CULTURA › CRECE LA POLEMICA POR LA RETROSPECTIVA
DE LEON FERRARI EN EL CENTRO CULTURAL RECOLETA

“Hagan algo por los muchachos del infierno”

El artista le respondió al cardenal Bergoglio, que habló de “blasfemia” y de “vergüenza”. Ferrari recibió muestras de solidaridad desde distintos ámbitos de la cultura.

 Por Mariano Blejman

Los monjes recoletos deben estar revolcándose en sus tumbas: “Hace cincuenta años que tengo ganas de generar una polémica con respecto a la Iglesia, pero lo único que recibí son insultos. En este momento gracias a Bergoglio, que Dios lo bendiga, me llaman de todas las radios y no paro de decir que no me gusta el Infierno, que quiero que lo apaguen y se encarguen de la pobre gente que están torturando ahí desde que llegó Jesucristo hace dos mil años”, dice, provocador, el artista León Ferrari de 84 años a Página/12, sobre la polémica generada sobre su muestra “Retrospectiva 1954-2004” de 400 obras, que se lleva a cabo en la sala Cronopios y J del Centro Cultural Recoleta, cerca de la iglesia del Pilar.
El martes se inauguró la muestra de medio siglo de trabajo de Ferrari; como algunas de sus obras usan iconos del cristianismo, la muestra tenía la siguiente aclaración en la entrada: “En esta exposición hay obras que pueden herir la sensibilidad religiosa o moral del visitante”. También se establecieron vallas en la entrada para prevenir altercados, que finalmente sucedieron de todos modos. Tal vez impresionados por los cristos en tostadoras hogareñas, o los maniquíes de Eva, o una Madonna masturbándose frente a una imagen de Cristo, o un Cristo apretado por una trampera, ayer el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, cardenal Jorge María Bergoglio, manifestó su “dolor” por lo que considera “una blasfemia” y dijo que iba a hacer una presentación en el Instituto Nacional contra la Discriminación. El escándalo comenzó cuando en la presentación uno de los “fieles” tiró al piso un frasco que contenía preservativos, con la imagen del Papa.
“Para trabajar sobre mis obras, me pasé leyendo libros de San Agustín y Santo Tomás. San Agustín razona sobre las posibilidades de que los espíritus puedan ser torturados”, dice el artista. El mismo Ferrari había intentado una presentación ante el Inadi en tiempos de Eugenio Zaffaroni, donde explicaba que agrupaciones judías habían presentado en Francia una lista de expresiones antisemitas en las anotaciones de la Biblia. “En ese entonces, ninguno me dio bola”, cuenta Ferrari. Ayer, Bergoglio recalcó “me apena que este evento sea realizado en un centro cultural que se sostiene con el dinero que el pueblo cristiano y personas de buena voluntad aportan con sus impuestos”. El Episcopado, que un día antes había presionado fuertemente para que el gobierno porteño levantara la muestra, aprovechó el evento para apuntar contra la cabeza del jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, y sus políticas de educación sexual en las escuelas.
Ferrari es considerado el máximo referente vivo del arte político argentino y su obra más conocida es La civilización occidental y cristiana, donde se ve a un Cristo montado sobre un avión de combate estadounidense; la obra había sido colgada en su momento en el Instituto Di Tella, y Romero Brest la hizo sacar por presión política. La expresa intención de Bergoglio es, según sus palabras, que la muestra se levante del prestigioso Recoleta dirigido por Nora Hoschbaum, con un argumento que roza el sectarismo. Ferrari ha trabajado provocadoramente con imágenes religiosas desde los años ‘60, con la intención de intervenir sobre la historia del arte. En la muestra hay, por ejemplo, dos grandes reproducciones del Juicio Final de Miguel Angel y Van Eyck, que si se miran de lejos parecen una cosa, pero de cerca se observan claramente “ofendidos” con excrementos de aves.
Conmovido, Ferrari recibió ayer un aluvión de cartas de solidaridad de distintos museos del mundo y organizaciones relacionadas con la cultura (ver recuadro). El autor se refirió a un aspecto “poco conocido de la Iglesia. El Vaticano tiene un catecismo oficial, yo tengo la edición del ‘98. En el 2000 le escribimos una carta al Papa, diciéndole que el catecismo del ‘98 está contra la tortura. Sin embargo, en su artículo 1035, la Iglesia habla del Infierno, de aquellos que descienden al fuegoeterno. Hay gente desde la época en que llegó Jesús, que sufre las penas del Infierno. ¿Por qué en vez de preocuparse por unos santitos, no hacen algo para sacar a esa gente de ahí? Hagan algo por los muchachos del Infierno”, dijo ayer Ferrari, minimizando el altercado de la presentación.
La Iglesia salió ayer a denostar la obra, que –como suele suceder– provocará el efecto inverso al deseado. “Desde hace algún tiempo se vienen dando en la ciudad algunas expresiones públicas de burla a las personas de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María; como diversas manifestaciones contra los valores religiosos y morales que profesamos”, agregó Bergoglio. Desde el martes, un grupo de feligreses, encendidos con la diatriba del párroco Rómulo Puiggari, de la colindante basílica del Pilar, se instaló a rezar en los pasillos de la obra y otros armaron carpas en las inmediaciones aguardando alguna clase de milagro que impida que la muestra siga en pie, como estaba planificado (ver recuadro).
El arzobispo de Buenos Aires hizo ayer una exhortación a los católicos porteños a que “frente a esta blasfemia que avergüenza a nuestra ciudad les pido que, todos unidos, hagamos un acto de reparación y petición de perdón”. Finalmente, convocó para el próximo 7 de diciembre, en vísperas de la festividad de la Inmaculada Concepción “a un día de ayuno y oración, un día de penitencia en el que, como comunidad católica, pidamos al Señor perdone nuestros pecados y los de la ciudad”. El término de “ciudad” se refiere claramente al apoyo que Gustavo López de la Secretaría de Cultura porteña, manifestó en la inauguración. “No apoyamos el pensamiento político, no nos expresamos a través de León. Pero nosotros apoyamos la libertad del arte. Cuando tomamos la decisión de que un artista por su trayectoria y envergadura tiene derecho a una retrospectiva, no censuramos su obra. Advertimos que hay una parte de la obra que es controvertida para que la gente reflexione antes de entrar”, dijo ayer López.

Producción: Karina Micheletto.

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La muestra, que recorre 50 años de trayectoria de Ferrari, fue “visitada” por personajes que expresaron su enojo.
 
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