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Duhalde dejó la presidencia del PJ bonaerense y Solá no fue al acto

El ex gobernador dejó el partido en manos de Díaz Bancalari. El gobierno nacional mandó a Alberto y Aníbal Fernández y a Zannini. Una maniobra duhaldista hizo que el felipismo no fuera.

 Por Martín Piqué

En el escenario más afecto al peronismo bonaerense, la quinta de San Vicente donde Perón y Evita descansaban a fines de los ’40, ayer se vivió una experiencia inédita. Por primera vez en muchos años, desde que en la provincia se instaló la pax duhaldista, el PJ de la provincia de Buenos Aires comprobó en su propio seno el surgimiento de una nueva corriente interna. Paradójicamente, las diferencias salieron a la luz no por un debate abierto y desencajado –al estilo del último Congreso del PJ en Parque Norte–, sino por la ausencia de una de las partes: los hombres del gobernador Felipe Solá. La novedad coincidió con la asunción e inmediata renuncia de Eduardo Duhalde como presidente del partido y con la bendición de José María Díaz Bancalari como máxima autoridad partidaria. El Gobierno, en tanto, quiso dar una señal de acercamiento y envió al jefe de Gabinete, Alberto Fernández; al secretario legal y técnico, Carlos Zannini, y al ministro del Interior, Aníbal Fernández.
Diezmado por la lluvia, el acto no tuvo el fervor de otras épocas. Los antecedentes prometían un encuentro conflictivo, y así fue. Hasta último momento no se sabía si los “felipistas” asistirían o si, en cambio, pegarían el faltazo para mostrar su desagrado por el reparto de cargos, que los marginaba de lugares importantes. Finalmente, tras una reunión de último momento en la sede porteña del Banco Provincia, los dirigentes alineados con Solá –unos 12 congresales– decidieron no ir. Tampoco fue el gobernador, que pasó la tarde analizando inversiones con el ministro de Planificación, Julio De Vido.
Con la cancha a su disposición, los duhaldistas mostraron su eficacia para los acuerdos y para devolver los golpes: nombraron a la nueva conducción con Díaz Bancalari de presidente, Hugo Curto de vice y el intendente de Avellaneda, Baldomero “Cacho” Alvarez, como secretario general. Ese cargo, el más operativo, era el que el intendente de La Plata, Julio Alak, pretendía retener para sí. Alak forma parte de los “felipistas”. Su ausencia –junto con la de Solá y los intendentes Alberto Balestrini (La Matanza) y Raúl Othacehé (Merlo)– fue una de las más comentadas.
No llamó la atención, entonces, que Alak se quedara sin su cargo. Por si acaso, sus adversarios le reservaron la vicepresidencia segunda, que quedó vacante. Es un puesto sin ninguna utilidad específica. Para los “felipistas”, fue el tercer desplante consecutivo que recibieron de sus compañeros del partido. Los dos primeros habían sido la elección del intendente de Berazategui, Juan José Mu-
ssi, como primer consejero por la tercera sección electoral –ese lugar lo daba por descontado Balestrini– y la incorporación de los primeros consejeros suplentes como titulares, una maniobra que al duhaldismo le aseguraba una mayoría por goleada.
El gobernador Solá le quitó el cuerpo al acto pero envió una carta pletórica de elogios para con Duhalde. De él dijo: “Un público reconocimiento al compañero Eduardo Duhalde que nos da hoy un nuevo testimonio de la validez de los compromisos que asume y del cumplimiento de la palabra que empeña”. El texto, redactado para ser leído en el acto, fue ocultado por los duhaldistas, que no lo leyeron.
La jornada venía con espíritu confrontativo. Duhalde lo sabía y por eso recurrió a su habitual rol de “pacificador”: “Quiero darles un consejo: el PJ tiene la oportunidad de sacar el país adelante, no debemos caer en las trampas que nos tienden los adversarios políticos. Somos el partido del gobierno nacional y provincial, hay que brindar un apoyo contundente a Kirchner y Solá”, instó.
La orden de Duhalde fue retribuida por Alberto Fernández, quien lo ensalzó en nombre de Kirchner. “El Presidente nos pidió que vengamos a acompañar este momento importante en el que un entrañable amigo deja la presidencia del partido y también a acompañar este momento de un compañero entrañable de la Cámara de Diputados”, dijo el jefe de Gabinete. Lo flanqueaban Aníbal Fernández y el “Chino” Zannini, cuyas presencias fueron minuciosamente destacadas por los allegados a Díaz Bancalari. “Es una señal del Gobierno, que dejó a Felipe en off side. Felipe es Felipe”, aseguraban cerca del jefe de la bancada peronista.
Pero el acto podía interpretarse desde varios costados: por un lado, el Gobierno y Duhalde mostraron una intención clara de bajar el tono de los roces por la discusión de la negociación del canje de deuda externa. En materia provincial, no había señales de paz sino todo lo contrario. “No van a lograr plantar el divisionismo”, acusó Díaz Bancalari en una obvia referencia a Solá. Del otro lado, en la sede porteña del Banco Provincia, también respondían con munición gruesa. “Quieren heredar a Duhalde por el imperio de la prepotencia. Un grupo minoritario quiere resolver la suerte del peronismo sin discutir qué tipo de peronismo queremos”, retrucó el ministro de Gobierno bonaerense, Florencio Randazzo.

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Baldomero “Cacho” Alvarez, intendente de Avellaneda; Duhalde y Díaz Bancalari, en el acto.
 
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