EL MUNDO › MIENTRAS SE CUENTAN LOS VOTOS DE LAS ELECCIONES PARLAMENTARIAS, AL QAIDA GOLPEA LAS PUERTAS DE BAGDAD

Elecciones y espiral de violencia en Irak

Un movimiento de protesta entre los sunnitas iraquíes, que comenzó a finales de 2012, se transformó en un levantamiento armado. El beneficiario puede ser el primer ministro Al Maliki.

 Por Patrick Cockburn *

¿Sobrevivirá el primer ministro iraquí Nouri al Maliki la elección? Es muy probable. ¿La sobrevivirá Irak como país? Aquí la respuesta es mucho más dudosa. Ocho años después de que Maliki llegara al poder, los combatientes de tipo Al Qaida aún están a las puertas de Bagdad –unos 16 kilómetros del centro de la ciudad, para ser más precisos.

Durante el año pasado, casi todas las semanas aparecía la noticia de la pérdida de control del gobierno sobre las provincias de mayoría sunnita y de atentados salvajes a lo largo y a lo ancho de Irak. Dos bombas en un mercado de verduras en Al Saadiyah, ciudad situada 120 kilómetros al noreste de Bagdad, mataron el domingo a 17 personas e hirieron a 42. Una bomba estaba en el centro del mercado y otra a la salida, para matar a las personas que huían de la primera explosión.

Un día antes, un terrorista suicida se había inmolado, matando a 25 personas en la ciudad de Kanakin, en gran parte kurda, mientras el presidente kurdo de Irak, Jalal al Talabani, que previamente había estado en coma en un hospital en Alemania después de un accidente cerebrovascular, emitía su voto.

La violencia se ha vuelto mucho peor en Irak durante el último año. Un movimiento de protesta entre los sunnitas iraquíes, que comenzó a finales de 2012, se transformó en un levantamiento armado. La comunidad sunnita iraquí, una quinta parte de los iraquíes, que perdió el poder frente a la alianza chiíta kurda tras el derrocamiento de Saddam Hussein por la invasión de Estados Unidos en 2003, se envalentonó por la revuelta de los sunnitas en Siria. Muchos están convencidos de que no tienen más remedio que luchar.

Desde el comienzo del año, el Estado Islámico de Irak y el Levante (Isis) han tomado el control de Faluya, 65 kilómetros al oeste de Bagdad. Aunque comparten el poder con otros grupos, están siendo más cautelosos que en el pasado en la aplicación de un estilo de vida islámico fundamentalista, como la barba obligatoria para los hombres y la prohibición de fumar cigarrillos.

El gobierno de Bagdad trató de volver a las tribus en contra de ellos, como hicieron los estadounidenses en 2006-20077, pero la alienación de la comunidad sunnita en su conjunto y la debilidad militar del gobierno pueden ser demasiado grandes para que esta estrategia tenga éxito hoy. Isis y sus aliados controlan gran parte de las provincias de Anbar, Mosul y Salahudin, además de tener una fuerte presencia en Diyala y Kirkuk. Controlan la presa Faluya en el Eufrates y han inundado las zonas aguas abajo, lo que llevó a que 100.000 personas abandonasen el distrito de Abu Ghraib, al oeste de la capital.

Isis también hizo explotar un oleoducto principal en Baiji, contaminando en gran medida el río Tigris. Se cree que las fuerzas del gobierno sufrieron 5000 bajas, incluyendo más de 1000 muertos en la lucha por Anbar este año. Muchas unidades del gobierno desaparecen por deserción, y los soldados se quejan de que carecen de alimentos, municiones y combustible.

Estas olas de noticias desastrosas debilitarían a muchos gobiernos, pero en el caso de Maliki pueden servir para fortalecerlo en las urnas. Puede presentarse a sí mismo como el salvador de la mayoría chiíta, que puede sentir que sigue siendo su líder contra una escalada sunnita contrarrevolucionaria. Se estima us batallas en Anbar durante los últimos tres meses podrían aumentar el número de escaños obtenidos por Maliki, de 70 a 90, en una cámara de 328 miembros.

El resultado de la elección es incierto porque no hay encuestas de opinión fiables. Se espera que Maliki se beneficie con la votación por las fuerzas de seguridad que suman 1,5 millón. Están en el centro de una red de clientelismo supervisado por el primer ministro, que también puede gastar 100 mil millones de dólares, los ingresos del petróleo.Al mismo tiempo, existe un gran descontento entre los chiítas por la gran corrupción en la maquinaria del gobierno y su incapacidad para proporcionar servicios.

Si la amenaza de la insurgencia sunnita no hubiera aumentado, esto le habría costado a Maliki muchos votos, y todavía puede hacerlo. Otros partidos chiítas, como los seguidores del clérigo chiíta populista Muqtada al Sadr y del Consejo Supremo Islámico de Irak, quieren que se vaya. Los clérigos de alto rango de los chiítas, que tienen gran influencia, también indicaron que ellos no quieren ver a Maliki en un tercer mandato.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Un soldado iraquí cuida las urnas antes del conteo.
Imagen: AFP
 
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