EL MUNDO › A POCO DEL BALLOTTAGE, EL ESCENARIO SE CARACTERIZA POR LA ALTA TENSION Y UNA INDEFINICION ENIGMATICA

Faltan nueve días y nada está dicho en Brasil

Ayer hubo un nuevo debate entre el neoliberal Aécio Neves y la actual presidenta, Dilma Rousseff, que intenta la reelección. Empezó de manera dura y agresiva, y así se mantuvo hasta el final. De propuestas, casi nada. Aécio aparece dos puntos arriba de Dilma.

 Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro

Aécio y Dilma se trenzaron en un duro y agresivo debate en el que las propuestas brillaron por su ausencia.
Imagen: EFE.

A nueve días del domingo 26, cuando una vez más 143 millones de electores brasileños acudirán a las urnas para decidir quién presidirá el país entre 2015 y 2019, el escenario se caracteriza por una tensión elevadísima y una indefinición enigmática. Todo indica que la tensión seguirá en los niveles siderales que ya alcanzó. Y nadie se arriesga a prever cuándo, y en cuál dirección, el escenario se hará menos indefinido.

Ayer hubo un nuevo debate entre el neoliberal Aécio Neves y la actual presidenta, Dilma Rousseff, que intenta la reelección. Transmitido de manera simultánea por una emisora de radio, una página de Internet y una red nacional de televisión, y en un horario insólito –empezó a las seis de la tarde y duró hora y media–, el enfrentamiento entre los dos candidatos empezó de manera dura y agresiva y así se mantuvo hasta el final. De propuestas, casi nada.

Aécio, luciendo una agresiva prepotencia y esgrimiendo un sarcasmo salpicado, por un machismo impertinente, trató de mostrarse (vaya contradicción) como el buen mozo altamente capacitado para sacar el país del atolladero donde, dice él, fue llevado por 12 años de gobiernos del PT. Dilma Rousseff, a su vez, trató de lucir convicciones firmes y de seguir trazando comparaciones entre las presidencias de su antecesor, Lula da Silva, la suya y las anteriores, del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, principal mentor del candidato neoliberal. El tono firme y claro que intentó utilizar en sus intervenciones volvió a tropezar con su dificultad en expresarse de manera articulada.

Resultado: el tono de Aécio, irritante para el público en general, inadmisible (por la insolencia) para los electores de Dilma, debe de haber agradado inmensamente a la mayoría de su electorado, el de clase media, media alta y concentrado principalmente en las regiones más ricas, escolarizadas y conservadoras el país.

Ya la participación de Dilma, confusa para el público en general, inadmisible (por los ataques contundentes) para el electorado del adversario, debe de haber servido de relativo alivio para la inmensa mayoría de sus seguidores. Al menos no ha sido un desastre.

Un análisis de los sondeos divulgados hasta ahora indica algunas tendencias, ninguna de ellas decisiva o preponderante.

Cuando está por terminar la segunda semana de campaña, Aécio sigue dos puntos arriba de Dilma, en un riguroso empate técnico. Para analistas más equilibrados, es una situación preocupante para el adversario de la actual mandataria: luego de experimentar un crecimiento impetuoso, quedó estacionado. Si se considera que estas dos semanas fueron de buenas noticias para él –apoyo de un sinnúmero de pequeños partidos, respaldo de Marina Silva y todo un largo etcétera–, y de muy malas noticias para Dilma –nuevas revelaciones de escándalos de corrupción en su gobierno, inquietudes (algunas muy justificadas) por el escenario económico–, sería lógico y natural esperar que el candidato neoliberal hubiese ganado varios cuerpos de ventaja sobre la adversaria.

Además de que ese crecimiento no ocurrió, lo que sí creció fue el rechazo a su candidatura (cuatro puntos), mientras disminuyó el porcentaje de los que declaraban que bajo ninguna circunstancia votarían a Dilma (igualmente cuatro puntos). Y peor: pese a todas las denuncias y al insistente martilleo de Aécio en acusar a su adversaria de mentir sobre las conquistas alcanzadas, la aprobación de su gobierno creció seis puntos.

La estrategia del PT en la primera vuelta de las elecciones fue, básicamente, la de destruir la imagen de la entonces adversaria más amenazadora, Marina Silva. Ahora, el blanco de un bombardeo inclemente es Aécio Neves. Si Marina era vulnerable por su propia inconsistencia, Aécio es vulnerable por los muchos pecados y por fallas ostensibles en sus dos gobiernos de la provincia de Minas Gerais.

Se trata, sin embargo, de un rival mucho más sólido y especialmente agresivo. Sabe construir bien una imagen muy del agrado de las clases conservadoras. Hay, además, un aspecto curioso, y que podrá ser decisivo en esas cruciales elecciones. A lo largo de los doce años de gobiernos del PT, un grueso contingente de brasileños ingresó al mercado de consumo, constituyéndose en una nueva clase media, de baja extracción social.

Estudios demuestran que, cuando se dividen las clases medias en tres niveles, Aécio Neves obtiene 67 por ciento de los votos de los sectores altos. En la clase media intermedia, Dilma obtiene 52. Y en la baja clase media, 53. En el extracto más rico, las posibilidades de crecimiento de Dilma son muy cercanas a cero. En la clase intermedia, podrá eventualmente crecer uno o quizá dos puntos. En la baja clase media, una incógnita. Ya en las clases más populares, se da la inversa: es muy poco lo que Aécio podrá crecer.

Quedan, por fin, los indecisos, y a poco más de una semana del pleito suman alrededor de 20 por ciento del electorado. Es ése el segmento que decidirá el resultado final. Luego de estudiar los resultados de los últimos sondeos, sociólogos y analistas políticos llegan a la conclusión de que en ese segmento, el de los indecisos o que declaran votar en blanco o anular su voto, Dilma tiene un potencial de lograr revertir 13 por ciento de los votos. Aécio, 6.

Sin embargo, nadie se arriesga a nada. Al fin y al cabo, la imprevisibilidad de la actual campaña quedó muy evidente y palpable en la primera vuelta, cuando los institutos de encuestas y sondeos se equivocaron de manera olímpica. Por lo tanto, sigue la tensión, y todo indica que así serán los días que nos separan del domingo 26.

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