EL MUNDO › OPINION

Apuesta por lo confiable

 Por Eric Nepomuceno

Ya en la mañana de ayer era posible notar, en el sector más sensible a las oscilaciones electorales –el mercado financiero– que había novedades importantes: la Bolsa de Valores se desplomaba mientras el dólar alzaba vuelo frente al real.

Poco antes de las dos de la tarde, empezaron a aparecer rumores de que los sondeos realizados por dos institutos influyentes, Ibope y Datafolha, serían desfavorables al neoliberal Aécio Neves. Los rumores se confirmaron: Dilma abrió una ventaja de ocho puntos (según Ibope; siete, para Datafolha) razonablemente confortable a estas alturas, cuando faltan escasas horas para la votación decisiva.

Cuando al final de la tarde ambos institutos divulgaron oficialmente sus resultados, la noticia ya había sido antecedida por la reacción del mercado: el dólar trepó 1,35 por ciento frente al real, alcanzando su mayor valor desde mayo de 2005, y la Bolsa cayó 3,24, la quinta baja seguida. Ahora, acumula una pérdida de 1,5 por ciento en lo que va del año.

Dentro de sus respectivos comités de campaña, los dos adversarios ya habían detectado que el impulso experimentado por Aécio Neves perdió fuerza, mientras que Dilma Rousseff vive un movimiento inverso, creciendo firme y paulatinamente.

Los dos primeros sondeos realizados luego de la primera vuelta, cuando Aécio Neves logró atropellar en el último instante a la ambientalista evangélica Marina Silva, indicaban que su impulso seguía con fuerza. Luego de haber quedado atrás casi ocho puntos en el conteo de los votos, el candidato neoliberal logró superar a Dilma Rousseff. Lo hizo por escasos dos puntos (51 a 49 por ciento), lo que significa empate técnico, pero en ventaja numérica, lo que sirvió para animar el sentimiento radicalmente antipetista que cuenta con bases sólidas en algunas regiones del país, en especial San Pablo, la más rica, poblada y conservadora provincia brasileña.

Los dos sondeos siguientes, que coincidieron con un fuerte aumento en el grado de agresividad de la campaña, que se extendió en los debates televisados, indicaron una reacción de Dilma. Con un poco más de espacio –52 a 48–, pero siempre dentro del empate técnico.

Ya era posible sentir, sin embargo, que el tono de Neves, tanto en su propaganda de radio y televisión, como en los tres debates realizados hasta ahora, tuvo dos consecuencias: consolidó la admiración de los sectores de clase media y clase alta, que se oponen de manera irremediable a Dilma, y que forman parte sustancial de su electorado, pero al mismo tiempo ahuyentó a parte importante de los que iban a votarlo defendiendo una alternancia en el poder, y gracias también al desgaste natural experimentado por el PT luego de gobernar durante doce años. Y también porque pocas veces se vio semejante insolencia y grosería en un debate televisado, sobre todo al referirse a una mujer.

En al menos dos ocasiones Aécio Neves, con sus aires de niño pituco y mimado, espetó el dedo índice en dirección a Dilma y la llamó “leviana”. Bueno: en mi país, se dice “leviana” a una mujer inconsecuente e irresponsable, pero también se trata así a las prostitutas.

Si a eso se suman las groserías y vulgaridades de todo calibre que sus seguidores siguen distribuyendo generosamente por las redes sociales, y tomando en cuenta ciertos antecedentes de la vida personal del candidato neoliberal, en especial en relación con su manera de tratar a algunas mujeres, se comprenderá que él haya perdido espacio en la opinión pública.

Además, un dato se consolidó en el electorado: la campaña de Dilma, pese a haber exagerado muchas veces en los ataques al adversario, supo plantar muy bien la idea de los opuestos. Así, el PT hizo y hace gobiernos para los pobres, mientras que el PSDB de Aécio hizo y quiere volver a hacer un gobierno para los ricos.

A la hora de exhibir datos y resultados, sonaron más fuertes los cambios sociales implantados por Lula y llevados adelante por Dilma. También quedó claro que Aécio Neves se sitúa mucho más a la derecha y abraza el neoliberalismo con mucho más pasión que el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, para no mencionar la oceánica distancia que los separa en lo que se refiere a consistencia y estatura moral y política. Así, nada más natural que Aécio Neves, el favorito de los conservadores, haya perdido terreno y ahora disponga de escasas horas para intentar remontar la corriente.

Los próximos cuatro años serán especialmente difíciles para Brasil. Pero todo indica que los brasileños prefieren apostar por lo cierto y confiable, en vez de tragar las promesas vagas de un candidato vacío de contenido y muy lleno de prepotencia.

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