EL MUNDO › UN INSOLITO INTENTO DE PSICOANALISIS A DISTANCIA POR PARTE DE LA CIA

Lo suyo viene desde el útero, señor Saddam

EE.UU. apronta sus preparativos contra Saddam Hussein. Hasta ahora, los más importantes han sido diplomáticos, pero esta nota revela un as desconocido de la campaña: un ex agente de la CIA que lo psicoanaliza a 10.000 kilómetros de distancia.

Por Julian Borger *
Desde Washington
La escena es la de un consultorio de psicoanalista. El cómodo sofá es de color trigo. Un caja de pañuelos de papel está al alcance de la mano, mantenida en su lugar por dos muñecas de madera, una llorando, la otra con sus brazos cruzados. Una colección de máscaras étnicas cuelga de la pared haciendo muecas. El psiquiatra mismo, Dr. Jerrold Post, está en su sillón, acariciando pacientemente a Coco, un dachsund enano de pelos ensortijados. Todo está en su lugar, excepto su paciente, un hombre profundamente preocupado que está a 10.000 km de distancia en Bagdad, tratando de decidir si y cuándo liberar o entregar sus armas de destrucción masiva.
Como intérprete mental de Saddam Hussein, la tarea de Post es evaluar lo que el líder iraquí va a hacer a continuación, supuestamente la cuestión más urgente que enfrenta hoy el mundo occidental. Ciertamente es un asunto de gran peso en la administración Bush, actualmente encerrada en un juego de póquer de altas apuestas con el dictador iraquí. Los funcionarios del gobierno, que Post no tiene permiso de nombrar (los describe colectivamente como una “alta audiencia política”), vienen a él en busca de opiniones sobre el estado mental de Saddam. Mientras buques y tanques de Estados Unidos se mueven en el tablero de ajedrez del Golfo, es un tema que toma una considerable parte de su tiempo, cuando no está considerando los problemas no resueltos de Osama bin Laden con su padre, otra de las especialidades de Post.
Sus diagnósticos son escuchados cuidadosamente porque no es sólo un psiquiatra. También es un ex funcionario de alto rango de la CIA, que pasó 21 años evaluando los procesos mentales secretos de los enemigos de Estados Unidos, un psicoanalista entre espías. A los 60 años y retirado de la Agencia, se podría llamar a Post un espía entre psicoanalistas. Todavía tiene unos pocos clientes normales que llegan en persona a su amable hogar en las afueras de Washington, pero muchos de sus pacientes llegan a él por el gobierno de Estados Unidos. Todavía ejerce gran parte de su oficio en la polémica intersección entre política y psicología, un cruce cada vez más peligroso, poblado por terroristas y tiranos impredecibles.
Para ayudar a Post en su trabajo, el gobierno le ha permitido entrevistar a muchos de los presos de la “guerra contra el terrorismo”, para charlar con los desertores y volcar sus conclusiones en informes. Pero, por el momento, su análisis brinda poco consuelo al liderazgo norteamericano ante una hipotética batalla con el último y quizá más peligroso de sus enemigos. Post, que es profesor de Psicología Política en la Universidad George Washington de la capital, cree que Saddam nunca abandonará sus armas químicas y biológicas, o su programa nuclear, y va a atacar con todo lo que tiene en su arsenal si se siente acorralado, lanzando toxinas y gérmenes sobre las fuerzas angloamericanas invasoras y sobre Israel. Esta es una opinión ampliamente compartida entre los expertos de seguridad nacional. Lo que diferencia a Post son sus motivos para pensar de esa manera, que incluyen el “yo herido” de Saddam, que se remonta a su traumática crianza, su infancia y aún más lejos.
“Todo se remonta al útero de su madre –declara Post con satisfacción profesional–. Cuando la madre estaba embarazada de Saddam, su padre murió, y otro hijo murió cuando tenía apenas 12 años de edad. Ella trató de suicidarse y de abortar.” Según la historia, la madre de Saddam, Subha, no se suicidó ni pudo abortar gracias a una compasiva familia de judíos iraquíes, que ahora viven en Israel, y que ahora puede verse a sí misma como el instrumento de alguna broma cósmica. Sumida en una profunda depresión, Subha no podía ni mirar a su hijo recién nacido. Entonces él fue entregado al hermano de ella, Khairalla Msallat, hasta que el niño tuvo tres años.
Pero aun cuando el bebé Saddam se reunió con su madre, la forma en que ella lo trataba apenas mejoró. Se había vuelto a casar y le permitía a su nuevo marido abusar del niño. “Su padrastro fue brutal física ypsicológicamente”, dice Post. La imposibilidad de la madre de criarlo y el abuso de su padrastro hirieron profundamente su autoestima. En términos psicológicos, esto es conocido como el “yo herido”. “Después de experiencias tan traumáticas, la gente se puede hundir en la desesperación y la desesperanza. Pero también puede producir sueños de grandeza compensatorios”, sostiene Post.
Tales sueños fueron debidamente provistos por su tío Khairalla, que tomó a Saddam bajo su responsabilidad cuando se escapó de la casa a los ocho años. Khairalla, un hombre amargo cuya carrera quedó arruinada después que tomó parte en una revuelta pronazi contra el régimen británico, le dijo al joven Saddam que seguiría los pasos de los héroes legendarios del país: Nabucodonosor, el antiguo rey de Babilonia, y Saladino, que recapturó Jerusalén para el Islam en 1187, al derrotar a los cruzados. Cuando Saddam fue a la escuela secundaria, un tercer nombre fue añadido al Panteón. “Todo el colegio estaba eufórico con Nasser (el líder nacionalista egipcio de los años 1950)”, dice Post.
La escalada de Saddam a la cúspide a través de golpes, intrigas y asesinatos lo convencieron de que había heredado el mismo manto mítico de liderazgo, y la creencia se ha profundizado con cada grupo de seguidores aduladores y asustados que se reunieron a su alrededor. “Ha producido la personalidad narcisista maligna más peligrosa políticamente”, dice Post. Esta particular clase de desorden de personalidad se presenta como una extrema falta de empatía por otros, paranoia, la ausencia de conciencia y la disposición para usar la violencia para lograr los objetivos. Post cree que Bin Laden sufre de la misma enfermedad.
Esto no quiere decir que ambos hombres estén “locos”. Más bien, ambos actúan con una fría racionalidad que está limitada primariamente por los adulones que los rodean. En su perfil de Saddam, Post sostiene: “Mientras psicológicamente está en contacto con la realidad, a menudo políticamente no tiene contacto con la realidad”. Consecuentemente, Saddam fue tomado por sorpresa cuando virtualmente todo el planeta se unió contra Irak después de su invasión a Kuwait en 1998. Esto también ayuda a explicar por qué pensó que su ejército podría detener las fuerzas de la coalición.
Post predice que, enfrentado con las amenazas de las inspecciones de la ONU, Saddam tratará de repetir la evasivas y subterfugios de la década pasada en un intento de evitar la guerra. “No es un mártir. Es la quintaescencia de un sobreviviente”, insiste el psiquiatra. Pero por otro lado, nunca entregará sus arsenales de destrucción masiva, que Post dice son esenciales para su propia imagen de líder mundial. “Los chicos grandes tienen juguetes grandes –dice–. Sin la armas, él no es nada.”
Amenazado con la extinción –predice Post–, Saddam probablemente prenderá fuego a los campos petroleros iraquíes, como hizo en Kuwait hace 11 años, y ordenará usar las armas químicas y biológicas contra las tropas invasoras y contra Israel. Este también es el análisis de la CIA. Sin embargo, Post está de acuerdo con sus ex empleadores en la agencia al decir que, en ausencia de una amenaza existencial, no está en la naturaleza de Saddam prestar sus juguetes a los terroristas. “Eso significaría una pérdida del control total”, dice.
Su visión de Saddam parece plantear interrogantes preocupantes sobre la estrategia de Bush, por la posibilidad de que confrontar a Saddam frontalmente desencadene una serie de circunstancias que amenazarían directamente las vidas de los norteamericanos. No necesariamente, dice Post. Si a Saddam se le permitiera desarrollar un arma nuclear, podría no buscar el martirio usándola, pero su presencia apoyaría sus amenazas y dispararía sus grandiosas ambiciones de dominar su región y seguir la ruta de Saladino hacia Jerusalén.
Estos argumentos son familiares después de un año de constante debate sobre Irak, y es discutible cuánta luz pueden arrojar los insights psicoanalíticos sobre esta desagradable situación. Aun con un paciente complaciente en el diván, el psicoanálisis es una ciencia inexacta, y no es para nada claro qué sentido tiene psicoanalizar a figuras mundiales a la distancia a través de sus discursos y relatos de su perturbada niñez. “Creo que es un ejercicio válido, pero tiene un poder limitado. Si uno no tiene a la persona enfrente, su utilidad queda circunscripta”, dijo Mark Mills, un “psiquiatra forense” de Florida que brinda asesoría especializada en temas psicológicos en las disputas en tribunales.
Antes de que Bin Laden surgiera el martes aparentemente con nuevas amenazas grabadas, Post había predicho que estaba muerto porque la personalidad narcisística maligna del líder de Al-Qaida no toleraría “quedar mucho tiempo fuera del centro de la escena. Es inconsistente con su psicología”. Para ser justos, Post también sugirió que, durante un tiempo, Bin Laden podría haber estado muy malherido aún para hablar por micrófono, y eso sigue siendo un escenario plausible. En todo caso, insiste, él sólo puede delinear patrones de conducta, no predecir las acciones individuales.
Post todavía parece tener el oído del Pentágono. Una colección de sus perfiles de terroristas, jefes de Estado paria y otros líderes extravagantes está siendo publicada este mes bajo el título “Conozca a Su Enemigo” por el Centro de Contra Proliferación de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, como un manual para los estrategas. Post todavía puede estar capitalizando su gran golpe, hace 23 años, al hacerle saber a la administración Carter que las contrastantes personalidades de Menajem Begin y Anwar Sadat dejaban lugar para un intermediario, una observación que ayudó a pavimentar el camino hacia Camp David, y reivindicó su proyecto personal, la creación del Centro para el Análisis de la Personalidad y la Conducta Política de la CIA.
La mayor parte del trabajo que hizo ahí todavía es tan secreto que hasta él tiene prohibido el acceso a sus viejos archivos de trabajo, de manera que nunca sabremos probablemente lo que la agencia realmente pensó del presidente Mao o de Leonid Brezhnev, Harold Wilson o Margaret Thatcher. Pero a través de Jerrold Post, sabemos más o menos lo que la administración Bush espera de Saddam Hussein, un hombre altamente peligroso que piensa lo impensable y hace lo indecible si está acorralado. Pero eso es exactamente lo que Estados Unidos dice estar planeando hacer. Puede ser que no sea la de Saddam la única cabeza que tiene que ser examinada.

* De The Guardian de Gran Bretaña, especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Saddam Hussein con su clásico rifle –¿quizás un símbolo fálico?– en uno de sus posters.
La escena es un casamiento múltiple en Jerusalén, donde Saddam es ícono para muchos palestinos.
 
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