ECONOMíA › LA EVOLUCIóN DE LA INVERSIóN EXTRANJERA DIRECTA (IED) EN EL PERíODO 2002-2007

¿Ayudan al desarrollo nacional?

La magnitud de la IED define en el discurso dominante si un país tiene mejor o peor perspectiva. La experiencia internacional muestra que otra es la historia. Lo relevante es fijar regulaciones y políticas selectivas para asegurar que esos flujos contribuyan al desarrollo.

Producción: Tomás Lukin.


Calidad y cantidad

Por Ariana Sacroisky *

Con el incremento en los flujos de IED, que acompañaron el fuerte crecimiento de la economía y la consecuente multiplicación de oportunidades de negocios, ha resurgido tímidamente la discusión acerca de la necesidad o no de alentar el ingreso de inversiones extranjeras, dada su potencial incidencia en el incremento de la oferta, la difusión de tecnologías y la capacitación de recursos humanos, entre otros. Efectivamente, los flujos superaron los 5000 millones de dólares anuales en 2004-2007, y en términos del PBI la IED representó en 2007 el 2,2 por ciento, participación incluso superior al promedio de 1992-1998.

Existen quienes manifiestan un excesivo optimismo respecto de los impactos de las empresas transnacionales (ET) en la economía local, e incluso ponderan el buen/mal rumbo de las políticas económicas en base a la magnitud de los flujos: mucha IED sugeriría que estamos haciendo las cosas bien, y poca, que vamos mal. La experiencia de la década previa ha mostrado que las políticas que procuran una maximización de los flujos, mediante la liberalización completa de la entrada de estos capitales, no son adecuadas para impulsar el desarrollo. Los flujos de IED no sólo generaron escasos efectos positivos, y dejaron como saldo la pérdida de importantes grados de libertad en la definición de las políticas nacionales, sino que en algunos casos los impactos fueron claramente negativos: no es necesario abundar en las consecuencias de la privatización de YPF, por ejemplo.

Un enfoque adecuado consistiría en procurar una mejora en la calidad de la IED, en lugar de hacer eje en la cantidad, implementando políticas de focalización tendientes a incrementar el aporte de las inversiones extranjeras en términos microeconómicos. Estas políticas deberían enmarcarse en una definición nacional acerca de los sectores, actividades, funciones y firmas en los que el aporte de las ET es considerado deseable.

Una estrategia de este tipo es necesaria por dos motivos. Por un lado, el elevado nivel de extranjerización de la economía obliga a reflexionar acerca de cómo mejorar la calidad de la participación de las ET ya instaladas en el país. Por el otro, la velocidad del cambio tecnológico actual, así como las escalas a las que se producen los bienes de mayor sofisticación tecnológica a nivel global, desaconsejan el pensar en un desarrollo íntegramente autónomo en estas actividades.

Como muestran Chang y Green (The Northern WTO Agenda on Investment: Do as we say, not as we did, 2003), cuando los países hoy desarrollados fueron receptores netos de IED, implementaron regulaciones y políticas selectivas para asegurar que los flujos contribuyeran a sus programas de desarrollo nacional: restringieron el ingreso de las inversiones no deseadas, o las sujetaron al cumplimiento de condiciones (asociación con firmas nacionales, techos a la participación extranjera y requisitos de desempeño).

Las políticas instrumentadas por estos países, y por aquellos que en la actualidad implementan medidas de este tipo (Singapur, Irlanda y Malasia, entre otros) difirieron entre sí, aunque todas han contado con un enfoque estratégico. La IED en determinados sectores fue incentivada en forma más activa que en otros. A su vez, los sectores escogidos fueron cambiando con el transcurso del tiempo (pasando de aquellos intensivos en trabajo a actividades de mayor sofisticación tecnológica), de acuerdo a los cambios que se iban produciendo en la estructura económica local y en las condiciones externas.

Estos países se fueron moviendo hacia políticas de liberalización de la IED a medida que se desarrollaban: cuando la industria doméstica iba alcanzando cierto nivel de complejidad y competitividad, y las “reglas del mercado” los ubicaban habitualmente en el lugar de ganadores. En consecuencia, la liberalización en los “casos exitosos” aparece como resultado, y no como causa, del desarrollo. Las lecciones para Argentina parecen surgir, entonces, con claridad.

* Investigadora del Cefid-Ar.


Ni mucho ni tan poco

Por Adrián Ramos *

En 2007 la inversión extranjera directa (IED) en América latina y el Caribe alcanzó niveles sin precedentes: 105.925 millones de dólares. A diferencia del máximo anterior en 1999 (de 89.000 millones), no estuvo vinculada al proceso de privatizaciones. América latina y el Caribe fue la región del mundo donde más aumentaron los flujos de IED en términos porcentuales (un 46 por ciento en comparación con un incremento mundial del 18). Ese aumento se registró sobre todo en América del Sur. El principal país receptor fue Brasil, seguido por México, Chile y Colombia. Sólo Brasil recibió 15.000 millones de dólares más (un incremento del 84 por ciento) de inversión en 2007 que en 2006.

¿En el marco de este record histórico para la región, qué sucedió con la Argentina?

En 2003, la IED registró la cifra más baja en una década. A partir de allí, los flujos se recuperaron, particularmente en relación al Producto. Así, en 2007, la economía argentina recibió 5720 millones de dólares de IED, un 14 por ciento mayor al año anterior y un nivel similar al promedio de la primera mitad de los noventa. Pero al considerar los países individualmente, el año pasado Colombia recibió una vez y media más que Argentina, Chile 2,5 veces más, México 4,0 y Brasil 6,0 veces más.

Esa situación reavivó un debate sobre el escaso dinamismo de los flujos hacia la Argentina. Algunos comentarios sobre la evolución de la IED en los últimos años:

- Los años noventa forjaron un cambio significativo en la participación de las empresas de capital extranjero en la economía argentina. El fuerte aumento del grado de extranjerización se reflejó en su participación en las ventas internas y en el comercio exterior.

- Una característica de la recuperación tras la crisis fue el aumento sostenido de la renta de estas empresas. Aunque generalizado, hubo dinámicas disímiles entre las productoras de bienes comerciables internacionalmente y las de no comerciables.

- Se redujo la importancia de la venta de paquetes accionarios. Sin embargo, las cifras registradas reflejan sólo una porción del movimiento ocurrido. Por un lado, las compras de residentes a no residentes (conocida como “argentinización”) restan en el total de transacciones netas. Por otro lado, no se registran las transferencias cuando las dos partes son extranjeras. Por último, en algunos casos los bajos precios tras la crisis afectaron el valor registrado. Así, las transferencias sin distinción del país de origen de las partes cuadruplicaron el valor registrado.

- Existe un creciente peso de Brasil, no sólo por su incidencia en los flujos totales, sino además porque los inversores brasileños adquirieron empresas líderes o jugadores importantes en varios sectores de actividad: frigoríficos, cerveza, cemento, petróleo, acero.

- En relación con nuevos proyectos, se destacaron tanto algunos en sectores “tradicionales” (agro, automotriz, hotelería) como “nuevos” (servicios transables, minería).

- No hay que confundir IED, una forma de financiamiento internacional del balance de pagos, con “inversión” en el sentido de acumulación de activos físicos. La IED es una fuente potencial de recursos para la inversión pero no se refiere necesariamente al aumento de la capacidad productiva, que es el concepto determinante para el crecimiento. En este sentido, la inversión tuvo una enérgica expansión en los últimos años.

- Aún no se estudiaron con profundidad las implicaciones en términos del crecimiento de largo plazo del nivel de extranjerización de la economía. Pero resulta innegable que estas empresas dominan en amplias áreas del entramado local y en buena medida van a determinar el desempeño futuro. Este elemento resulta un aspecto crucial para el despliegue de cualquier “estrategia de desarrollo”.

- La cuestión no parece ser la de esforzarse para atraer la mayor cantidad de capitales sino procurar inversiones de mayor calidad y reinversiones crecientes de ganancias en una economía con derrames escasos de la IED sobre el resto. La falta de protagonismo de la Argentina en el dinamismo actual de la IED en la región plantea interrogantes para los analistas, pero sobre todo para los funcionarios públicos.

* Economistas de la Cepal.

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