EL MUNDO › COMO SON LOS COMBATES INFORMATIVOS

Mentiras a toda hora

La verdad volvió a ser la primera baja. Aquí, una crónica de las veces que cayó Um Qasr, del falso control de Basora, de la división que nunca se rindió y los prisioneros que suben y bajan de hora en hora.

Por Guillermo Altares

La agencia kuwaití fue la primera en dar la noticia, el pasado jueves, y todas las grandes agencias la difundieron por todo el mundo. Fuentes militares confirmaron la historia. La estratégica ciudad portuaria de Um Qasr, en el sur de Irak, había sido “ocupada y asegurada”. La información era buena, pero llegaba pronto. Concretamente, seis días antes de que se produjese.
“La ciudad está bajo control”, insistía el viernes desde Londres el almirante Michael Boyce. Donald Rumsfeld lo confirmó contra toda evidencia: los periodistas en la zona y el gobierno iraquí señalaron que se estaba produciendo una dura resistencia. El domingo la toma fue anunciada nueve veces, mientras la prensa filmaba los combates. El martes, el comandante de los Royal Marines, Jim Dutton, dijo que la ciudad estaba “abierta y segura”. El miércoles, el ministro de Información iraquí, Mohamed Saïd Al Sahhaf, negaba la toma, a pesar de las fotografías que mostraban a los británicos repartiendo comida.
La frase que el senador californiano Hiram Johnson pronunció en 1917, “la primera víctima de la guerra es la verdad”, se ha convertido en un lugar común, pero no por ello es menos cierta. En la guerra de las Malvinas y, posteriormente, en la primera guerra del Golfo, los corresponsales fueron alejados del teatro de operaciones. Pero, sobre todo en 1991, los errores se produjeron no sólo por la ausencia de testigos, sino por presión informativa, por la necesidad de llenar horas de programación siendo los primeros. En Vietnam no llegó a haber más de 500 corresponsales al mismo tiempo. Ahora hay casi 3000. La rapidez de los acontecimientos no ayudó. Como dijo el ex director de The Washington Post Ben Bradlee: “El problema de esta guerra es que las cosas van a toda velocidad”.
“Las fuerzas aliadas han logrado el control de Basora”, señalaba un cable, el sábado, haciéndose eco de la BBC. El corresponsal de la cadena decía que, al entrar en la ciudad, los soldados recibieron una cálida recepción. La noche anterior, en el mismo frente, el Pentágono informaba de la rendición de la 51 división del ejército iraquí, formada por 8000 hombres. Rendiciones y bienvenidas era lo que los mandos de la coalición dijeron esperar desde el principio de la guerra, pero no ocurrieron. La división nunca se rindió: fue sólo un teniente iraquí que se hizo pasar por general para recibir un mejor trato, aunque el Pentágono mordió el anzuelo y los medios detrás. En cuanto al control de Basora, cinco días de combates más tarde, el descontrol es total.
La niebla de la guerra sigue envolviendo muchas historias: ¿Resultó herido Saddam en el primer ataque? ¿Cuándo cruzaron las tropas angloestadounidenses el Eufrates? ¿Cuándo comenzaron los combates en Nasiriya? ¿Han acabado o se sigue luchando? ¿Cuántos prisioneros iraquíes se han rendido? En la noche del viernes al sábado, el teniente Joshua Lyons dijo a un periodista que se habían hecho “miles de prisioneros” sólo en Nasiriya. Rumsfeld habló el martes de “3.500”. La captura de la estratégica ciudad fue anunciada el sábado. El domingo, el analista militar de Sky News, Francis Tusa, dijo: “Ya nos han dicho tres veces que Nasiriya ha sido capturada. ¿Cuántas veces más vamos a tener que escucharlo?”.

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Un cabo británico vigila a un prisionero iraquí.
 
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