ECONOMíA › LA INSOLITA VERSION DE LA HISTORIA RECIENTE DEL EX MINISTRO DOMINGO CAVALLO

“La gente no me echó, me echó el FMI”

En un largo reportaje, el apasionado Cavallo defendió a capa y espada cada uno de sus actos y repartió palos en una suerte de revisionismo histórico. Su viejo aliado Duhalde aparece diabólico, Kirchner como un seducido, el Fondo como el enemigo que lo volteó, de la mano de los políticos...

 Por Marcelo Zlotogwiazda

El miércoles pasado a la mañana entrevisté a Domingo Cavallo en el programa de radio Aire Comprimido, y el por dos veces ex ministro no cesaba de descalificarme, aunque sin perder la compostura y en tono mucho más tranquilo que el de sus épocas más neuróticas.
–Cavallo, si usted piensa todo eso de mí, ¿para qué me atiende? ¿Para desenmascararme?
–Lo atiendo para que su audiencia sepa cómo usted actúa.
–¿No se da cuenta de que si usted me critica, gano puntos ante la audiencia?
–No me importa. Yo quiero decir lo que pienso en donde sea.
Después de ese diálogo temí que el reportaje pautado para esa misma noche en el programa Periodistas, de Plus Satelital, no se hiciera. Pero Cavallo no eludió su compromiso. Por el contrario, fiel a su palabra, fue a decir lo que pensaba. Lo que sigue es la parte más medulosa de la entretenidísima y por momentos desopilante entrevista que le hicimos con Ernesto Tenembaum.
E. T.: –Usted reapareció en el 2001 y generó esperanzas en mucha gente. Esa gente fue defraudada y dos años después reaparece y dice “yo soy una víctima”. Y además les dice que va a explicar cómo salvar al país. ¿No registró nada de lo que pasó? ¿Todo el mundo está loco o el que perdió noción de la realidad es usted?
–Ha habido una campaña para cargarme todas las responsabilidades, eso ustedes no lo pueden poner en duda. El mismo presidente Kirchner dice que los periodistas están aceitados. Quién puede aceitar el periodismo sino el poder de turno. Además, yo no creo que sea universal la opinión que usted dice. Usted exagera y cree que su verdad es la verdad universal, cosa típica de los que tienen posiciones dogmáticas. Pero por supuesto hay mucha gente que cree que yo soy el culpable de los males de la Argentina. Yo creo que están equivocados y pienso que tengo derecho a transmitir mi visión. Yo leí Enemigos (el libro de Tenembaum entrevistando al ex funcionario del FMI Claudio Loser). Ahí, Loser le presenta las cosas de manera totalmente diferente de como ocurrieron. Ahí me presentan como si hubiera sido el mejor alumno del FMI.
E. T.: –¡No es así! Loser dice que todo el tiempo se peleaban con usted porque no estaban de acuerdo con la convertibilidad. Que recién la aceptan cuando todos los demás países caen. El Fondo lo criticaba y a veces tenía razón.
–No, en absoluto. El Fondo está contento ahora. Y estuvo muy contento con Duhalde. La devaluación bestial que hubo en el 2002, que fue un verdadero ajuste recesivo, fue la receta tradicional del Fondo. A De la Rúa y a mí nos sacan del gobierno para implementar las recetas del Fondo. Todos los que han estudiado lo que el Fondo les recomendó a los países a lo largo de la historia tienen que darse cuenta de que lo que se aplicó acá es la misma receta recesiva y regresiva. Vuelvo porque quiero que los argentinos sepan que lo que pasó a fines del 2001 fue una decisión del FMI, que quiso castigar al país y a los argentinos. Nos transformaron en conejitos de Indias para demostrar a los que habían confiado en Argentina que habíamos sido imprudentes e indisciplinados y que merecíamos el castigo que significaron las medidas de Duhalde.
M. Z.: –¡El Fondo les prestó miles de millones de dólares en el megacanje!
–Ese era nuestro mérito.
M. Z.: –¿En qué quedamos: los apoyaban o no?
–Nos prestaban, pero no porque Loser o el staff del Fondo estaban de acuerdo con lo que se hacía sino por las presiones de Estados Unidos. Estados Unidos le torció permanentemente el brazo al Fondo. Estados Unidos nos ayudó. Los que no ayudaron fueron los del Fondo. Ustedes en la revista Veintitrés le hicieron un reportaje al ultraconservador Adam Meltzer, que venía diciendo que Argentina tenía que defaultear. Eso fue muy importante porque se ve que ellos no nos querían apoyar porque tenían miedo de que nosotros protegiéramos a los jubilados, a los trabajadores y a los ahorristas, y que no impusiéramos el terrible ajuste que ellos querían imponer. Y que impusieron cuando apuntalaron a Duhalde para que haga las barbaridades que hizo. Ustedes en esa revista cometieron el mismo error que mucha dirigencia: criticaron el ajuste, pero crearon el clima para un ajuste mucho más bestial. Acá se ve (muestra un gráfico) cómo fue evolucionando la jubilación. Bajó a fines del 2001 por el 13 por ciento. Pero mire cómo bajó con la devaluación. ¿Usted cree que la gente no se da cuenta?
E. T.: –Está mintiendo. No se puede hablar del 2002 sin tener en cuenta el 2001.
–Del 2002 para acá el impacto en los jubilados y en la gente en general de la inflación, provocada por la devaluación, es un ajuste diez veces mayor que cualquier ajuste que razonablemente se hubiera necesitado hacer. Que habría que haberlo hecho como lo hacíamos nosotros. Cuando uno tiene un problema económico tiene que ver cuál es la solución menos costosa. No hay soluciones mágicas. El ajuste bestial e inhumano que hizo Duhalde y que continúa haciendo Kirchner es innecesario, porque estamos generando superávit fiscal a un costo tremebundo, lo mire por donde lo mire, para pagar una deuda que no deberíamos pagar con estas condiciones; es absurdo lo que se está haciendo.
M. Z.: –¿Cómo habría que hacerlo?
–Habría que pagar mucho más lentamente la parte del capital. ¿Qué sentido tiene que le devolvamos al Fondo el capital, como lo estamos haciendo? Que le devolvamos los intereses es razonable. Pero el Fondo tendría que dar un plazo más largo.
M. Z.: –Parece que no está de acuerdo con la política de desendeudamiento.
–No estoy de acuerdo con la política de desendeudamiento con el Fondo, que son los que más obligación tienen de esperarnos a que estemos en condiciones de afrontar el pago de la deuda.
M. Z.: –Lo que dicen en el Gobierno es que para eso el Fondo impone condiciones recesivas.
–Es justo al revés. Cuando uno tiene que hacer el esfuerzo no sólo de pagar intereses, sino también el capital, eso es muy recesivo. Para eso tienen que mantener baja la inversión y el consumo. Ustedes dicen que el déficit cero era recesivo; imaginen cuánto más recesivo es el superávit.
E. T.: –En recesión, aplicar un ajuste es más recesivo. En recuperación, generar un superávit no siempre es recesivo. Sin estudiar Economía, a veces me da la impresión de que sé más que usted.
–¿Cuál es la alternativa? ¿Lo que hizo Duhalde?
E. T.: –Lo que hizo Fernando Henrique Cardoso: devaluar a tiempo.
–No había posibilidad de hacer eso.
E. T.: –Porque usted respondía a intereses que estaban en contra.
–En todos los países del mundo la devaluación perjudica a los nacionales del país, porque se devalúa su moneda.
M. Z.: –¿Mientras estuvo afuera, en la tranquilidad de Boston, nunca pensó que quizás usted se creyó omnipotente, con el poder de salvar a un barco que se venía a pique, y que se equivocó?
–Yo creí que teníamos mejor dirigencia en la Argentina y nunca pensé que Estados Unidos iba a dejar de presionar al FMI para que no hiciera con la Argentina lo que ya había hecho con tantos países. Siempre pensé que la dirigencia argentina tenía capacidad de unirse como lo hizo cuando nos aprobaron los poderes especiales y cuando todos apoyaron mi entrada algobierno, que la apoyó Duhalde, De la Rúa, Chacho Alvarez, Ruckauf y hasta Alfonsín. En ese momento una parte de la dirigencia argentina fue engañada o se equivocó por ignorancia y pensó como piensa usted: “Cómo vamos a hacer una ajuste del 13 por ciento en medio de la recesión”. La gente no es tonta, sabe que cuando los precios aumentan y el salario y la jubilación se mantienen en el mismo valor nominal, se está produciendo un ajuste muy superior a cualquier ajuste que puedan votar los legisladores.
M. Z.: –Usted dice que la gente no es tonta. La gente fue a pedir su renuncia a su casa y la gente tiene de usted muy mala imagen.
–A mí la gente no me echó. Me echaron el FMI, Duhalde y Alfonsín. La gente vino a mi casa porque los llamaban desde los programas de televisión. Los llevaron como corderitos y los engañaron.
M. Z.: –O sea que la gente es tonta.
–No, pero en todo el mundo a la gente se la engaña a través de los medios. ¿O acaso el 19 de diciembre no engañaron a la gente? ¿No la llevaron hasta mi casa con la excusa de que iban a eliminar el corralito? La gente estaba irritada por el corralito. Pero ¿qué hicieron después? Les pegaron un saque a los ahorros de la gente con la devaluación y la pesificación.
M. Z.: –¿Qué siente cuando Kirchner se refiere a usted y a los ’90 como el peor mal que tuvo el país?
–Me sorprende. Refleja una equivocación muy grande. Esa equivocación no la tenía Kirchner en el 2002, cuando hablábamos y él defendía la convertibilidad. En ese momento Kirchner entendía las cosas.
M. Z.: –¿Y antes?
–Siempre la entendió y me apoyó. Es más, me apoyó después de que Menem me renunció, aunque es obvio que yo también quería irme. Kirchner me apoyó mucho. También apoyó mi fórmula con Gustavo Beliz para la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. Incluso él tuvo la iniciativa de reunirnos a todos, cuando la fórmula presidencial era Duhalde-Ortega. Nos juntó en el restaurante que tenía Francis Mallmann y me propusieron que fuera candidato a vice de Duhalde. Yo les dije que esa fórmula obtenía muchos menos votos que Duhalde por un lado y Cavallo por el otro. Si nos juntábamos iba a ser en beneficio de De la Rúa. Hicieron una encuesta y daba que los que me votaban a mí no votarían una fórmula Duhalde-Cavallo. En la reunión estábamos los tres: yo, Duhalde y Kirchner. Después dicen que Alberto Fernández era cavallista. Mentira. Nunca fue cavallista. Cuando estaba en el equipo económico, yo ni lo conocía. Como candidato venía en representación de Kirchner, así como (Jorge) Argüello estaba en representación de Duhalde, porque ellos me estaban apoyando. Kirch-ner no estuvo equivocado hasta el año 2002. Para ser Presidente necesitó el apoyo de Duhalde. Ahora se quiere liberar de él y capturar el aparato en la provincia. Ojalá lo logre, pero es casi irrelevante, porque antes Duhalde lo capturó a Kirchner con la idea esotérica de pensar que la forma de ajustar es devaluar. Y ahora van a volver a devaluar porque cuando dicen que van a mantener el dólar real alto significa que cuando suban los salarios van a decir subieron los costos, y van a volver a devaluar para volver a quitarle a la gente poder adquisitivo.
E. T.: –En el 2001 salió todo mal. Fue un gobierno desastroso.
–No, no fue así. La gente recibió el golpe en el 2002. Porque la gente iba con la misma plata al supermercado y los precios se le duplicaron. En ese año se destruyeron las reglas de juego. Antes no hubo destrucción de la industria. Nunca se instalaron tantas fábricas de autos en Argentina como en los ’90.
M. Z.: –Si después de todas las oportunidades que tuvo, esta vez no consigue la cantidad de votos suficientes...
–Voy a perseverar. Soy un perseverante. Quiero ir al Congreso para luchar por la Argentina y por la gente. Si la gente cree que no va a ser así y no me da el voto, trataré de luchar por la Argentina y por la gente desde afuera del Congreso.
M. Z.: –¿Si la gente no lo vota es porque se equivoca?
–La gente toma las decisiones con la información que tiene. Y en el caso mío me quieren transformar en el chivo expiatorio.
E. T.: –No es el único.
–De De la Rúa dicen que en el 2001 ya no gobernaba, que no tenía poder. De la Rúa trató de hacer lo posible dentro de un régimen democrático. De la Rúa me respaldó para que llevara la ley del déficit cero y para que convenciera de que votaran el 13 por ciento de reducción del gasto público. Duhalde y los devaluomaníacos...
E. T.: –Duhalde fue aliado suyo de toda la vida.
–Sí. Hasta que lo convencieron de que la devaluación era la solución. Lo convenció el FMI, que toda la vida convenció sobre lo mismo.
E. T.: –La relación de Duhalde con el Fondo fue de conflicto.
–Está equivocado. Lo tenían a (Eduardo) Amadeo, trayendo información del Fondo a Duhalde. Y Duhalde creyó que estaba haciendo lo que el Fondo iba a aplaudir. Pero por supuesto que el Fondo no lo iba a aplaudir.
E. T.: –¿Alguna vez fue al psicólogo?
–Dicen que en Buenos Aires mucha gente va al psicólogo. Yo nunca he ido pero me gustaría ir.
E. T.: –Va a ser un laburo, pero le aseguro que le va a ir bárbaro.
–(Ríe.) Voy a aumentar la demanda efectiva del servicio de psicólogos. Nunca sentí la necesidad.
M. Z.: –Pero tomaba tranquilizantes, ¿o era una leyenda?
–Nunca tomé tranquilizantes. ¿Tan tranquilo me notaban que dicen que tomaba tranquilizantes? Alguna vez para dormir puede ser. Pero eso de que aparezco excitado y vehemente es una característica de mi personalidad.
M. Z.: –Y no de las peores.
–Volvamos a lo del 2002....
M. Z.: –Cavallo, usted es una persona muy inteligente; basta de contar la historia como si hubiera comenzado con la devaluación del 2002 y antes no hubiera pasado nada.
–Dice que soy inteligente, pero ustedes dan a entender que estoy loco.
M. Z.: –No son cosas excluyentes.
–No estoy para nada loco. Es lo que ustedes y muchos otros quieren hacerle creer a la gente.

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