ECONOMíA › REPORTAJE AL CANCILLER PERUANO RAFAEL RONCAGLIOLO, ANTE LA CUMBRE DE LIMA

“Queremos ser los mejores compañeros”

Rafael Roncagliolo, ministro de Relaciones Exteriores de Ollanta Humala, dijo a Página/12 que la reunión de ministros de Economía de Unasur, que comenzará hoy en Perú, puede ser útil para avanzar en la prevención frente a la crisis mundial.

 Por Martín Granovsky

Padre del escritor Santiago Roncagliolo, a los 66 años el sociólogo y periodista Rafael Roncagliolo recibió, dice él que sin esperarlo, el convite de Ollanta Humala para ser su ministro de Relaciones Exteriores. Roncagliolo se reivindica como un hombre de izquierda en un gobierno de concertación “comprometido con los de abajo”. Convencido del valor de Unasur como referencia clave, trabaja en medidas regionales coordinadas frente a la crisis de los Estados Unidos. El ministro está tan habituado al diálogo que hasta una parte de su biografía parece ayudarlo: es hincha de Centro Iqueño, un equipo de la tercera. Ni siquiera tiene con quién agarrarse los lunes.

–¿Cuál será su sello como canciller?

–Claro que hay matices, pero vamos a mantener las principales líneas históricas de la política exterior peruana. Perú tiene tradición protagónica en actividades multilaterales y hasta hubo una brillante generación de diplomáticos dedicados al multilateralismo en la Cancillería de mi país. El más conocido es Javier Pérez de Cuellar, que fue secretario general de la Organización de las Naciones Unidas. También puedo nombrar a Carlos García Bedoya. El multilateralismo peruano fue muy importante a comienzos de los años ’70, cuando Perú entabló relaciones con todos los países del mundo, incluidos los que en ese momento se llamaban países del socialismo real.

–En su mensaje ante el Congreso el presidente Humala dijo cuando asumió, el jueves 28, que Perú cumplirá con todos los pactos internacionales.

–Claro, y seguirá defendiendo sus fronteras de la misma forma en que lo viene haciendo. Por el derecho y la razón y no por la fuerza.

–Parece que me estuviera contestando por el diferendo marítimo con Chile.

–Es un ejemplo. La cuestión está en el Tribunal de La Haya.

–Mi pregunta apuntaba a que entre los pactos a respetar está, por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

–Respetaremos todos los pactos, como dijo el presidente. Al mismo tiempo, queremos ser parte del cambio que anima a América latina y en especial a Sudamérica. Perú integra ya la CAN, la Confederación Andina de Naciones. También la Unasur, la Unión Suramericana de Naciones. Les daremos una gran importancia a nuestra participación en Unasur, a sus debates y a su actividad institucional. La cumbre de Unasur en Lima fue la primera actividad del presidente después de la posesión del mando. Y el mismo día en que asumió.

–Usted habló de cambio en Sudamérica. ¿Cómo lo define?

–Como el fortalecimiento de un nacionalismo sudamericano al que queremos integrarnos sin que eso suponga dar la espalda al mundo. Estamos en la CAN hace 42 años. Unasur, que es la gran novedad, tiene una potencialidad enorme. Mire, no queremos tanto ser los primeros de la clase, sino los mejores compañeros. La unión hace la fuerza, ¿no? Lejos de ser una frase hecha, es un modo de expresar que así ganaremos capacidad de negociación internacional. Para nosotros, Unasur es un ámbito natural.

–¿Por qué?

–Geográficamente, Perú, igual que Brasil, está en el medio de la Sudamérica septentrional y a la vez de la meridional. Formamos parte de las dos. Somos una bisagra. En sentido de la latitud, permitimos a la región la conexión entre los dos océanos, el Atlántico desde Brasil y el Pacífico en Perú. Y desde el punto de vista de la formación histórica, somos el único país simultáneamente sanmartiniano y bolivariano. Aquí pelearon los dos libertadores, José de San Martín y Simón Bolívar. Cuando los Estados no existían, ambos luchaban con la misma concepción de patria.

–¿Y cómo hará el nuevo gobierno, con esa geografía y esa historia, para que el libre comercio con los Estados Unidos no traslade la crisis a Perú?

–Le repito que respetaremos todos los pactos internacionales, incluidos los tratados de libre comercio. Y le digo que el gobierno adoptará políticas concretas para que esos tratados hagan el mayor bien posible y el menor mal. La implementación de esas políticas corre por cuenta del Ministerio de Comercio Exterior. Y el Ministerio de Hacienda participará de la reunión citada por los presidentes de Unasur, que también decidieron invitar a México, para discutir la crisis internacional. Avancemos rápido. Analicemos qué puede pasar, porque el valor del dólar nos afecta a todos los sudamericanos. Unasur puede adelantarse y discutir medidas de prevención. Para nosotros el tema es tan importante que varios funcionarios empezamos a preparar el encuentro de Lima incluso antes de que se reuniera por primera vez el Consejo de Ministros.

–Perú tiene una fuerte tradición de haberse involucrado en el reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas. Incluso durante la guerra, el presidente Fernando Belaúnde Terry participó de un intento de salida diplomática que fue abortado por la Junta Militar y la decisión de Margaret Thatcher de hundir el crucero General Belgrano.

–La plataforma de Gana Perú, el partido del presidente Humala, expresa los principios que seguirá la política exterior, pero sólo menciona expresamente cuatro situaciones con nombre propio: el reconocimiento del Estado palestino, el tema del bloqueo a Cuba, la cuestión saharuí y la soberanía argentina sobre las Malvinas. Así que es obvio que vamos a apoyar a la Argentina. Y es obvio que yo estoy de acuerdo: voté por Humala en la primera y en la segunda vuelta.

–¿Por qué me lo aclara?

–(Sonríe.) Porque yo no formaba parte de los equipos de Gana Perú. Primero trabajé en Transparencia, una organización no gubernamental que entre otras funciones se dedicaba al monitoreo electoral, y después como director del Programa Perú en Idea, la sigla en inglés del Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral.

–¿No estaba en sus planes ser el canciller de Humala?

–Fui el primer sorprendido. Me enteré una semana antes de que se hiciera público y por supuesto que guardé el secreto.

–¿Por qué aceptó?

–Primero, porque la invitación era un gran honor. Y luego porque Humala se proponía como principios de gobierno el espíritu de concertación, la democracia, la inclusión y la recuperación de la honestidad. Estoy comprometido con los cuatro principios. En realidad en mi trabajo en Transparencia e Idea me dediqué a concertar.

–¿Por quién votó en las presidenciales del 2006?

–Por Humala. No le tenía miedo, porque quisieron demolerlo con fantasmas y yo no creo en los fantasmas. Soy un hombre de izquierda, lo cual no quiere decir que el gobierno de Humala sea de izquierda, porque como le dije es un gobierno de concertación. Y al ser de izquierda sí les tenía miedo a otros candidatos. ¿Sabe una cosa? Humala tiene la virtud de haber perdido una elección antes de ganar otra.

–¿Cuál sería la ventaja de perder?

–Que pudo reflexionar profundamente. Y lo hizo sin variar su compromiso con los de abajo, que es lo más importante. Ahora tiene una visión más realista y más viable de qué hacer en Perú. El compromiso más el realismo le garantizó el respaldo popular amplio que le permitió ganar las últimas elecciones. Su compromiso central es con los pobres y excluidos. Ya no es más el político novel que había dejado el Ejército un año antes de ser candidato.

–¿La concertación a la que usted alude es de partidos o es social?

–Si fuera sólo de partidos sería débil. Los partidos no son fuertes en el Perú. Es una concertación que se expresará, por ejemplo, en el Consejo Económico y Social, y por eso pudo reunir distintas trayectorias intelectuales y distintos sectores de la sociedad. Perú necesita de grandes concertaciones y de reglas de juego justas.

–Humala anunció que negociará con fuerza un nuevo régimen para que el Estado pueda quedarse con una parte de las ganancias extraordinarias de las mineras. ¿Cómo será?

–No es mi área, pero le diré que queremos preservar la importancia de las actividades extractivas y al mismo tiempo respetar el medio ambiente, las condiciones de vida de los pueblos donde están las minas y los derechos de los trabajadores. Este último objetivo es general. Buscaremos aumentar el empleo formal. Negociaremos para mantener las inversiones y mejorar el conjunto de condiciones que se derivan de las sobreganancias. Confío en que lo lograremos.

–¿Qué hizo usted antes de integrar organizaciones no gubernamentales?

–A los 15 años ya estaba en la Juventud Demócrata Cristiana.

–Eso fue en 1959.

–Sí. Y seguí la corriente de radicalización de buena parte de la juventud peruana. Recibí mucha influencia del Concilio Vaticano II, de los católicos de Freres du Monde y luego de la Teología de la Liberación. Participé de la fundación de Izquierda Unida. Soy parte de una generación latinoamericana y de sus sueños. Tratamos de construir el socialismo y fracasamos. Y desde la derrota, reflexionamos, como decía Juan Carlos Portantiero. Abandonamos las ilusiones de cambio por vía de la insurrección, de partidos centralizados, del autoritarismo. Sacamos la conclusión de que la democracia no debía ser una táctica. Era el único sistema legítimo y viable.

–¿Apoyó al general Juan Velasco Alvarado en 1968?

–Hay un dato gracioso que no se recuerda habitualmente. Lo apoyó el diario El Comercio. Mi grupo nunca dejó de discrepar con Velasco, pero apoyó medidas como la nacionalización del petróleo y la creación de Petroperú. Yo ya era profesor en la Escuela Superior de Guerra y en la Escuela Diplomática. Contribuí a la fundación del Partido Socialista Revolucionario, pero ya en 1976 planteé la necesidad de actuar por la vía democrática. Junto con el resto de la dirección, terminamos dejando el PSR porque en un momento nos pareció que la política efectiva no podía hacerse a través de pequeños partidos fragmentados. Por eso llegué a participar de Transparencia y del diálogo nacional por pedido del entonces presidente Alejandro Toledo.

–Había quedado atrás la dictadura de Alberto Fujimori.

–Sí, con la corrupción y las violaciones de los derechos humanos.

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