EL MUNDO › ENTREVISTA EXCLUSIVA CON ELADIO PéREZ, EL EX REHéN DE LAS FARC QUE PROMUEVE UNA SALIDA POLíTICA A LA CRISIS COLOMBIANA

“Argentina es un ejemplo útil para las Farc”

Después de pasarse cinco años encadenado a un árbol, Pérez salió convertido en una de las voces más relevantes del conflicto entre el gobierno y la guerrilla de su país. Dice que las Farc empezaron un proceso de transformación para insertarse en la vida política y que hoy más que nunca es posible la reconciliación.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

La Biblia y el Quijote de la Mancha como únicas lecturas y un sueño recurrente: durante los cinco años en que Eladio Pérez estuvo secuestrado por las FARC el senador colombiano liberado hace unas semanas soñaba con que, cuando recuperara la libertad, iría al sur de la Argentina. Eladio Pérez reconstruyó su vida sonando con lo que iba a hacer cuando estuviera libre. Ahora está cerca de realizarlo. En una semana Eladio Pérez estará en la Argentina. Eladio Pérez es la imagen misma de la entereza y la dignidad activa. Quienes imaginan un hombre cansado, triste, rencoroso, vengativo o dolido, se equivocan de realidad. Eladio Pérez es afable, ecuménico, lleno de energías y de humor. Los cinco años que pasó encadenado a un árbol no le han borrado la fuerza de sus apretones de manos francos, ni el deseo de bailar, ni la gracia para contar sus recuerdos pícaros de juventud, ni los recuerdos con su esposa, ni las ganas de realizar ese sueño de ir al sur de la Argentina, ni tampoco la decisión de curar sus heridas, de hacer desaparecer las cicatrices para jugar la carta de la reconciliación nacional. Pese a la muerte del número dos de las FARC, Raúl Reyes, y al estado denso del proceso, Eladio Pérez cree que, por encima de los actos de guerra, prevalece en una y otra parte la visión política de una solución. Eladio Pérez vino a París a presentar al presiente Sarkozy un esquema capaz de desbloquear la situación. El ex senador cree que todo es posible. Tiene un sustento grabado en la piel: salió vivo de la selva cuando muchos lo deban por muerto. Ahora pugna para que salgan los demás.

–Usted está hoy en libertad pero, con la muerte de Raúl Reyes, el contexto parece haber cambiado. ¿ Cuál es la visión estratégica que usted tiene hoy del conflicto?

–Hay voluntad política. Yo lo que veo es que en este momento hay voluntad política por parte de la guerrilla, hay voluntad política por parte del presidente Uribe, hay buena voluntad del presidente Sarkozy y del presidente Chávez para buscar una solución inmediata, ya, rápida, al tema de los secuestrados, y particularmente el de Ingrid Betancourt. Ella atraviesa por unos problemas de salud bastante difíciles y hay unos riesgos terribles de operativos militares. Cualquiera que sea el intento eso produciría la muerte de los secuestrados. Es esa voluntad política la que tenemos que canalizar.

–Sin embargo, el presidente Uribe ha perturbado de manera constante los procesos de negociación. Cada vez que hubo una apertura el gobierno colombiano se metió en ese hueco y complicó las cosas. ¿Usted tiene confianza?

–Sí, porque al final esas son acciones de guerra. Las FARC, por su parte, también han producido hechos que hubiesen podido generar unos traumatismos que impedirían pensar en unos procesos de acercamiento. Para las FARC también todo esto son hechos de guerra. La muerte de Reyes es un hecho de guerra. Las FARC solucionaron eso en 24 horas dándole acceso a Joaquín Gómez para que sea parte del Secretariado de las FARC y siga el devenir histórico de la guerrilla como tal. Lo interesante y rescatable es que, a pesar de todo lo ocurrido, la guerrilla continúa en su voluntad de avanzar políticamente. Y eso se debe al presidente Chávez y a la senadora Piedad Córdoba. Ellos han logrado que se produzca un cambio en la mentalidad de las FARC. Hoy, las FARC están pensando más políticamente de lo que venía sucediendo hace un tiempo atrás. Enhorabuena que las FARC entendieron todo esto como una acción de guerra y no se precipitó hacia los traumatismos de otras épocas.

–Usted estuvo cinco anos secuestrado por las FARC. ¿Durante su cautiverio, usted vivió esa transformación?

–Sin dudas. Además porque eso se reflejaba en una confrontación entre las dos alas o vertientes que existen en las FARC. El éxito de Marulanda como comandante ha sido ser como el fiel de la balanza entre el ala política y el ala militar. Y yo creo que hoy está ganando el ala política de las FARC. Eso es lo que yo sentí y eso es lo que se está reflejando. Si no sería así no habría ocurrido lo que pasó luego de la muerte de Reyes. Cuando murió Reyes, cuando pasó lo que sabemos con Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, cuando se iba a producir nuestra liberación y el gobierno sacó eso del famoso cerco humanitario por parte del ejército, una figura que nadie entiende en el derecho internacional, en fin, después de todo esto las FARC hubiesen podido reaccionar de manera distinta: suspender los operativos de liberación, o, en represalias a la muerte de Reyes, ajusticiar a algunos de los secuestrados, a Ingrid o a alguno de los norteamericanos. No. Nada de eso se produjo. Hoy, las FARC están pensando políticamente. Para mí eso es lo rescatable para que avance el proceso.

–Usted cree que piensan políticamente porque están derrotadas militarmente o porque hay estrategia de conquista a través de otro canal.

–Yo creo que se trata de una estrategia que los ha hecho pensar en que la exposición mediática que han tenido, motivada en el hecho de mantener cierto número de secuestrados políticos, ha llegado a su tope. Militarmente las FARC no están acabadas. Lo que pasó es que las FARC han tomado conciencia en dos aspectos: primero en que ya no existe el síndrome de la Unión Patriótica que en una época produjo el exterminio de la mayoría de sus dirigentes. Hoy en día, de cara al estatuto de Roma, a la Corte Penal Internacional, a las ONG, a la globalización de la política y a la presión internacional, sería imposible que un hecho tan lamentable en la historia colombiana se repitiera. En segundo lugar porque las FARC han entendido que ya tienen un límite en esos espacios y en esos tiempos. O hoy actúan y lo hacen políticamente liberando a los civiles, avanzando en el acuerdo humanitario, o van a terminar tratando de negociar unos cadáveres. Si ello ocurre eso va a ser el fin de las FARC. Hoy tienen oportunidades. El presidente Chávez les brinda, los invita a participar políticamente en un proyecto político. La sociedad colombiana está madura para aceptar la incursión política por parte de las FARC y el gobierno tiene la voluntad de crear los mecanismos legales para que ello pueda ocurrir. Este es el momento histórico para empezar a pensar en serio en la reconciliación nacional.

–¿Cuál es la puerta de esa reconciliación? Despeje de las zonas que las FARC piden desmilitarizar no habrá. ¿Dónde está la salida? En un territorio en Brasil, en Ecuador, en Venezuela. ¿Dónde?

–Sí. Y eso es, en el fondo, lo que estamos tratando de construir: una propuesta que tiene receptibilidad en Francia, la tiene en el presidente Uribe, esperamos que el presidente la respalde y que las FARC la acepten. Se trata justamente de eso, de crear una condiciones para superar esos inamovibles que no han permitido evolucionar. Me detengo aquí para no cometer infidencias que podrían perjudicar el tema. Pero se trata de eso: superar los inamovibles y avanzar rápidamente en un proceso que conduzca a la liberación de quienes se quedaron en la selva.

–Muchos comentaristas hacen una lectura moral del conflicto colombiano, como si hubiera buenos por un lado y malos por el otro. Con todo, es legítimo reconocer que el presidente Uribe ha dado muestras de cierta volatibilidad en sus posiciones.

–Lo que más ha sorprendido en el reencuentro, una vez que recuperé la libertad, es ver el grado de polarización de la sociedad colombiana: o buenos o malos, o están o no están, o eres partidario del presidente y, si no lo eres, eres enemigo o guerrillero o partidario de la guerrilla. Pues esa polarización se refleja en las actitudes de los gobiernos. Pero yo hoy valoro el cambio del presidente. Uribe se ha dado cuenta de que por la vía militar única y exclusivamente no va a poder solucionar el problema. Tiene que tener un componente político y un componente social muy importante. En segundo lugar, esa impresión del presidente tiene que traducirse en la comprensión, en que ese 80% o 85% de la sociedad colombiana que respalda las acciones del presidente, en el momento en que se logre un avance significativo con las FARC, no existan los puritanos o los macartistas para tratar de desvirtuar cualquier proceso a una paz duradera.

–Descartando a Venezuela y Ecuador, cuya proximidad ya los incluye en el tema, ¿qué papel podrían desempeñar países como la Argentina? Hubo años en que nadie quería meterse en Colombia y ahora Colombia se ha metido en nuestras casas y en nuestro corazón. ¿Qué papel puede jugar Cristina Kirchner?

–Un papel muy importante de acompañamiento a los compromisos que eventualmente puedan suceder en este tipo de procesos. Pero también, con la experiencia que han tenido países como la Argentina, experiencia en un tránsito democrático de diferentes posiciones ideológicas, de dictaduras a la democracia, y de la democracia de derecha a la democracia de izquierda, pues ése es el mejor ejemplo que puede servir a los actores políticos en Colombia. Es un ejemplo útil para las FARC, para que tengan la convicción y la certeza de que hay una comunidad internacional que hoy en día respaldaría cualquier decisión que las FARC pudiesen tomar hacia el futuro. Y ejemplo también para despertarle la conciencia nacional a la gente en Colombia de que es fácil una cohabitación ideológica, que esta cohabitación permite, sin expresiones violentas, mantener un clima democrático.

Hemos pasado en Argentina de gobiernos autoritarios de extrema derecha a gobiernos de izquierda moderada que permiten unos avances sociales muy importantes. La Argentina es una cultura política que hay que exportar. El primer país receptor de esa cultura tiene que ser Colombia.

–Hugo Chávez, como usted lo ha señalado, desempeñó un papel decisivo. Pero es oportuno reconocer que también ha sido polémico, no sólo por las sospechas sobre un presunto plan para desestabilizar a Colombia sino por sus expresiones subidas de todo en contra de Alvaro Uribe.

–Yo debo decir que tengo una deuda de agradecimiento con el presidente Chávez y con la senadora Piedad Córdoba porque sin su intervención hubiese sido imposible que nosotros estuviésemos libres. También hay que valorar que esa posición es la que va a permitir que muy pronto ese cambio en mentalidad política de las FARC se plasme en hechos concretos como la liberación de los que quedaron allá. Ahora claro, ha generado susceptibilidades. Pero son susceptibilidades que el pueblo colombiano ya conocía. El presidente Uribe sabía cuál era la apreciación política del presidente Chávez. Si el presidente Uribe sabía debió haberlo pensado antes de darle esas facultades de mediador. Pero es más grave aún, y tendrá que hacerse un juicio de responsabilidades en el momento debido, la forma en que lo sacó de ese proceso. Las reacciones que aparentemente pudiesen ser primarias en el presidente Chávez también tienen una causa y una justificación en el entendido de que no debió actuarse con él como se actuó. Es un presidente elegido democráticamente.

–En las pruebas de vida interceptadas por los servicios colombianos usted e Ingrid Betancourt son los únicos que no hablan ante la cámara. Están mudos, encerrados en una actitud de rechazo. Aquello fue un acto de repudio que pocas personas en su situación son capaces de asumir.

–Fue una decisión absolutamente voluntaria. Fue una expresión de rechazo, primero a la forma asquerosa con que las FARC tratan de manipular unas pruebas de vidas para explotar el dolor de nuestras familias, para ponerlos a llorar frente a un televisor diciéndoles “miren cómo están acabados, se están muriendo en la selva”. Todo eso para presionar al gobierno para que tome una determinación cuando en realidad tampoco había voluntad política de las FARC de avanzar hacia una solución. Nos parecía inmundo prestarnos a ese juego maniqueísta de las FARC. La única expresión que nosotros podíamos hacer de rebeldía era el silencio. Es un acto de dignidad, es el reflejo de que, en el fondo, a uno le queda por lo menos la dignidad. Se puede perder la libertad física, pero el espíritu y la mente nunca quedan secuestrados. Uno allá pierde todas las posibilidades de elegir lo que comes, cómo te vistes, del momento en que tienes que hacer tus necesidades fisiológicas. Es la pérdida absoluta de la libertad. Pero nos queda la libertad espiritual. Parte de ese reflejo está en tomar posiciones verticales, radicales, en defensa de su propia dignidad.

–¿Cómo se construye la vida en la mente cuando se está en un claustro? ¿Cuáles eran sus sueños?

–Eso es parte de las posibilidades de mantenerse con vida: soñar. Y uno siempre sueña con las cosas lindas, con los recuerdos agradables. En esas horas interminables de secuestro uno trata de olvidar lo negativo. Obviamente hacemos un autoanálisis de nuestra vida, de los errores que uno pudo haber cometido, de las circunstancias que, en unos segundos, nos llevan a una determinación que cambia el rumbo de nuestra vida. Pero también se sueña, se cree que hay una esperanza de volver a vivir. Siempre soñé con cosas agradables y en eso está la Argentina, que para mí es un país muy especial. Amo a la Argentina, amo a su gente. Y siempre soñé que algún día, cuando recobrara la libertad, pudiese tener la oportunidad de volver a la Argentina con mi familia, con mi esposa, y volver a ver esa hermosura de país y poder viajar por el sur de la Argentina. Ese es mi sueño.

–¿Cómo es la vida cotidiana en un secuestro donde el cautivo es un producto, una pieza de cambio?

–Claro, somos como un producto. Ingrid Betancourt tenía una definición: nosotros lo único que manteníamos en la selva era el espíritu de maleta, de valija. Muévase para acá, camine para allá, ande por ahí. Nunca se podía tomar una determinación sobre la propia existencia. Siempre se está sujeto a los mandamientos de unos cobardes que se parapetan detrás de un fusil para hacerse valientes y tratar de avergonzar y humillar a unas personas. Ese cotidiano estaba basado fundamentalmente en las condiciones que la guerrilla imponía. Pero tratábamos de hacer ejercicio, de tener la mente activa leyendo escasamente los pocos libros que nos daban. Con Ingrid manteníamos la Biblia y el Quijote. Yo hoy te diría que tanto Ingrid como yo estaríamos en capacidad de recitar de memoria el Nuevo Testamento en las páginas que consideres prudente. De igual manera el Quijote. Era la única manera de ejercitar nuestra memoria y nuestra mente para no anquilosarnos allá en esas inmensas horas de apatía intelectual.

–En el curso de estos años de secuestro, ¿usted llegó a odiar a las FARC, a comprenderlas, a justificarlas o a condenarlas?

–Hay momentos en que uno odia. Y si uno odia es porque se sufre mucho. Estar cinco años encadenado a un árbol las 24 horas del día es muy duro. Es mucho tiempo sin botas, sin zapatos para caminar. Permanecer en el campamento descalzo es duro. Estar siempre recibiendo el mal trato, la mala cara, las expresiones agresivas mortifican muchísimo. Pero hoy en día trato de superarlo. Quiero colaborar para que los que quedaron allá regresen. Quiero también contribuir a la reconciliación nacional. Mal haría yo si no entiendo que la base fundamental para el proceso de reconciliación es la reconciliación de los espíritus. Y eso nace de uno, como víctima: la capacidad de superar los rencores y las heridas. Estoy haciendo todo el esfuerzo y espero lograrlo muy pronto. Que no quede en mí ninguna cicatriz.

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