CULTURA › LA SUBSECRETARIA MAGDALENA FAILLACE DEFINE LOS ALCANCES DEL III CONGRESO DE LA LENGUA

“Hay que instalar la cultura como una política de Estado”

La funcionaria admite que el congreso de noviembre, planeado en conjunto con la Real Academia Española y el Instituto Cervantes, arrancó con complicaciones que de a poco se van superando. Su foco principal está puesto en destacar la lengua como “una herramienta de inclusión social”.

 Por Silvina Friera

“El congreso va a ser una fiesta, porque es el hecho cultural más importante de la comunidad argentina y de toda Iberoamérica. Basta de considerarlo como un trauma. Esta semana siento que largamos”, dice la subsecretaria de Cultura de la Nación, Magdalena Faillace. La fiesta es nada menos que el III Congreso Internacional de la Lengua Española, que se realizará en Rosario entre el 17 y 20 de noviembre, bajo el lema “Identidad lingüística y globalización”. Además de la presencia del presidente Néstor Kir-
chner, los reyes españoles y ocho jefes de Estados latinoamericanos, la apertura del foro, que reunirá a toda la comunidad hispanoparlante, estará a cargo de los escritores Héctor Tizón, Carlos Fuentes y Francisco Ayala, mientras que el cierre le corresponderá a uno de los escritores vivos más importantes del país, el santafesino Juan José Saer. “La lengua es un hecho social y político”, subraya Faillace, dos aspectos que explicará detalladamente durante la entrevista con Página/12. Aunque los organizadores del encuentro son la Real Academia Española (RAE) –que subvencionará al 60 por ciento de los invitados– y el Instituto Cervantes (IC) –que aportará aproximadamente 1,7 millones de euros–, también participan en el diseño de los contenidos, las invitaciones y el financiamiento la Secretaría de Cultura de la Nación, el gobierno de Santa Fe y el municipio de Rosario (ver recuadro).
Circulan muchos nombres (pesos pesado de la literatura como Juan Goytisolo, Juan Gelman, Arturo Pérez Reverte, Isabel Allende, Guillermo Cabrera Infante, Mario Benedetti, José Saramago, Alvaro Mutis y Mario Vargas Llosa, entre otros), pero, hasta el momento, los escritores confirmados son los que realizarán la apertura y cierre del foro más importante del mundo hispanoparlante, que en las dos ediciones anteriores tuvo sede en Zacatecas (México) y Valladolid (España). La novedad del III Congreso es el homenaje a los escritores que recibieron el Premio Cervantes. En esta oportunidad, el agasajado será Ernesto Sabato, que obtuvo este importante galardón literario en 1984. Mañana a las 18.30, en el salón gris del Senado de la Nación, se presentará el logo del congreso, que se hizo mediante un concurso por invitación, con cinco jurados de prestigio. “Le pedimos al gobierno de Rosario que sugiriera tres diseñadores, al gobierno de Santa Fe, otros tres. Los tres restantes los propuso la Secretaría de Cultura de la Nación”, cuenta Faillace, quien confirma que Telefé se encargará de la transmisión del encuentro. Entre las cuestiones encaminadas, a principios de marzo estará en funcionamiento el sitio web cuya dirección provisoria es www.congresolengua3.gov.ar
–¿Por qué hubo tantos inconvenientes en la organización?
–Estuvimos un poco trabados, desde el mes de diciembre hasta fines de enero, porque esperábamos los contenidos y los nombres de los panelistas y conferencistas que la Real Academia Española y el Instituto Cervantes proponían. Este es un congreso que organiza la Real Academia con todas las academias de la lengua española. Ellos también tienen sus pujas; todos los grupos humanos tienen sus internas. Estos congresos nos llegan enlatados, porque ellos tienen un esquema de funcionamiento que ya probaron en los anteriores encuentros en Zacatecas y en Valladolid. En principio pareció un dolor de cabeza, es cierto. Tenemos cien temas en la subsecretaría y nos cae, encima, la organización del congreso, lo que origina que debamos funcionar como una Secretaría de Cultura paralela. El congreso es una política del Estado español que apunta a consolidar y fortalecer la lengua en toda la comunidad hispanoparlante, y por eso despertó mucho interés. Pero nosotros queremos darle un sentido, que se note que se realiza en la Argentina y no en la Luna (risas).
–¿A qué atribuye el interés que está generando este encuentro?
–Porque tiene un contenido académico muy elevado, con participantes de nivel y escritores de mucha trayectoria y renombre. Pero este congreso, además, tiene un contenido político importante. Es una política de Estado de España insertar la lengua, como también lo intentan los franceses y los italianos en su política de cooperación cultural con Argentina. Lo que generó debates interesantes en el comité, porque no todos pensamos igual.
–¿Cuál es la postura de la Secretaría de Cultura en torno de esta política de inserción de la lengua?
–En un país con el 50 por ciento de su población bajo la línea de pobreza, no es lo mismo el valor que tiene la lengua para nosotros que en España, Estados Unidos o en México, que también tiene situaciones de pobreza y de conflictividad social, pero los mexicanos poseen un arraigo mucho más profundo con lo hispánico, que no tenemos nosotros. Para el gobierno argentino, la lengua es mucho más que un instrumento de comunicación. No nos olvidemos que ya lo dijo Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua: “La lengua compañera del imperio”. Queremos que el congreso denote que la lengua es inclusión social, que un chico que no accede a la educación, que no aprende a escribir bien, que no se puede expresar, ni siquiera está en condiciones de obtener un trabajo, en un país en donde todavía los índices de desempleo son de dos dígitos. Esto no es un tema exclusivamente cultural, en el sentido de conocer la literatura española, valorizar el Quijote, El gaucho Martín Fierro o a nuestros autores, nuestra literatura. Es una cuestión de inserción social, que trasciende la barrera de la pobreza, porque la crisis educativa también afecta a la clase media. Los chicos tienen una lengua de cincuenta vocablos y no salen de ahí. Jergas adolescentes hubo siempre; pero acá el problema es cómo empobrecemos la lengua, que es un instrumento muy fuerte de poder y de inserción social, porque el que no puede comunicarse es un excluido. La lengua no es algo etéreo. Como señala Néstor García Canclini, los países no necesitan derribar una frontera para penetrarte culturalmente, porque la penetración cultural es un instrumento de dominación tan fuerte como los fusiles y, por supuesto, es lingüística.
–¿Esta visión, acaso menos académica y más política, generó encontronazos con la RAE, una estructura más conservadora?
–Las academias suelen ser estructuras muy conservadoras en todo el mundo y está bien que lo sean, porque hay otros organismos que son innovadores y se dedican a buscar un punto de equilibrio y transformación. La realidad es que nosotros peleamos muy bien en cuanto a los nombres de los argentinos que propusimos, como Angélica Gorodischer y Nicolás Rosa, pero también hay escritores y lingüistas de universidades del interior, porque no podemos ni debemos olvidarnos de que vivimos en un país federal. Buscamos desterrar esa idea de que Dios define desde Buenos Aires.
–Dentro de los debates sobre la identidad, ¿está prevista la cuestión indígena?
–Sí, fue una de nuestras grandes peleas. Nuestro país tiene un pecado histórico que es ese slogan “venimos de los barcos”. Espero que se le dé acta de defunción a partir de este encuentro. Los argentinos tenemos una identidad, que es desde ya también indígena. Sin embargo, al indígena lo metimos bajo la alfombra, bajo tierra, bajo emplazamientos nuevos porque nosotros éramos el país europeo de América latina. Y así nos fue, siempre mirando más allá del Atlántico. La guerra de Malvinas nos sacudió violentamente hacia América latina.
–Sin embargo, parece que ese proceso duró casi 20 años... ¿No habrá sido la crisis de 2001 la que provocó que el país se viera en el espejo de América latina?
–Creo que la guerra de Malvinas fue el primer golpe fuerte para los ciudadanos, a quienes les quedó claro dónde estaba el enemigo y quiénes eran nuestros aliados. Pero fue la crisis de 2001 la que nos hizo entenderque tenemos que ponernos de pie a partir del Mercosur y de América latina. Porque con esa crisis sentimos cómo América del Sur se quedó fuera del mapa visual de la geopolítica. El gran lema del congreso es la identidad lingüística y la globalización. Y, precisamente, es la globalización la que produce estos fenómenos de concentración, la que deja a América latina literalmente fuera del mapa. El gran punto de fuerza del país es nuestra cultura. Este congreso, sin dudas, va a poner a la Argentina en el foco del mundo, tiene que servir para instalar a la cultura como una política de Estado. La cultura en Argentina ha sido la Cenicienta de nuestros gabinetes nacionales. Y, como bien dijo Tito Cossa, sólo la tuvieron en cuenta los gobiernos militares, para perseguirla. La cultura es el ariete que tenemos para mostrar una fuerza y una identidad que nos permita posicionarnos política y económicamente.
–¿Esta actitud cultural está en consonancia con las políticas del gobierno argentino frente a la deuda?
–Sí, porque no se puede defender la moneda nacional, como lo está haciendo el Presidente, si no se plantea el tema de la deuda interna. Me enorgullece que por primera vez en la historia un Presidente diga que no va a mandar al pueblo al horno para pagar una deuda injusta, que empezó con la dictadura. Desgraciadamente tenemos que revertir 30 años de una historia negra, pero tenemos un Presidente que nos da esperanza. Este gobierno es respetado, incluso cuando da cachetazos, porque defiende nuestra soberanía. Y esto es, desde ya, una actitud cultural antes que económica.

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“El Congreso es el hecho cultural más importante de la comunidad argentina”, define Faillace.
 
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    “Hay que instalar la cultura como una política de Estado”
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