DEPORTES › OPINIóN

Una vocinglería injustificada

 Por Pablo Vignone

Ni Vicente del Bosque habló tanto a tan pocos durante tan poco tiempo. Y eso que con dos títulos al hilo (el Mundial 2010 y la Eurocopa 2012, la del 2008 fue con Luis Aragonés al frente), el entrenador de España podría haberse arrogado algún mérito. Al menos, el de haber amalgamado a los futbolistas del Barça y del Real Madrid en una máquina perfecta de juego.

España jugó bastante menos partidos que cualquiera de los dos equipos españoles, y por eso a Del Bosque no le cabría, si tal cosa fuera sensata, el mote de “sacapuntos”, como el ya alejado Pep Guardiola o el polémico José Mourinho. Pero el término está asociado con cierta tónica minimalista del fútbol (el “sacapuntos” por oposición al que sugiere cómo producirlos a partir del juego) y ninguno de ellos practica una pretensión semejante.

Si así fuera, podría pensarse en Rodolfo Arruabarrena como el técnico más sacapuntos del medio local. Asomado al abismo de la posibilidad de la pérdida de la categoría, Tigre produjo 63 puntos a lo largo de la temporada, la tercera mayor recaudación detrás de Boca (76) y Vélez (64), pero fue una cosecha asociada al fútbol de mejor nivel visto en el último torneo Clausura.

O en el caso de Facundo Sava, el entrenador debutante al que llamaron de apuro en San Martín de San Juan cuando el equipo estaba en situación de descenso directo. Sin mucho misterio, con la idea de querer jugar siempre sin dobleces, con las carencias de un equipo chico y de provincia, sin voluntad de influir mediáticamente en los resultados, el equipo sanjuanino sumó 15 puntos de 24 posibles durante los ocho partidos del torneo en que lo dirigió Sava (cuatro triunfos, un empate, tres derrotas), una eficacia del 54 por ciento, y salió de la zona de descenso directo.

Se salvaba de todo si vencía a San Lorenzo en la última fecha, lo que por un rato pareció posible. No fue así, pero mantuvo la categoría gracias a la ventaja deportiva, luego de igualar dos partidos sin goles contra Central. En el balance, desde una óptica estrictamente resultadista, San Martín sacó el 50 por ciento de los puntos en disputa (15 sobre 30) bajo la conducción del novel entrenador.

Fueron conducciones relativamente exitosas, celebradas con el recato del bajo perfil. Por eso no se entiende tanto, no se justifica incluso, la voncinglería desbordada del entrenador de San Lorenzo, Ricardo Caruso Lombardi, en torno de su tarea de especialista en emergencias. Cuando el club de Boedo lo convocó, el equipo estaba en zona de Promoción y allí mismo, once partidos después, terminó el campeonato. No había conseguido ganarles a los rivales directos en la pelea por zafar (1-1 con Banfield, 1-1 con Olimpo, 1-3 con Tigre), salvo en el último encuentro del torneo. Por un rato, situación opuesta a la de San Martín, se iba al descenso; se salvó con la victoria sobre los sanjuaninos (con actuaciones decisivas del uruguayo Carlos Bueno, al que el entrenador no quería como titular, y de Leandro Romagnoli, al que no quería incluirlo desde el arranque), y completó la tarea venciendo a Instituto en Córdoba en el primer partido de la Promoción, el empate del domingo fue puramente académico. En ese período, San Lorenzo sumó cinco triunfos, seis empates y dos derrotas, con una cosecha del 54 por ciento... la misma que el debutante Sava durante la campaña.

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