que dio sus frutos: no ceder “a las impaciencias de la escritura, ni a las que suele imponer el éxito”, que en su visión se contradicen con las necesidades de la creación. “He llegado sin prisa y apostando al crecimiento sostenido. Soy un galeote empedernido que aún no suelta los remos”, suele decir.

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Rojas tiene 85 años y vive a 400 kilómetros de Santiago.
 
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