ECONOMíA › FRANCIA PROPONDRá UNA REFORMA MONETARIA INTEGRAL A LOS MINISTROS DEL G-20

El dólar, el yuan y la máquina de hacer billetes

 Por Raúl Dellatorre

A pocos días de la reunión de ministros de los miembros del Grupo de los 20, empiezan a perfilarse las principales estrategias defensivas que cada bloque de países intenta levantar para prevenirse de los riesgos de nuevos episodios de la crisis mundial. Amado Boudou visitó el último fin de semana a su par brasileño, Guido Mantega, en busca de una posición común para el encuentro convocado en París los días 18 y 19 (sábado y domingo que viene). Comparten dos preocupaciones: la amenaza de invasión comercial con productos a bajo costo por exceso de oferta en los mercados mundiales y la eventualidad de un ataque especulativo contra sus monedas (el real y el peso), que podría ser alentado y promovido por capitales financieros con menos oportunidades de rentas rápidas en el actual mercado mundial. En Europa los temores son otros, aunque vinculados con los anteriores. Francia propuso ayer una reforma en el sistema monetario mundial que dé por tierra con la supremacía absoluta del dólar y la reemplace por una canasta de monedas consensuada entre todas las potencias. Aunque difícilmente se llegue a acuerdos rápidos, la sola mención de estos planteos cambia el escenario de la discusión sobre la crisis mundial que, lejos de haber sido superada, sigue viva y amenazante.

Boudou se trajo de San Pablo el compromiso del gobierno de Brasil de defender de forma conjunta la estrategia comercial del Mercosur. Es decir, mantener la protección de las producciones locales y encender las alertas frente a una eventual invasión de productos a bajo costo. Un acuerdo en tal sentido requería, al mismo tiempo, diseñar la ingeniería que evitara afectar, al tiempo de aplicar dichos controles a la importación, el intercambio entre ambos países.

Este no será el único tema a tratar en la reunión de ministros en París, pero sí uno de los más trascendentes. El que le peleará cartel será la política monetaria mundial. A los países europeos también les preocupa el desplazamiento de sus productos en el mercado a manos de otros de distintos orígenes y más baratos. Sin embargo, la mira desde el Viejo Continente está puesta en el valor de las monedas. Consideran que la devaluación del dólar y del yuan chino contra el euro ha sido más perjudicial para el comercio europeo que posibles acciones de dumping de los exportadores (ventas por debajo del costo).

En la reunión del sábado, como titular y anfitriona de la reunión, Christine Lagarde, ministra de Finanzas de Francia, pedirá que el G-20 apoye “la transición hacia la internacionalización de nuevas monedas”. Es decir, “salir del no sistema monetario actual y avanzar hacia un sistema que esté basado en varias monedas internacionales”.

La posición, aunque suene audaz si se la interpretara como un desafío abierto a la hegemonía del dólar, no lo sería tanto. En principio cuenta con el respaldo absoluto del FMI, lo cual dice bastante. Además, a Estados Unidos no le disgustaría un esquema en el que se garantice cierto equilibrio entre las principales monedas del mundo, sobre todo si el acuerdo –tal como está planteado por Francia– también incluye al yuan chino. Si condiciona al dólar pero también condiciona a la moneda china, no es mal negocio para Obama.

Quienes tienen derecho a tener más desconfianza son las naciones en desarrollo, dado que “quedan afuera de la canasta” y de una especie de banca central multinacional que regularía el sistema. Para tener economías fuertes y estables, con defender el buen precio de las materias primas exportables no basta. Sobran los ejemplos históricos para demostrarlo.

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