ECONOMíA › LA DISPUTA DE VENEZUELA Y BRASIL POR LOS BIOCOMBUSTIBLES LE PONE SAL A LA CUMBRE

Dos en pugna y Argentina como enganche

Los tironeos entre Venezuela y Brasil tiñen el encuentro de 12 países que protagonizarán la Cumbre Energética Suramericana que empieza hoy. El proyecto de integración enfrenta, como escollo, las tentaciones que ofrecen los proyectos bilaterales de EE.UU. Argentina promete jugar el rol de equilibrador.

 Por Raúl Dellatorre

Desde Isla Margarita

Todos prometen una convivencia pacífica, un debate sereno y centrado en horizontes de largo plazo. Sin embargo, nadie desconoce que hay un trasfondo conflictivo y un clima de disputa latente. Así se viven en Isla Margarita, territorio insular venezolano, estas horas previas a la Primera Cumbre Energética Suramericana, que reunirá por primera vez a doce presidentes de la región para tratar puntualmente temas de la agenda de desarrollo energético del conjunto y las posibilidades de colaboración entre ellos. Los acuerdos para el desarrollo conjunto de biocombustibles entre Brasil y Estados Unidos se colaron en el debate, aunque se pretenda mantenerlo alejado de la agenda. Hasta el proyecto del Banco del Sur apareció imprevistamente en el escenario, como para mostrar que existen diferencias de fondo entre los supuestos socios regionales. América del Sur enfrenta el desafío de encontrar el camino de superar el atraso y la pobreza –como plantea el programa del encuentro–, superando sus limitaciones objetivas pero también sus contradicciones internas. Algunas veces, como se ve acá, alimentadas también por grandes operadores externos.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, reiteró ayer durante su alocución vespertina en el programa Aló Presidente, su conocida oposición a los planes de biocombustibles. Con Evo Morales sentado a su lado, Chávez le comentó en tono coloquial: “Fíjate la locura ésta de cortar árboles, destruir las plantaciones, el maíz, la caña, para producir combustibles”. Evo no podía más que asentir, mientras el anfitrión despotricaba contra una “locura” que comparte otro gran vecino: Lula da Silva. Después fue más preciso al describir que “éste es el proyecto de Estados Unidos, no el nuestro; busca atender su necesidad inmediata de combustibles, que a ellos se les agota. Es la misma razón que los lleva a invadir Irak, a amenazar a Irán y ahora quieren que América renuncie a sus alimentos para brindarles biocombustibles”. Hablándole otra vez a Evo, le dijo que con el petróleo de Venezuela y el gas con el que cuenta Bolivia y también su país, podría asegurarse el abastecimiento de Sudamérica y el Caribe “por lo que resta de este siglo, y pensar en qué energías alternativas podrían desarrollarse en favor de las futuras generaciones”, buscando en el camino la aplicación de distintas formas de ahorro de energía, como el uso de lámparas (“bombillos”) de bajo consumo. Materia en la cual Venezuela, con la colaboración de Cuba, sustituyó en forma gratuita 52 millones de unidades. La promesa de no crear un enfrentamiento entre Chávez y Lula en el seno del foro está presente. Pero el mandatario venezolano no se privó de fijar posición, en duros términos y en presencia de uno de los jefes de Estado, apenas horas antes de la llegada del resto de las delegaciones. ¿Qué posición adoptará Argentina ante un eventual, o latente, enfrentamiento entre dos posiciones irreconciliables? Públicamente, la delegación argentina reiterará que la alternativa del biodiesel no está afuera de la nueva matriz energética que busca el país. El ministro de Planificación, Julio De Vido, recordó ayer que el país promulgó una ley que plantea como meta reemplazar con biodiesel el 5 por ciento de la producción de combustibles en forma gradual. Previo a los encuentros de ministros previstos para hoy (de Energía por la mañana, de cancilleres por la tarde), De Vido mantendrá una reunión a solas con Rafael Ramírez, el influyente ministro de Energía y Minas y además presidente de Pdvsa. Un tema clave de esta conversación será una actualización de las posibilidades de conformar una organización de países productores y exportadores de gas del subcontinente. De esta conversación bilateral podía surgir una posible convocatoria pública a su conformación en el seno de este foro. Es difícil que Ramírez le pida, en esta charla, el compromiso argentino de apoyar la dura postura venezolana (que respalda Cuba) en materia de biocombustibles, pero está claro que la ausencia de un acuerdo pleno no les impide seguir avanzando en ambiciosos proyectos comunes.

Pero no fue ésta la única expresión que tuvo Argentina en la materia. Felisa Miceli, en un reciente encuentro con su par ecuatoriano Ricardo Patiño, también tocó el tema. De los varios encuentros que ambos compartieron durante sus recientes participaciones en la asamblea conjunta del Banco Mundial y el FMI, en Washington, Patiño le comentó el proyecto ecuatoriano de producir biocombustibles a partir de la palma africana, una planta tradicional de Ecuador. Miceli le advirtió entonces que no se trataba de renunciar a desarrollar tales alternativas, sino que la propuesta era hacerlo desde una postura de poner en discusión su conveniencia y alcances, cuestionando el proyecto de anexión y captura de materias primas que plantea Estados Unidos. “El desarrollo hay que hacerlo desde nuestra realidad regional, no desde las urgencias estadounidenses, y para nosotros el problema de los alimentos y el riesgo de que se eleven sus costos no nos es ajeno ni menor”, es la idea que le sugirió Miceli a Patiño, quien de inmediato la tomó como propia.

El papel que espera jugar Argentina en el probable conflicto por el etanol o biocombustible es, justamente, el de equilibrio, buscando una idea superadora a la opción “sí o no” a la bioenergía. Otro tanto intentará hacer en el tema Banco del Sur, buscando caminar entre las urgencias de uno (Venezuela, que lo querría ver funcionando ya) y la parsimonia de otros (Brasil, que plantearía un plazo de doce meses para reformular sus objetivos y diseño). Con el objetivo de que “los proyectos se concreten, y con todos”, hoy pondrá en juego esa ardua tarea.

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Entre Lula y Chávez, Kirchner buscará el equilibrio por el tironeo en torno de los biocombustibles que estará presente en la cumbre.
 
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