CULTURA › LLEGAN LAS OBRAS COMPLETAS DE JULIO CORTAZAR

Alguien que todavía anda por ahí

A veinte años de la muerte del autor de Rayuela, la editorial española Galaxia Gutenberg propone una revisión de toda su obra, que ordena material disperso e incluye numerosos textos inéditos.

 Por Silvina Friera

Era un hombre con rostro de niño o fue un niño desgarbado y, al principio, lampiño, que por caprichos genéticos insondables pegaba el estirón biológico, sin aceptar las leyes del mundo adulto, sin adulterarse. Aunque portó una tupida y desgreñada barba en los setenta, un “disfraz” implantado que no afectaba sus facciones de eterno púber, aunque creció, envejeció y murió hace 20 años, la chispa lúdico-humorística, que fue una constante en su narrativa, resucita al niño grande, siempre burlón y juguetón, que disfrutaba desbaratando y haciendo vacilar las pautas de comprensión del pensamiento lógico. La foto de Julio Cortázar, que ilustra el estuche de las Obras Completas, es de 1936, cuando tenía 24 años. Lo anómalo se plasma en las desproporciones y contrastes de ciertos detalles de esa imagen proyectada en la portada. El pelo, prolijamente estirado por la gomina, el cigarrillo entre los dedos larguísimos y el mentón de su cara apoyado sobre la corbata de moño no consiguen disimular su aspecto de adolescente que se mofa de la pose. En la introducción general, Saúl Yurkievich, íntimo amigo y albacea del escritor, a cargo de la dirección de este proyecto de edición, que Galaxia Gutenberg irá publicando en nueve volúmenes, señala que Cortázar “se proponía imaginariamente o sea literariamente sacarse el caparazón, salirse de la personalidad fijada por el hábito, de la vida cuadriculada por la costumbre social y mental”.
Acaba de llegar al país el primer tomo de las Obras Completas, dedicado a los cuentos, que recopila los escritos aparecidos en La otra orilla, Bestiario, Final del juego, Las armas secretas, Todos los fuegos el fuego, Octaedro, Alguien que anda por ahí, Queremos tanto a Glenda y Deshoras. Pero, además, se añade una novedad: el cuento inédito Bix Beiderbecke, encontrado entre los manuscritos legados por Cortázar. Este relato inconcluso lleva un título provisorio que no concuerda con el modo de titular característico del autor de Rayuela, según aclara Yurkievich. Considerado posterior a El perseguidor, con el que tiene evidente concomitancia, al estar protagonizado también por un músico de jazz, el cuento, asumido por una panameña que hace rato que vive con Bix, alude a Leon Bix Beiderbecke (1903-1931), un músico blanco de Chicago, autodidacta, que aprendió a tocar la corneta y el piano. Al igual que Charly Parker, su vida fue devorada por el alcohol y la música. Esta mítica figura del jazz apareció mencionada en el capítulo 10 de Rayuela y en Los autonautas de la cosmopista. “Dos muertos se batían fraternalmente, ovillándose y desentendiéndose. Bix y Eddie Lang (que se llamaba Salvatore Massaro) jugaban con la pelota I’m coming Virginia, y dónde estaría enterrado Bix, pensó Olivera, y dónde Eddie Lang, a cuántas millas una de otra sus dos nadas que en una noche futura de París, se batían guitarra contra corneta, gin contra mala suerte, el jazz.” Al escoger Layetles para su viaje por la autopista, el narrador advierte: “Menos mal que me acordé de elegir lo mejor de Bix y Trum, que suena tan nítido, tan recortadamente perfecto en las noches de los paraderos”.
A la introducción de Yurkievich, que reafirma el carácter integral de la literatura de Cortázar –por operar con todos los géneros, transgredirlos y extralimitarlos–, se suma el exhaustivo prólogo de Jaime Alazraki, que ensambla los vectores biográficos y narrativos por los que transitó el escritor en sus primeras ficciones publicadas en Bestiario (1951). Casa tomada y Lejana, acaso los más perfectos de sus relatos breves, despliegan el encanto y el asombro que sólo provoca un cuentista avezado y maduro.
Alazraki opina que los cuentos de Cortázar trascienden los límites de la lengua española y alcanzan una dimensión internacional. El primer tomo de las Obras Completas, que cuenta con la colaboración de Gladis Anchieri, excluye Historias de cronopios y de famas, Un tal Lucas, La vuelta al día en ochenta mundos y Ultimo round, libros que integrarán el quinto volumen,que agrupará la prosa varia cortazariana. El argumento, que utiliza Yurkievich para fundamentar esta exclusión, se corresponde con la visión que el escritor tenía respecto de estos géneros. “Para Cortázar el cuento no es prosa, posee otra estructura no discursiva, una propia pulsación interna, una estructura rítmica como la del jazz.” En el año Cortázar, en el que coinciden los 20 años de su muerte y los noventa de su nacimiento (en agosto), la publicación de esta obra, que nace con la intención de ser definitiva, ordenará por primera vez todo el material disperso del escritor y añadirá, en los próximos tomos, numerosos inéditos. En todos los registros de su escritura, en el anverso y reverso de sus narraciones magistrales, asoman los piolines de una literatura, que se mantiene en un equilibrio inestable sobre la cuerda floja de sus logros y sus quimeras.

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Cortázar en 1936, a los 24 años, en una foto poco conocida.
 
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