EL MUNDO › LA CAMPAÑA REPUBLICANA EN EE.UU. SUFRE EL SEGUNDO VOLANTAZO EN DOS MESES

La escuadra suicida de Trump

El candidato, hundido en las encuestas y atrapado en un sinnúmero de escándalos, en su gran mayoría provocados por él mismo, decidió jugársela a todo o nada y nombró jefe de campaña a un ex Goldman Sachs, director de un sitio de noticias amarillista de ultraderecha.

 Por Nicolás Lantos

Desde Nueva York

En medio de la peor crisis de su candidatura, Donald Trump volvió a cambiar su equipo de campaña. El candidato republicano, hundido en las encuestas y atormentado por un remolino de escándalos, en su gran mayoría autoinflingidos, decidió jugársela a todo o nada y apostar a un Suicide Squad conformado por un ex Goldman Sachs y director de un sitio de noticias amarillista de ultraderecha, una afamada encuestadora con experiencia en campañas sucias y un ex CEO de Fox News que debió renunciar a su cargo por denuncias de abuso sexual.

Es el segundo timonazo en solamente dos meses para el magnate, que en junio había sacrificado al mariscal de su estrategia durante las primarias, Corey Lewandoski, para dejarle el lugar a Paul Manafort, un añejo asesor del Partido Republicano, intentando componer lazos con el establishment. Los pésimos resultados de las últimas encuestas y la supuesta participación de Manafort de un intento de golpe de Estado en Ucrania, que salió a la luz esta semana, terminaron de sellar su suerte.

La renovación en el equipo Trump vino acompañada por un cambio de discurso: esta semana el candidato dio mensajes más enfocados en asuntos en los que tiene territorio que disputarle a su rival, la demócrata Hillary Clinton, como inmigración y seguridad, que en sí mismo, y no cometió ninguno de sus habituales exaprubtos. La pregunta del millón es cuánto aguantará antes de volver a salirse del libreto. A menos de tres meses de las elecciones y con una perspectiva complicada según todas las encuestas, ya no tiene margen de error.

En su largo currículum, Stephen Bannon consigna que fue oficial de marina, que trabajó en el área de inversiones para Goldman Sachs y que incursionó en Hollywood como director de una productora de documentales políticos antes de asumir como director de Breitbart, un sitio online de noticias con una línea editorial amarillista y de ultraderecha. Ni una sola línea del resumen habla de campañas electorales. Al menos, así era hasta el miércoles, cuando Bannon fue apuntado como director ejecutivo de la campaña republicana.

Descripto por Bloomberg como “el operador político más peligroso de los Estados Unidos” (cita que Trump utilizó, tomándola como un elogio, en el mail en el que dio cuenta acerca de su incorporación al equipo), su falta de experiencia como jefe de campaña está compensada por la confianza que le tiene el candidato y la sintonía política e ideológica entre ambos. Breitbart, el sitio que conducía hasta esta semana, es, siempre según la agencia de noticias con base en esta ciudad, una “guarida para gente que piensa que Fox News es demasiado moderada” y fue uno de los pilares mediáticos de la campaña hasta ahora.

El nuevo CEO estará acompañado por Kellyanne Conway, ejecutiva y fundadora de la consultora Womantrend, con una vasta experiencia en encuestas y responsable de varios SuperPACs, grupos de interés que invierten en anuncios de publicidad a favor o en contra de algún candidato en las campañas. Vinculada con grupos conservadores como la National Riphle Asociation y The Heritage Foundation, es una de las personas de mayor confianza del megadonante republicano Robert Mercer, en cuyos millones Trump está especialmente interesado. Conway será la encargada de seguir el día a día junto al candidato, siguiéndolo como una sombra adonde sea que vaya para intentar mantenerlo siempre dentro del guión previsto.

Pero la piedra angular del equipo elegido para la recta final de la contienda electoral es Roger Ailes, que se sumó a la mesa chica del magnate como asesor, sin un cargo formal. Ailes, fundador de Fox News, dirigió esa cadena por una década hasta el mes pasado, cuando tuvo que renunciar en medio de denuncias por abuso sexual de parte de varias empleadas del canal de noticias. Ahora se apresta a brindarle a Trump los mismos servicios que ya prestó para las campañas presidenciales de Richard Nixon, Ronald Reagan y George H. W. Bush, quien en 1988 se recuperó de una desventaja de 17 puntos en las encuestas para vencer al demócrata Michael Dukakis.

El perfil de este escuadrón suicida electoral promete una carrera hacia la Casa Blanca más sucia que la que se vio hasta ahora. Los tres nuevos asesores tienen en su historial una larga lista de campañas de ética dudosa, canalizadas a través de publicidades negativas más preocupadas en operar contra los candidatos rivales que en realzar las virtudes del propio. Se espera para las próximas semanas una andanada de avisos de televisión apuntados contra Hillary Clinton que inunde las tandas publicitarias en los estados clave para que Trump logre doblegar a su rival el 8 de noviembre.

Mientras su equipo prepara esa andanada, el magnate ensaya un nuevo avatar: esta semana, en los actos proselitistas que protagonizó, se mostró más centrado y enfocado en cuestiones políticas que en sí mismo. Sin conceder ni un centímetro de lo que es su núcleo ideológico, Trump pudo machacar con su discurso extremo de antiinmigración sin cometer gaffes contra latinos o musulmanes, e incluso el martes, en Milwaukee, hizo un contundente llamado a la población afroamericana a que lo elija antes que a Clinton. Un tiro complicado, habida cuenta de que ese sector demográfico suele votar 9 a 1 a favor de los demócratas. Pero una señal de cambio en la campaña trumpista.

La gran incógnita, ahora, es saber cuánto puede aguantar antes de volver a quemar los papeles, abandonando el libreto y cayendo en la espiral de autodestrucción que lo hizo pasar en cinco semanas de un empate técnico a una derrota casi segura. También resta por verse cuál será la actitud del establishment republicano, que tenía en el ex jefe de campaña Manafort su único link con el candidato. En poco más de un mes será el primer debate entre Trump y Hillary. Recién ahí podremos saber si la última apuesta del magnate es una misión suicida o todavía tiene chances de cumplir su objetivo y vivir para contarlo.

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En el peor momento de su campaña, Trump cambia de nuevo a todo su equipo.
 
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