EL PAíS › SOLA JURO PIDIENDO CAMBIOS ANTE EL DUHALDISMO MAS CERRIL

“Mi proyecto político es la gestión”

El gobernador asumió en un acto donde no faltaron ministros nacionales, ni Chiche, ni los centuriones duhaldistas bonaerenses. Solá hizo hincapié en cambiar la política y mejorar la gestión.

 Por Martín Piqué

Ya había leído casi todo su discurso, cuya versión impresa superaba las diez páginas, y no se había oído ningún aplauso. Tampoco gritos de aliento, o algún “¡Vamos Felipe!” perdido entre el murmullo. Nada de eso. Todo había sido silencio, hasta que Felipe Solá terminó de leer y se largó a improvisar sobre los objetivos de su gobierno. “Podemos cambiar la provincia de Buenos Aires y hacer de ésta un lugar más rico, más justo y más humano”, dijo entonces el gobernador. Recién en ese momento se escuchó el primer aplauso de la tarde, brindado por la Asamblea Legislativa que componían diputados y senadores bonaerenses. Muchos de ellos habían tenido responsabilidades en los gobiernos anteriores de la provincia, y de alguna manera formaban parte de lo que Solá proponía cambiar.
“Cambio es el nombre del futuro”, fue la frase que podría resumir el espíritu del discurso de Solá. Luego de jurar sobre la Biblia, con la banda ya puesta, que desempeñaría su cargo “con lealtad y honradez”, el gobernador recordó aquella frase de Néstor Kirchner para describir el objetivo de su gobierno. Como si fuera un eslogan, varias veces habló de cambiar, tanto al referirse a la actividad política como en la educación y en la justicia. La invocación al cambio parecía dirigida a sus compañeros del PJ bonaerense: “La política no es la sola obtención de resultados electorales ni el gobierno es la mera administración de las decisiones sobre su propio aparato”, aseguró Solá dirigiéndose a los legisladores.
Pero si de cambio hablaba su discurso, no se veían muchos cambios a su alrededor, donde se mostraban muchas caras repetidas de los últimos doce años, desde que Eduardo Duhalde asumió su primer gobierno en la provincia. A su izquierda estaba Osvaldo Mércuri, que lo saludó efusivamente cuando le tocó el turno, y a su derecha lo secundaban Graciela Giannettasio y Antonio Arcuri. El recinto de la Legislatura mostraba también a varios invitados especiales, como el vicepresidente Daniel Scioli, los ministros Ginés González García (Salud) y Carlos Tomada (Trabajo), más el senador Antonio Cafiero, sentados en primera fila. También estaban los intendentes Julio Alak (La Plata), Alberto Balestrini (La Matanza), Andrés Arregui (Moreno), Manuel Quindimil (Lanús), entre otros, y los funcionarios que eligió Solá para acompañarlo en su segundo período (ver aparte).
En el palco VIP del segundo piso –en un ejemplo del poder de los símbolos– se la podía ver a Chiche Duhalde acompañada por su amiga Graciela Camaño. Ausente Duhalde por su viaje a Medio Oriente, su esposa concentró buena parte de las miradas y de las cámaras. Mucho más ahora que se asumió como la candidata “natural” para suceder a Solá en el 2007, un proyecto que varios intendentes –léase Hugo Curto, Quindimil y otros– quieren reforzar postulándola como presidente del PJ bonaerense. Ayer, Chiche aplaudió el discurso de Solá y después se fue sin hablar con los periodistas. En su alocución, el gobernador había elogiado el Plan Más Vida y mencionado a “sus principales protagonistas: las manzaneras y comadres”, lo que podía interpretarse como un elogio lateral a Chiche.
Pero Solá también cuestionó el clientelismo (“verdadera tragedia cívica que no es hija de la asistencia social del Estado, sino de la desocupación como producto de un modelo”) y prometió que hacia el final de su mandato la provincia quedará en “otras condiciones”. Antes había cuestionado a Carlos Ruckauf, aunque sin nombrarlo, por renunciar a la gobernación en medio de la peor crisis de la historia. “Ya no seré el gobernador de la emergencia que recibió una brasa caliente”, había dicho. También criticó la gestión del ex ministro de Seguridad Juan José Alvarez. “Hemos aprendido con dolor que es lo que no funciona. Los pactos de impunidad, la falta de cooperación jurisdiccional e interjurisdiccional, es decir con el gobierno nacional, y la existencia de una policía sin órdenes claras”, aseveró. Previsiblemente, ni Ruckauf ni Alvarez estuvieron en la jura.
Al momento de los anuncios, Solá prometió que en el año 2004 reducirá el déficit de la provincia. “Pasó de 4400 millones de pesos en el 2001 a 600 millones en el 2003”, aseguró. También dijo que garantizará “la ayuda económica y alimentaria para todas las familias por debajo de la línea de la pobreza” y se propuso como meta “derrotar a la anemia” que provoca la desnutrición. Los cambios se extendían al área educativa (“Inclusión sin aprendizaje es un fracaso”) y al método de designación de jueces, “para sacarlo del espacio de componendas”. En ese punto, elogió el sistema de elección de ministros de la Corte y la autolimitación presidencial inauguradas por Kirchner. No por casualidad, nombró dos veces al Presidente mientras que a Duhalde lo recordó solo una vez. “Mi proyecto político es la gestión”, dijo. Esa frase resume el objetivo, que le permitiría construir su espacio propio sin confrontar anticipadamente con el duhaldismo.

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Felipe Solá reasumió rodeado por Osvaldo Mércuri, Graciela Giannettasio y Antonio Arcuri.
 
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