EL MUNDO › OPINION

Bin Laden-Hussein-Bush

Por Nicolás A. Trotta *

Osama bin Laden y Saddam Hussein fueron creados y potenciados exponencialmente por los Estados Unidos en otro momento histórico. Ellos siempre fueron lo mismo, nunca seres democráticos o defensores de los derechos humanos. Es evidente que el mundo sería automáticamente un lugar mejor sin los Osama, sin los Saddam y sin los Bush. El problema es cómo nos deshacemos de ellos, y el único camino debe ser el derecho (y un sentido común ético) y no un ataque delictivo y arbitrario sobre Irak.
El único perdedor de la invasión británico-estadounidense es el pueblo iraquí, cuyo único delito es no haber tenido la capacidad de derrocar a un dictador. ¡Qué afortunados que hemos sido los argentinos! Se imaginan si un chiflado como Galtieri hubiese ultrajado el poder por estos días, Buenos Aires recibiría el mismo trato que Bagdad.
En el nuevo milenio se consolida un hegemónico orden mundial absolutamente inmoral, que terminó por deslegitimar a las Naciones Unidas. El ataque norteamericano, con el apoyo de algunas naciones que vendieron su respaldo por varios millones de dólares, precisa de un urgente mecanismo de contrapeso que le otorgue un mínimo equilibro al mundo.
Si naciones como Alemania, Francia, China, Rusia, Brasil y la propia Argentina no adoptan una postura firme y uniforme, será imposible frenar la política internacional de los Estados Unidos de claro sesgo imperial, hegemónico y demencial.
Sin justicia nunca habrá paz. Sin tolerancia nunca habrá paz. Sin derecho a ser distinto nunca habrá paz. Sin prioridad a la inversión social frente al gasto militar nunca habrá paz. Hoy fue el petróleo iraquí, mañana será el venezolano y en algunos años la riqueza de nuestra Patagonia.

* Coordinador de los “Jóvenes K” que apoyan la candidatura presidencial de Néstor Kirchner.

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