EL MUNDO › EL JEFE DE LA OEA NO PUDO CONVENCER A LA CORTE SUPREMA DE QUE RESTITUYA A ZELAYA EN EL PODER

Insulza salió de Honduras con las manos vacías

Desde que pisó territorio hondureño, Insulza se esforzó en esquivar la foto oficial junto al gobierno de facto. Pero estuvo con el presidente de la Corte Suprema, quien le habría dicho a Insulza que la salida de Zelaya del poder es irreversible.

 Por María Laura Carpineta

A horas de que venza el ultimátum de la OEA, la dictadura hondureña negociaba desesperadamente una salida para evitar el aislamiento regional. A primera hora de la tarde, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, el chileno José Miguel Insulza, llegó al país centroamericano, oficialmente, para informar a las “instituciones demócratas” del país sobre la posición del hemisferio. Pero en el medio del bloqueo informativo de los medios locales pro-golpe, el diplomático desapareció del radar y los rumores comenzaron. El enviado del diario español Público reveló que el presidente de facto Roberto Micheletti le habría pedido inmunidad y un destino tranquilo fuera del país a cambio de entregar el poder de vuelta al presidente legítimo, Manuel Zelaya. La otra versión que circulaba ayer por Tegucigalpa era la que había lanzado el propio Micheletti un día antes: adelantar las elecciones y la asunción, programada en un principio para enero próximo. Al cierre de esta edición, Insulza lanzó el peor pronóstico: “Nadie quiere ceder”.

Desde que pisó territorio hondureño, Insulza se esforzó en esquivar la foto oficial junto al gobierno de facto. Desde el aire le ordenó al piloto de la fuerza aérea brasileño –el presidente Luiz Inácio Lula da Silva le prestó uno de sus aviones como señal de apoyo a su misión en Honduras– aterrizar en el aeropuerto comercial de Tegucigalpa, en vez de la pista militar vecina, en donde las fuerzas armadas hondureñas lo esperaban con una ceremonia de bienvenida. No bien bajó de la nave, el diplomático se metió en una camioneta de vidrios polarizados y se dirigió, sin escalas, a la sede de la Corte Suprema. El tribunal es clave para desenredar la crisis política del país centroamericano. Según sostienen los militares golpistas, fue la Corte la que les dio la orden de detener al presidente Zelaya, aunque la decisión nunca se hizo pública.

“No vamos a Honduras para negociar. Vamos a pedir que se deje de hacer lo que se ha estado haciendo hasta ahora”, había prometido el secretario general de la OEA desde Georgetown, donde se reunió con representantes de los países del Caribe. Pero fuentes judiciales dijeron ayer a la prensa internacional que el presidente de la Corte, Jorge Rivera, le habría repetido la posición del gobierno de facto. “La salida de Zelaya del poder es irreversible”, dijo una fuente, que pidió mantenerse en el anonimato.

Durante la mañana, el gobierno de facto se había esforzado en dejar en claro a los hondureños que no le temía a la OEA y estaban listos para enfrentar lo que fuera necesario. “No pasará nada, ya lo hicieron con Cuba y no pasó nada, Fidel Castro enfrentó esa situación”, restó importancia el canciller de facto, Enrique Ortez. Después de su visita de 24 horas, Insulza debe volver a Washington para informar a la Asamblea General de la OEA. “Si la situación sigue igual mañana (por hoy) se sancionaría a Honduras, que saldría de la organización”, pronosticó la máxima autoridad de la OEA.

Mientras los rumores sobre negociaciones a puertas cerradas aumentaban, frente a las cámaras el régimen de facto no daba señales de distensión. El general Romeo Vázquez, presunto cerebro detrás del golpe de Estado del domingo pasado, anunció el despliegue de cientos de soldados extras en las fronteras con El Salvador y Nicaragua, por si los gobiernos vecinos –ambos aliados políticos del presidente Zelaya– decidían apoyar activamente una eventual vuelta del mandatario legítimo.

A la mañana el presidente de facto Micheletti había convocado un nuevo acto de apoyo frente a la Palacio Presidencial. Según los medios internacionales, la multitud era menor a la del martes pasado, cuando alrededor de cinco mil personas ovacionaron al dirigente conservador y celebraron la “derrota del chavismo”. Pero llegaron a llenar la plaza, en una postal dirigida a convencer a Insulza y a la región.

Menos difundida fue la marcha que realizaron los zelayistas a unos metros de allí. Alrededor de 20 mil personas pidieron la vuelta del presidente legítimo caminando pacíficamente por las principales avenidas de la capital hondureña. El punto final de la caminata fue la sede de la OEA. Durante horas esperaron la llegada de Insulza para pedirle, cara a cara, que no baje los brazos hasta que se restablezca el gobierno.

La oposición a la dictadura cada vez se vuelve más difícil dentro del país. Los militares controlan las rutas y disparan contra cualquier camión con indígenas, campesinos o mineros que quiera llegar a la capital para sumarse a las protestas. Al mismo tiempo, el gobierno de facto censura a cualquier medio que cuestione la represión y la persecución política.

La radio El Progreso, un medio que ganó fama como opositor a las dictaduras décadas atrás, fue una de las más acosadas durante esta última semana. “Nos sacan constantemente del aire. Hemos denunciado a la Fiscalía, pero los fiscales se quedan de brazos cruzados y dicen ‘no podemos hacer nada’. Los militares personalmente han venido, nos han tirado al piso y nos han golpeado. Yo tengo moretones en mi pecho de los golpes”, denunció Luis Galdana, productor de uno de los noticieros de la señal.

Como no puede hablar con radios hondureñas, ayer Zelaya envió un mensaje de esperanza desde El Salvador. “No se dejen vencer ni se amilanen, sientan la fuerza del espíritu y caminen a Tegucigalpa”, pidió Zelaya, después de ser recibido como un héroe por cientos de militantes del gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

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Insulza, al llegar a su hotel en la capital hondureña, habla con un militar.
 
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