ECONOMíA › EN UNA ENTREVISTA CON PáGINA/12, ALDO FERRER HABLO DE DOLAR, DESARROLLO, RETENCIONES Y LA CRISIS EUROPEA

“Se observa el caso argentino Con interés”

El embajador argentino en Francia destaca que la recuperación argentina está capturando la atención porque en los últimos diez años ha sido la rebeldía de un país periférico a los criterios de los mercados, y con éxito. Destacó la capacidad de no depender del crédito internacional.

 Por Javier Lewkowicz

“Argentina no puede cambiar las reglas del sistema internacional. Podemos estar en el G-20 y dar opiniones, pero el sistema se establece en los grandes centros de poder mundial. Sin embargo, nosotros decidimos cómo estamos en el mundo. Y quedó demostrado que podemos estar de rodillas, subordinados al poder neoliberal, o podemos estar de pie, con un Estado responsable.” De visita en el país, Aldo Ferrer, embajador argentino en Francia, ex ministro de Economía durante parte de los gobiernos de facto de Levingston y Lanusse, y uno de los principales referentes del pensamiento económico nacional, mantuvo un extenso diálogo con Página/12. Analizó, desde las tensiones sobre el dólar y la estrategia de desarrollo a largo plazo, hasta la crisis europea y la política de retenciones.

–¿A qué responde la actual presión sobre el mercado cambiario?

–En primer lugar, es necesario aclarar que la situación macroeconómica es sólida. Hay equilibrio fiscal, de balanza de pagos y reservas en el Banco Central. Cualquiera sea el origen de estos episodios, no tienen capacidad de desestabilizar el sistema. Esto es importante remarcarlo, porque se oyen muchos argumentos que despiertan fantasmas del pasado, sobre la base de una memoria colectiva muy traumática. Creo que el actual es un fenómeno pasajero, el sistema está sólido y hay que fortalecerlo.

–¿El conflicto tiene una arista política?

–Hay una dimensión política, que es la resistencia al Estado nacional. La única respuesta es la solidez de la macro, la claridad de los objetivos y, desde luego, el respaldo popular. Están dadas todas las condiciones como para sostener la estabilidad y el crecimiento, pero eso hay que reforzarlo, porque lo que se ha logrado no es para siempre. Hemos vivido en la Argentina muchas experiencias de retroceso.

–Otro elemento que está en discusión es la política cambiaria.

–El tipo de cambio es una condición necesaria de la competitividad, que sumado a los elementos de la política tecnológica y de financiamiento, configura la capacidad del país de operar con equilibrio en sus pagos internacionales. Acá lo que está muy claro en el escenario internacional es que es indispensable tener superávit en la cuenta corriente y no depender del crédito internacional. Más allá del alboroto de los últimos días, hay un tema de competitividad que debe ser atendido. Para eso, más que discutir sobre el tipo de cambio nominal, lo que hay que ver son los indicadores relevantes: qué pasa con la balanza de pagos, qué pasa con la balanza comercial, en especial qué pasa con el comercio de manufacturas, atendiendo al contenido tecnológico de las que se importan y exportan. En virtud de esos indicadores de la economía real, hay que determinar la política cambiaria. Creo que el tipo de cambio tiene que ser un precio administrado. Un tipo de cambio sobrevaluado es fatal para la competitividad de la industria, para la estabilidad financiera, incluso acrecienta la transferencia de ganancias en moneda nacional al exterior. Un tipo de cambio competitivo, administrado, para atender las realidades de un país emergente en desarrollo, es fundamental. La paridad nominal creo que tiene que resultar del análisis objetivo de las variables reales de la economía. Afortunadamente no estamos en una situación en la cual las correcciones eventuales vayan a ser traumáticas, porque todavía el sistema está razonablemente ordenado. Las señales de la economía internacional son concluyentes. Las economías que entran en desequilibrios de pagos externos terminan atrapadas por la lógica del mercado, que es lo que está pasando en los países vulnerables de Europa, que además tienen problemas por las rigideces del sistema comunitario. Nuestra experiencia también es concluyente. Cuando entramos en un desequilibrio de pagos y aumento del endeudamiento, terminamos mal.

–Hay numerosos economistas, incluso algunos cercanos al Gobierno, que no verían mal suplir un eventual déficit de cuenta corriente con endeudamiento externo.

–Yo creo que sería una mala política. Pero además no tiene por qué ser así, porque Argentina tiene una alta tasa de ahorro, de casi el 30 por ciento del PIB, y nuestro problema es retener. Es decir, combatir un fenómeno arraigado en la experiencia, que frente a la incertidumbre interna o externa hay una tendencia a dolarizar activos. Y uno de los instrumentos es que las señales de la solidez macroeconómica son contundentes, es decir que el país está en equilibrio fiscal y en el sector externo. Nosotros estuvimos navegando contra la corriente neoliberal desde hace casi 10 años. Eso se revela en la opinión de los mercados, de las evaluadoras de riesgo, sobre la experiencia argentina. Hemos navegado contra la ortodoxia y nos fue bien. Incluso hoy en el escenario internacional se observa el caso argentino con interés, porque fue la rebeldía de un país periférico a los criterios de los mer-cados, que demostró no sólo ser políticamente viable, porque el esfuerzo no pudo ser bloqueado, sino que fue exitoso.

–¿En qué consistió ese acto de “rebeldía”?

–Yo resumiría todo lo vivido desde la salida de la crisis como la transición del Estado neoliberal, sujeto a los criterios de los mercados, al Estado nacional, capaz de administrar la realidad en el marco de la democracia para defender el interés de la sociedad. Este ha sido un cambio fundamental, que provoca reacciones políticas severas, porque hay intereses arraigados en las viejas estructuras, a las cuales les conviene el Estado neoliberal, el Estado incapaz de modificar la realidad.

–Más allá de la discusión sobre el nivel actual del tipo de cambio, ¿cómo analiza la tendencia a la apreciación derivada de un crecimiento de los precios internos superior a la depreciación nominal del peso?

–Hay señales que hay que atender, porque indican que puede haber una tendencia negativa que nos lleve al déficit externo y al endeudamiento. En cuanto a la inflación, creo que tenemos un aumento de precios mayor que el que conviene. Pero no es comparable a otras experiencias argentinas. En el siglo XX tuvimos el record mundial de inflación, por la extensión del período y la intensidad del problema. Este aumento no tiene nada que ver con aquellos, que eran fruto del desorden económico y político. Creo que hay una inflación inercial. Y la disputa por la distribución del ingreso se hace a partir de ese piso de expectativa. Siempre me pareció una buena idea la propuesta de tratar de concertar entre sindicatos, empresarios y el Estado algunos criterios que vayan desacelerando la inflación, que no tiene posibilidad de descalabro, pero que es una incomodidad. Entre otras cosas, complica el tema de la administración cambiaria. Hay condiciones políticas y económicas favorables para intentar un esfuerzo de ese tipo.

–Parece más fácil acordar salarios que precios, con el riesgo de caída en el salario real.

–Para eso está el control de precios, la supervisión de cadenas de valor, procurar asegurar la competencia y manejar las posiciones dominantes en los mercados. El Estado nacional debe usar esos instrumentos, que sólo tienen éxito si las condiciones macroeconómicas son sólidas.

–Muchas voces se alzan en este contexto de crecimiento de los precios de los commodities para reflotar la idea de un desarrollo económico vinculado al agro y las manufacturas derivadas, con incorporación de valor y desarrollo científico. Usted siempre tuvo una postura diferente.

–Yo estoy convencido de la economía industrial integrada y abierta. Es decir, un perfil industrial integrado que incorpore sectores de vanguardia portadores de la tecnología: la informática, la microelectrónica y la producción de maquinarias y equipos. La existencia de una estructura integrada es una condición necesaria del desarrollo científico y tecnológico. Hay que tener una especialización intraindustrial, tener esos sectores de vanguardia, aunque uno no haga todo lo que involucre. En la actualidad, los sectores impulsores son la biotecnología, la informática, la electrónica, los nuevos bienes de capital. El agro emplea un tercio de la fuerza de trabajo. Si no tenemos simultáneamente una gran base industrial de alcance federal, es muy difícil tener un proceso de desarrollo inclusivo con pleno empleo, crecimiento de salarios y de condiciones de vida. Cuando se hizo el debate de las retenciones, dije que se estaba discutiendo mal, porque se planteaba a las retenciones como un problema de distribución del ingreso y de absorción de renta excedente del campo, cuando en realidad se trata de la estructura productiva: cuál es el tipo de cambio que hace falta para ganar plata produciendo soja y cuál el que hace falta para ganar plata produciendo tractores.

–Después de la resolución 125 esa discusión quedó trunca, a pesar del movimiento en los precios internacionales y eventuales deslizamientos en el tipo de cambio, que mejoran las ganancias del agro.

–Hay que analizar los instrumentos conforme al interés nacional, discutir la rentabilidad de los sectores. Yo no trabajaría en ningún terreno con la idea de que hay imposibilidades, porque de esa manera funcionamos durante mucho tiempo: la imposibilidad de modificar el régimen del 1 a 1, imposibilidad de replantear el tema de la deuda o el sistema previsional. Una característica de la visión neoliberal es la imposibilidad, la impotencia. Creo que lo que ha pasado en el país en términos de progreso fue porque esa idea fue en buena medida erradicada.

–Quizá no una imposibilidad, pero de ese conflicto surgió una limitación política.

–Sí, pero creo que ha sido procesada. Ha habido un cambio muy fuerte y además la sociedad se expresó políticamente. Incluso en las zonas rurales el Gobierno hizo una buena elección. Yo creo que el país está maduro para medidas que de pronto parecen imposibles, desde la perspectiva de la impotencia y la subordinación.

–¿Qué medida de ese carácter le parece que sería interesante aplicar?

–Creo que las retenciones siguen siendo un tema importante. No hay que discutir el nivel de las retenciones, sino la consistencia del régimen con la rentabilidad de los sectores y la variación, los valores, de costos, los precios internacionales.

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Imagen: Leandro Teysseire
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