ECONOMíA › WALL STREET REACCIONO EN BAJA AL DISCURSO DE OBAMA

No me hablen de controles

Desconfianza de la Bolsa neoyorquina por Obama. El Citi se debate entre desmembrarse y una estatización.

 Por Cristian Carrillo

Los principales indicadores bursátiles del mundo no brindaron a Obama su mejor bienvenida. Las mayores plazas iniciaron sus operaciones desde temprano en baja y la caída se fue acentuando tras la asunción del flamante presidente estadounidense. Sus declaraciones en defensa de un mayor control sobre los mercados no fueron bien recibidas por los inversores, que todavía no logran digerir, desde el viernes último, el derrumbe de sus imperios financieros. “La crisis nos ha remarcado que, sin el ojo vigilante, el mercado puede perder el control”, afirmó Obama en su primer discurso como jefe de Estado. Más allá de los dichos de Obama, el catalizador del malhumor del mercado volvieron a ser los principales bancos del país. El Citigroup y el Bank of America estuvieron otra vez en el centro de la tormenta. El Citi, que supo ser el mayor holding bancario de Estados Unidos y un verdadero “supermercado financiero global”, estudia la manera más elegante de salir de la crisis sin presentar quiebra. Entre las posibilidades que se les presentan está la de dividir sus departamentos y vender su parte más rentable al Morgan Stanley e, incluso, la de una estatización de la entidad.

Fue el preludio de una relación que promete ser tensa entre el mercado y Obama. El flamante mandatario dejó entrever que sus esfuerzos harán foco sobre el sector real y no en continuar con la seguidilla de rescates bancarios que inició su antecesor. Afirmó que la ayuda deberá responder a una mejora de los indicadores sociales, como empleo, salud y seguridad previsional. “Donde la respuesta sea sí, iremos en esa dirección. Donde la respuesta sea no, los programas se terminarán”, dijo.

Desde que recrudeció la crisis financiera estadounidense, la posición de Obama y del Partido Demócrata estuvo más vinculada a un auxilio de la esfera real de la economía. A pesar de haber apoyado el megasalvavidas de 700.000 millones de dólares que aprobó el Capitolio en octubre último, criticaron la inacción para contener la pérdida de puestos de trabajo, que ya suma más de dos millones, los remates de viviendas y la pauperización de los fondos de retiro de la población. “Esos son los indicadores de la crisis”, afirmó ayer el mandatario. Esta posición implicó que se impusieran serios condicionamientos para los fondos que fueron librados a los principales bancos del sistema financiero estadounidense y que, de todos modos, no lograron revertir la frágil situación de esas entidades, y el mal uso de ese dinero.

“La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es muy grande o muy pequeño, sino si trabaja”, respondió Obama al viejo dilema de un Estado omnipresente o ausente. En los últimos meses los dominios del laissez faire requirieron de “billonarias” inyecciones de fondos para mantener parte del imperio funcionando, pero sólo logró comprar un poco de tiempo. “No es una cuestión acerca de si el mercado es una fuerza para el bien o para el mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad es intachable, pero la crisis nos ha remarcado que sin el ojo vigilante, el mercado puede perder el control, y así una Nación no puede prosperar en el largo plazo”, agregó Obama.

Sin embargo, el mercado es el que sigue creyéndose omnipresente y frente a cualquier atisbo de intervención responden con una ola masiva de venta de acciones. Wall Street profundizó la caída en la última mitad de la rueda y su principal indicador, el Dow Jones, se retrajo más de 4 por ciento. Del otro lado del Atlántico la atención se repartía entre el acto en Washington y las cifras del descalabro financiero del Viejo Continente. Las plazas europeas, que cerraron antes del juramento de Obama, cayeron en promedio un 2 por ciento.

De todos modos, esa declaración de amor-odio que pretendió mostrar Obama con el mercado no fue la única causante del desplome. Las dudas sobre la salud del sistema financiero internacional sumaron un nuevo capítulo de especulaciones, interrumpido anteayer ante el feriado por el Día de Martin Luther King. Las pérdidas del Citigroup encendieron esas luces de alerta.

El Citi había recibido un paquete de 25.000 millones de dólares a fines de noviembre. Luego el Fondo de Garantía de Depósitos, la Fed y el Tesoro comunicaron que iban a respaldar unos 306.000 millones de dólares en activos potencialmente “tóxicos” de su balance e inyectó 20.000 millones de dólares adicionales a los anteriores 25 mil. La administración Bush no podía darse el lujo de dejar caer al Citi como lo hizo con Lehman. El banco todavía en pie tiene activos por dos billones de dólares y operaciones en más de 100 países, incluyendo a la Argentina, por lo que el riesgo de no actuar era un costo que no iba a asumir.

De todas maneras, el rescate no alcanzó para sacarlo del pozo y el tercer mayor banco de Estados Unidos emitió un comunicado en el que admitía su intención de eliminar una tercera parte sus negocios y de dividir sus actividades para sobrevivir. El Morgan Stanley podría incluso quedarse con uno de los pocos departamentos rentables que aún tiene el Citi. Ahora se presume, según publica The New York Times, que el Citi podría ser incluso estatizado. “Nuestra economía está duramente debilitada, como consecuencia de la codicia e irresponsabilidad de parte de algunos, pero además de nuestro fracaso colectivo para tomar decisiones duras y para preparar a la Nación para una nueva era”, reconoció ayer Obama.

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El cambio de gobierno se les subió a la cabeza. Caída en Wall Street al comenzar la era Obama.
 
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