ESPECTáCULOS › LA SEPARACION DE LAS BANDANA, UN NEGOCIO MULTIMILLONARIO

La máquina de las estrellas fugaces

Llevan once Gran Rex y prometen más. Cómo es el negocio que anticipa lanzamientos solistas, un disco en vivo y un boom de merchandising y garantiza la conveniencia del modelo de éxito por “flashazos”.

 Por Julián Gorodischer

Tres años, tres discos, ¡millones! La fórmula ordena: plazo acotado para salir ganando con el modo efervescente. “Vas a ver que el año próximo se separa Mambrú”, dice uno que trabaja en BMG, la discográfica del batacazo. Con el final abrupto de Bandana se desata la fiebre consumista, y las fans las despiden gastando. Así hacen feliz a la maquinaria business: compran el merchandising, agotan recitales, van por más. Libro personalizado (¡sentite una bandana!), poster con tu foto entre Lissa y Lourdes, promo “Despedida” de dos discos por uno, promo “Despedida” de dos perfumes, álbumes, colonia, rímel, y hasta la remera que dice: “Hasta Siempre”, y es dos veces más cara que las simples. “Ultima oportunidad”, tientan en el Store junto al Gran Rex, y los vendedores ambulantes vocean la nostalgia: “Llevalas que se van”. “Saco mil pesos por día”, exagera Karina, cargada de largavistas, fotos personales separadas (anticipando carreras solistas), llaveros y pins, todo arriba de cinco pesos. “Crisis, ¿qué crisis?”, dice el mal pensado que releva las cifras del gasto colectivo: 32 mil entradas vendidas desde 15 a 40 pesos, once recitales que serán más y querrán batir un record. Un monto millonario (ver aparte) que confirma un culto novedoso: devoción por La Despedida.
El nuevo tiempo industrial las diseña fulminantes como la carrera de un tenista. Antes del ocaso, les congelan su estatuto estelar, para habilitar una rentrée que podría llegar a mediados de año con un Popstars 3 o un Operación Triunfo, el regreso. Quedan también unos cuantos lanzamientos: disco en vivo, libro de recuerdos, discos solistas seguros para Lourdes y Lissa y, dicen los que saben, un coletazo con la separación de los Mambrú (en 2005), otro disco “en vivo”, lanzamiento de Milton solista y vuelta a empezar, o terminar. “Con el formato del programa –asume José Luis Lombardo, gerente de Warner– nos ahorramos un montón de pasos: promocionar al artista, capacitarlo, difundirlo.” El batacazo del reality pop llega al principio y al final.
El modelo de flashazos –la última pegada de una industria en crisis– no tolera el desgaste, el lento y corrosivo pasaje al puesto 20 de los más vendidos. Siempre será mejor la pregunta que flota: ¿Por qué se separan? Habrá versiones de reclamo sindical (para estrellas rentadas, en el principio, por mil pesos) y hasta de desacuerdos musicales (de Lissa y Lourdes, en busca de “prestigio”). Que se diga cualquier cosa, pero que hablen. “El final es lógico y me parece acertadísimo de ambos lados”, dice Pablo Ramírez, ex jurado, manager y entrenador de Bandana. “Cada una de ellas tiene la ilusión de una carrera solista.” Lo que llegará: Lissa bailando hip hop y Lourdes en las bateas como DJ. Un destino más dudoso para Valeria y Virginia, de vocecitas débiles y agudas. Tal vez un disco de baladas para la colombiana Ivonne. “Cualquier productor se moriría por tener a Lissa en el catálogo”, dice Ramírez. Para foguearla, el recital de despedida le reserva muchos momentos a solas. Felices las empresas que las viven: Pepsi (el avisador), FM Hit, Radio Disney y el propio Gran Rex. ¡Oro en polvo!
Las letras pegadizas acompañan estados de ánimo. Si en 2002 se coreaba El sueño es posible, hoy las nenitas repiten: De acá no me voy, como guerreras pidiendo un hit más, o reclamando a las madres el gesto para un sacrificio: 16 pesos para el libro, o quince para la “promo despedida” de dos colonias por una. “Saliendo”, interrumpe el patovica, pero las nenas exigen el derecho a bis, y hasta se van enojadas. ¿Es lo mejor para un cierre? “Entendelo si querés como estrategia pedagógica –explica un productor-psicólogo–, no hay bis para que sepan que sus ídolos no vuelven.”
Irse con una ligera insatisfacción, terminar con el gustito a ocaso: ¿un último show como terapia para elaborar el luto? ¿Suena ridículo? Vean entonces el formato del recital de despedida, con sus coreografías desmotivadas, con las cinco como si fueran a desvanecerse, un laisser faire que incluye salidas abruptas de la escena, un vestuario simple, sin efectos especiales, y hasta varios momentos unplugged, en sillas de madera como si fuera una charla de contención. “Estamos junto a vos”, siempre con ese tufillo a puesta calculada desde el inicio, como si la despedida se hubiera pautado en el mismísimo casting de Popstars (que se ve en la pantalla gigante). “Gracias por el cariño a lo largo de nuestra vertiginosa e increíble carrera, hasta siempre”, se lee en el programa de mano, redactado con ese tono enfático que se hizo moneda de cambio en la tele de 2004. Ellas son proclives a ponerlo todo en palabras, remarcando su carácter de excepción para un “sueño argentino”, destacando su posibilidad de existir pero, también, su disolución rápida. ¿Sería verosímil un tránsito sostenido, un camino a largo plazo en la Argentina? Hasta el grupo del milagro económico, el de los 450 mil discos vendidos en tres años, el del Disco de Platino conseguido en un día llega a un fin absurdo e imprevisto. Siempre en riesgo, todo el tiempo al límite. “Hiperrealismo puro”, sentencia un crítico de música. “Es la metáfora más lograda del país.”

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En el Rex hay promociones de discos, libros, remeras “de despedida”, perfumes, rímel y sigue la lista.
 
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