EL MUNDO

Cuando Italia exportó a Francia su nueva guerra civil cultural

Una feria del libro en Francia se convirtió en un campo de batalla entre funcionarios y enemigos del gobierno de Silvio Berlusconi, acelerando la polémica intelectual sobre “il Cavaliere”.

 Por Eduardo Febbro

El gobierno de Silvio Berlusconi exportó la crisis política italiana al corazón de la capital francesa. Invitada de honor del vigésimo segundo salón del libro que se inauguró el jueves en París, Italia y su tensión política provocaron un serio incidente diplomático con Francia que concluyó con la precipitada partida de la delegación oficial enviada especialmente por Roma para el evento. El público se quedó sin oír la conferencia sobre “Historia y geografía del arte italiano” que debía pronunciar el subsecretario de Cultura Vittorio Sgargi. En su lugar, el público pudo asistir a las manifestaciones contra Berlusconi organizadas en pleno Salón del Libro por opositores al gobierno de Berlusconi, protestas que dieron precisamente lugar al enojo y luego la salida de los italianos.
Ya enturbiadas por diversos incidentes, las relaciones entre París y Roma llegaron al peor paroxismo. Los manifestantes llevaban carteles que hacían alusión directa a la situación italiana actual, tanto en lo referente a la problemática de los inmigrados como al asesinato de un consejero del ministro de Trabajo, presuntamente ultimado por las Brigadas Rojas. Los carteles con la mención “Rojos, sí, pero de vergüenza”, indispusieron a los italianos que habían venido a París con muy pocas ganas. El pasado 17 de enero, la ministra francesa de Cultura había declarado en una radio francesa que se oponía a asistir a la inauguración del Salón del Libro en compañía de Berlusconi. Para colmo de males, la ministra, Catherine Tasca, es hija de uno de los fundadores del hoy desaparecido Partido Comunista Italiano. Todos los ingredientes del cóctel estaban listos y la bomba terminó por explotar. En Roma, los dirigentes políticos acusaron a la ministra de no haber hecho nada para contener a los manifestantes al “fallar” en su misión de protección.
Quienes se frotan hoy las manos con esta historia son los miembros del grupo Resistencia –que organizó las manifestaciones– y muchos de los intelectuales italianos presentes en el Salón y para quienes el gobierno de Berlusconi es un dolor de cabeza diario. Tres de los más famosos intelectuales de Italia, Umberto Eco, Andrea Camilieri y Vincenzo Consolo, anunciaron que vendrían a la capital francesa por sus propios medios como una forma de protesta contra la política de la eminencia político-financiera que dirige los destinos de la península. Berlusconi tiene el mérito –perfectamente visible en el salón– de haber aunado contra él un conjunto de escritores, periodistas, directores de cine y universitarios que forman ahora el núcleo de los “comprometidos”. Andrea Camilleri (76 años) es uno de esos célebres que forman parte del “frente” y para quien “el fascismo no tiene nada que ver con lo que vivimos. Hoy, todo es más sutil, insidioso, perverso. Es como un gas maléfico por debajo de la puerta de cada casa. No es ni fascismo, ni nazismo, sino un estado gaseoso capaz de deformar la democracia”. Contrariamente a otros intelectuales europeos, los italianos exponen un análisis que contrasta con el alarmismo con que en el resto de Europa se describe la situación italiana. Así, con respecto a la televisión, Camilleri asegura que “el mundo de la cultura se organiza para resistir. La televisión no es el único instrumento de resistencia, está el correo electrónico, las palomas mensajeras y los llamados a manifestar”. Erri de Luca no coincide con ese punto de vista cuando asegura que “los llamados a la resistencia me parecen desplazados. El mundo de la cultura no es una corporación. En realidad, el poder busca anestesiar las fuerzas culturales y creo que eso estimula la creación”.Claudio Magris se sitúa en una posición mucho más radical cuando interpela a la gente y dice “resistamos todos juntos. En la medida en que la cultura no se confunde con la literatura sino más bien con una concepción del mundo, es preciso entonces oponerse al poder de Berlusconi”.
Cesare Battisti es un caso aparte. Cesare, autor de éxito de novelas policiales, viene al salón pagando su entrada. Battisti es un “excluido del salón” porque su biografía personal es –para las autoridades– todo un escándalo. Comprometido hasta los huesos con las luchas armadas de los años 70, Battisti vivió exiliado en México durante 10 años y hace una década que reside en Francia. Militante activo del grupo Autonomía obrera, está acusado de haber cometido una serie de robos a mano armada en la época en que se robaba “para redistribuir la plata a los obreros”. Condenado a cadena perpetua en Italia, Cesare se escapó de la cárcel en 1981, viajó a México y luego a Francia, donde obtuvo el estatuto de refugiado político... a pesar de que Interpol lo sigue buscando siempre. Para Battisti, todo este ruido del Salón en torno a Berlusconi es “pura bulla, agitación de un puñado de estrellas de la inteligencia”. Este autor profundo e inspirado en la novela negra norteamericana afirma que “desde los años 70, en Italia no hay más izquierda. Fue destruida con la complicidad de la Unión Europea y el FMI. Umberto Eco, Antonio Tabbuchi o Vincenzo Consolo, yo no tengo nada que ver con esa gente que apoyó al supuesto gobierno de izquierda que precedió el de Berlusconi”.

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Varias docenas de jóvenes franceses e italianos protestan ante el stand del libro italiano.
 
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