EL MUNDO › CRONICA DE UN DIA EXPLOSIVO

Matar en Madrid

 Por Rodrigo Fresán

Se lo veía venir, estaba en el aire, señales inequívocas de que algo podía ocurrir cualquier día de estos, antes de las elecciones generales del próximo domingo. En los últimos años se había frustrado la llegada a Madrid de varias “caravanas de la muerte”; y el 29 de febrero se había interceptado una camioneta de ETA cargada con más de 500 kilos de explosivos camino de la capital. Los terroristas detenidos entonces confesaron que la idea era “provocar el horror” y “buscar una masacre”. Había rumores que apuntaban al blanco móvil de la familia real y que marcaban al inminente casamiento del príncipe Felipe como jornada de máxima alerta. Y se sabía, también, que la catástrofe podía venir por el lado de los ferrocarriles: el pasado 24 de diciembre se habían ubicado y desactivado en la estación de Chamartín dos valijas listas para hacer volar las Navidades por los aires. No hubo tanta suerte ayer por la mañana cuando –a diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones– ETA no advirtió a las autoridades de las bombas próximas a explotar, el horror pasó de la teoría a la práctica, y la muerte viajó en tren. Y algunos pensaron que quizá no fue ETA. Y todos siguen preguntándose qué sucedió.

MañanaPoco antes de las 8 de la mañana –momento en que el tránsito de los trenes de cercanías es más intenso, y los vagones van llenos de trabajadores, inmigrantes y estudiantes de la Universidad Politécnica viajando desde los suburbios–, una cadena de más de diez explosiones estremeció las estaciones de trenes de Atocha (la más grande del país), Santa Eugenia y El Pozo del Tío Raimundo. Varias de las bombas estaban ubicadas dentro de mochilas en los vagones de los tres trenes que llegaban a las diferentes terminales. (Con el correr de las horas, se desactivarían o se harán explotar de manera controlada varios explosivos más –puestos a modo de bombas-trampa retardadas para dificultar la tarea y poner en peligro las vidas de policías y médicos– detectados en otras piezas de equipaje y en automóviles estacionados en los alrededores.)
A partir de entonces, claro, las pantallas de los televisores desbordan sangre, lágrimas, confusión y cifras inciertas que, a medida que fueron pasando los minutos, comienzaron a crecer: más de 600 heridos (60 de ellos muy graves, habiendo sufrido amputaciones); hospitales colapsados; convocatoria a donantes de sangre (en apenas 90 minutos la avalancha de voluntarios cubrirá todas las necesidades sanitarias); vías de acceso a Madrid cerradas, evacuación de edificios; la atroz música de los patrulleros y las ambulancias y los helicópteros sonando en el aire de la mañana; saturación de las líneas de teléfonos celulares (Telefónica despachó antenas móviles a los sitios de los atentados para reforzar la cobertura); trenes y subtes inmovilizados hasta nuevo aviso; hoteles ofreciendo alojamiento gratis a los familiares de las víctimas; la Bolsa en picada; Protección Civil recomendando a los madrileños que, ante la sospecha de más bombas diseminadas por la ciudad, no salgan de su casa si no es imprescindible; y la histeria mutando a indignación y a rabia y, otra vez, al principio del espanto sin fin.
Primero se habla de 25 muertos, enseguida de 30, un cuarto de hora más tarde de 62, y 131. Así –entrada la tarde del jueves– hasta llegar a 186 fallecidos. Y está el testigo conmovido y que, aterrado por la magnitud del espanto, se pregunta en voz alta si esto no será una devolución de atenciones de Al-Qaida por el rol de España en la guerra de Irak. Después de todo, se sabe, buena parte de la estrategia para la caída del World Trade Center & Co. se planeó por estos lados. Así, en algún momento de la mañana circula por primera vez la versión de que ETA dijo que ellos no fueron y que se han recibido llamadas de un grupo islámico en el Ministerio del Interior atribuyéndose la carnicería. “Creo que no ha sido ETA, es la resistencia árabe”, diagnosticó Arnaldo Otegi, portavoz de Sozialista Abertzaleak, partido al que se define habitualmente como “brazo político” de los terroristas. El Ministerio del Interior no demora en desautizarlo y lo acusa de querer confundir los hechos y asegura que “no tenemos ninguna duda de que ha sido ETA”. Así lo determina, dicen, el análisis de la procedencia de los restos de explosivos. Y es el atentado más sangriento en la historia de la banda terrorista dejando muy atrás el record anterior de 1987, cuando en el supermercado Hipercor de Barcelona murieron más de una veintena de personas. Y supera en unas pocas horas a los 121 muertos acumulados desde 1973 por atentados de ETA en Madrid y a los 100 caídos en 1980, el año más sangriento de la organización hasta este 2004.
No demora en aparecer en directo el lehendakari Juan José Ibarretxe –jefe del gobierno vasco– lamentando la suerte de los hombres y mujeres “físicamente reventados”; afirmando que “cada vez que ETA atenta se rompe en mil pedazos el corazón de los vascos; porque el pueblo vasco es un pueblo civilizado... Estos señores no son vascos, son simples alimañas”; y que de este modo “ETA está escribiendo su final”. De ser así, ETA lo está escribiendo a lo grande y de la peor manera posible.
Enseguida, Mariano Rajoy anuncia que para él la campaña había terminado y que se suspendían todos los actos del Partido Popular: “España está de luto. No es momento de hablar de nada que no sea el dolor y la rabia que nos produce esta salvajada... Son horas de horror, pero también de serenidad, firmeza y determinación. No van a doblegarnos. Puedo asegurarles que España acabará con esta lacra asesina del terrorismo”.
José Luis Rodríguez Zapatero –candidato del PSOE– coincide con su rival y después de darle el pésame a los directamente involucrados en la tragedia, agregó que “lo que quieren los asesinos es hacernos perder la calma, enfrentarnos unos con otros. Hagamos lo contrario. Este es el momento de la unidad democrática. Sólo haré un llamamiento a que el próximo domingo la gente salga a votar masivamente, que voten todos: votar es, también, una forma de luchar contra ETA. Los asesinos deben saber que, sea cual sea el gobierno, no se les permitirá que se salgan con la suya. Vamos a acabar con el terrorismo. Respondamos a este desafío de sangre y muerte reafirmando nuestros valores y principios constitucionales. Nuestra unidad es la derrota del terror”.

Tarde El resto de las formaciones políticas va comunicando lo mismo: se acabó lo que se daba; y hasta el domingo no se conversará de la potencialidad de los votantes indecisos sino de la potencia de los muertos definitivos. Lo que no impide la elucubración de las consecuencias políticas de este jueves sobre lo que pueda llegar a ocurrir el próximo domingo.
Cerca de las 3 de la tarde, José María Aznar –casi ultimando los detalles de su mudanza de La Moncloa– comparece ante la prensa, apunta “la necesidad de una lucha internacional firmemente determinada a acabar con el terrorismo” y lee unas palabras donde, entre líneas, se perciben mensajes apenas codificados para la oposición: “El terrorismo no es ciego: hoy a matado a muchas personas por el solo hecho de ser españoles... No vamos a cambiar de régimen porque los terroristas maten o para que dejen de matar. Los responsables serán detenidos y cumplirán íntegramente sus condenas. No hay negociación posible con estos asesinos. Rendición sin condiciones; eso es lo único que estamos dispuestos a escuchar de parte de esta minoría de fanáticos.”
Y es que todavía está muy presente el escándalo por la reunión secreta y a escondidas del catalán de Ezquerra Republicana Josep Lluís Carod Rovira con ETA a principios del pasado enero en Francia. Cita a escondidas revelada por el periódico ABC y que amenazó con derrumbar el reciéninaugurado gobierno tripartito de izquierdas en Cataluña –donde Carod Rovira era el segundo del socialista Pascual Maragall–, a la vez que le regaló a Mariano Rajoy uno de sus más recurridos argumentos de campaña: la izquierda se reúne a conversar con terroristas y los catalanes pactan treguas para que no se atente en sus territorios. Y así, ahora, se agrega un nuevo engranaje al mecanismo secreto de lo incomprensible y de lo conspirativo: se dice que ETA atenta a días de las elecciones porque –con un PSOE recortando distancias– le interesa que el Partido Popular gane y se perpetúe en el gobierno como archienemigo conocido y particularmente cerrado a las posturas autonómicas del pueblo vasco. El atentado, suponen algunos, obligará a los indecisos a pensar en que la Izquierda (por más que esta se haya encargado de negarlo una y otra vez) puede llegar a tener actitudes más complacientes con los independentistas. Y entonces, mejor, seguir con la probada y eficaz mano dura del Partido Popular que, en los últimos tiempos, dio varios golpes durísimos al entramado de la organización terrorista desarmando comandos y capturando líderes históricos. Por eso, tal vez, un periodista pide “que nadie falte a votar el domingo y que cada cual vote lo que tenía ya decidido votar”. A ver qué pasa. Mientras tanto y hasta entonces, aquí y ahora nadie gana y todos pierden y todo esto –en bares y en presentaciones de libros y en donde sea– se conversa entre susurros y sin ganas: no está bien importunar la memoria fresca de los fantasmas recién hechos; no se habla de vaciar urnas cuando hay tantos nichos por llenar.
Cerca del anochecer, los programas de la televisión de chismes faranduleros –constantemente interrumpidos por la realidad mucho más drástica de los boletines de último momento– se llamaron al orden y, por una vez, ninguna cantaora se agarró de las mechas con ninguna esposa de torero matador y se escuchan voces por teléfono con el testimonio de quien, entre sollozos, cuenta que vio a un joven sin ojos tropezando entre las vías o que relata cómo la puerta de un vagón entró por la ventana del living de su casa. Por supuesto, abundaron lo que dicen haber perdido justo ese tren por llegar cinco minutos antes o haberse bajado en la estación anterior, etc. Los noticieros informaron que se busca a dos sospechosos a quienes se vio subir y bajar de varios trenes. Un especialista en terrorismo señaló en la CNN que esto delata “un cambio en la cúpula y en el modus-operandi de ETA” o que “ETA se había buscado nuevos socios” o que, sencillamente, “no fue ETA”. El rey habló por televisión: “El desaliento no está hecho para los españoles”, alentó. La reina, el príncipe y su prometida visitaron hospitales. Los cuerpos de las víctimas fueron llevados a un galpón del recinto ferial Juan Carlos I de Madrid para su identificación por familiares y forenses a los que asesorarán israelíes en viaje con amplia experiencia en el tema. Llegan condolencias de todo el mundo y de Bush. Almodóvar ha suspendido en Barcelona el pase a la prensa de su nueva película. Madrid, herida, ya está en las eléctricas y electrizadas primeras pantallas/planas de todos los periódicos virtuales y en una edición especial de El País que llegó a los kioskos con fotos que duele mirar pero a las que no hay que cerrarles los ojos. Hoy nadie va a dormir tranquilo. No se recuerda –no se ha vivido y sufrido– “nada así desde los bombardeos a la ciudad durante la Guerra Civil”, dijo a un micrófono un anciano que estuvo entonces y está ahora.

Noche 192 muertos y 1500 heridos y sumando y al caer la noche volvió a recordarse que el Consejo de la Unión Europea ha declarado en Bruselas que, de aquí en más, el 11 de marzo –“día en el que se ha cometido el peor acto de terrorismo en la historia moderna de los estados europeos”– será una fecha en rojo sangre en el almanaque del continente. 11-M. Ya se votó, ya es oficial: Jornada Europea en Memoria de los Muertos por elTerrorismo. A alguien se le había ocurrido, semanas atrás, homologarlo con el 11 de septiembre norteamericano. Muchos se mostraron comprensiblemente contrarios a la idea. Ahora, ya no hace falta seguir polemizando sobre el asunto; un tema menos que discutir en futuras reuniones.
Y la cosa se complica como suelen complicarse estas cosas: se ha descubierto una camioneta abandonada con varios detonadores y un cassette en árabe donde alguien lee versículos de El Corán “dedicados a la enseñanza religiosa”, explica el ministro del Interior Angel Acebes, “con claras intenciones de confundir la investigación”. En cualquier caso, se ha abierto un nuevo frente y poco tiempo después comienza a cobrar fuerza la idea de “una posible conexión islámica”. Y, claro, nuevas hipótesis y pronósticos: si fue Al-Qaida el domingo pierde el Partido Popular. Quién sabe. Un diario londinense de la comunidad árabe, Al-Quds, anuncia que ha recibido una carta de Al-Qaida atribuyéndose la autoría de la matanza a la que bautiza como “Operación Trenes de la Muerte”; y el director del periódico asegura que las intensiones de los terroristas musulmanes fueron, simplemente, las de “hacer caer al gobierno que colaboró con Estados Unidos”. Así de fácil. Han pasado poco más de doce horas desde las explosiones, y todo vuelve a explotar, y mañana sera otro día, pero la misma pesadilla.
Medianoche, ya es viernes, los diarios españoles retrasan sus cierres hasta el límite, y difícil descansar con tan pocas certezas bajo la almohada: tres días de luto oficial; concentraciones espontáneas y convocadas para hoy viernes a las 7 de la tarde en todas las ciudades del país; innumerables minutos de silencio; el domingo a votar y a hacer votos porque jamás vuelva a ocurrir algo parecido; y todas las banderas a media asta flameando en el vendaval de la onda expansiva.

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