CULTURA › LO NUEVO DE JUAN SASTURAIN

Una literatura con el alma de potrero

El escritor presentó, con metegol y todo, su nuevo libro con textos sobre fútbol.

 Por Karina Micheletto

En la patria futbolera, era lógico que el fútbol llegara también a la literatura. O, mejor, que aparecieran unidos naturalmente, desde un lugar necesario como el que promete el título del último libro de Juan Sasturain: Wing de metegol. La presentación del libro, antes de ayer en el Teatro del Pueblo, empezó y terminó, atinadamente, con desafíos de metegol. Entre partido y partido, presentaron el libro el autor, Roberto Fontanarrosa, Diego Bonadeo, Daniel “Mulato” Lagares y Juan José “Nene” Panno. De fondo, se escuchaban relatos de partidos transmitidos por Fioravanti, Víctor Hugo Morales y José María Muñoz y publicidades de distintas épocas, editados para la ocasión por el periodista Ariel Greco. La inesperada tabla actual de fin de campeonato obligó a una primera declaración de dignidad de Fontanarrosa: “En circunstancias como ésta la actitud de un hincha de Central tiene que ser aguantársela y dar la cara”, reflexionó el humorista. En una mesa con mayoría de hinchas de Boca, no hubo lugar para que nadie cargara a nadie. Sí para felicitar al autor por el libro o por haber alcanzado recientemente la categoría de abuelo y para descripciones como la de Lagares: “Sasturain es un tipo que fuma Particulares 30, que usa camisas de grafa y Topper violetas, que es capaz de llevarte a comer choripán a la Costanera y de entusiasmarse como un chico por cosas que a uno ya le producen fastidio, como el fútbol mismo. Y, sobre todo, es alguien que escribe desde la buena leche, que no tiene el puñal escondido detrás del teclado ni pretende sacar ventaja de nada. Y eso es algo poco frecuente hoy en día, en la literatura, en el periodismo y en el fútbol”. Siguió un blanqueo infrecuente en presentaciones de libros, a cargo de Fontanarrosa: “Yo no leí el libro. Ni siquiera la solapa. Ahora, más o menos, escuchando a los muchachos, veo que es sobre la vida deportiva. Es muy fácil venir a hacer el aguante al autor habiendo leído el libro, más cuando el público no lo leyó. Lo jugado es venir como vengo yo, y me congratulo de estar acá”.
Algunos de los textos de Wing de metegol, editado por Libros del Rescoldo, fueron publicados en Página/12 y en Página/30 entre 1997 y 2001. “Por entonces todavía Riquelme pisaba la Bombonera y el último Mundial había sido el de Francia. Acaso el libro debería haber salido antes, acaso De la Rúa podría haber terminado su mandato. En fin. Como decía El que te Dije: ‘No me hable de lo que hubo de haber habido’. Le tocó salir ahora, y acá está”, aclara Sasturain desde sus páginas.
No es la primera vez que Sasturain cruza el fútbol y la literatura. Ya lo hizo con El día del arquero, ilustrado por Fontanarrosa –otro acostumbrado a reflexionar sobre este deporte–, y con Argentina en los mundiales, junto a Daniel Arcucci. Para quienes echan mano del fútbol para nutrir sus conversaciones cotidianas, sus relaciones, sus dichas y desgracias y, en fin, sus vidas todas, un libro como Wing de metegol puede ser el abono necesario para la reflexión y el debate posterior –o simultáneo–, como lo son tantas notas y contratapas de Sasturain. Para quienes se acercan a estas artes un tanto más desapasionadamente, es una bella manera de aprehender asuntos como la diferencia entre jugar al fútbol y a la pelota, el rango de la gambeta y otras cuestiones fundamentales que sugieren los títulos de los ensayos de Sasturain: Resultadismo, etapa superior del capitalismo futbolero, Apuntes para una historia crítica del jugador importado, Dónde queda el mediocampo, Qué son los locales, De quién es la pelota, Dónde ponerse al equipo, A quién saluda la ola, Qué hacen los árbitros o Quién ganó.
Si acaso no bastara un libro sobre fútbol, hay que decir que éste también es un libro sobre Cortázar o Salinger, sobre Macedonio o Chandler o Chesterton, escrito por un habilidoso del tema. Por alguien que busca, simplemente, poner al fútbol en su lugar: “El comentario burlón y borgeano de describir al fútbol como el absurdo espectáculo de veintidós pelotudos corriendo detrás de una pelotita mientras otros miles o millones (de pelotudos) los miran es compartible en casi todos sus términos”, aclara Sasturain en su libro. “Una vez más el maestro del tanteo tiene razón. Cabe aclarar –eso sí– que cualquier otra actividad humana produce, si se la observa y describe con objetividad, la misma sensación de extrañeza y sinsentido.”

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