EL MUNDO › EL HOMBRE QUE LLEVO A LA ONU LAS “PRUEBAS” DE LAS ARMAS DE IRAK

Powell renuncia al período 2 de W.

Colin Powell, secretario de Estado, oficializó su dimisión, pero se queda en el cargo hasta que se elija a su reemplazante –según fuentes de la Casa Blanca sería Condoleeza Rice–. Ayer hubo otros tres renunciantes a formar el próximo gabinete de George W. Bush.

Por Andrew Buncombe *

Después de meses de especulación sobre su futuro, el secretario de Estado Colin Powell ayer finalmente aclaró públicamente que hará efectiva su renuncia a la administración Bush en cuanto se encuentre quién lo reemplace. Los funcionarios dijeron que Powell, de 67 años, entregó su renuncia el viernes pasado y se lo dijo al personal del Departamento de Estado en cuanto llegó a trabajar ayer a la mañana. Su partida deja un enorme vacío en la cúpula de la administración y una intensa especulación sobre su sucesor.
“Estoy contento de haber sido parte de un equipo que lanzó la guerra global contra el terror, liberó a Afganistán y al pueblo iraquí, llamó la atención del mundo sobre el problema de proliferación, reafirmó nuestras alianzas, se reajustó al mundo de la posguerra Fría y emprendió grandes iniciativas para tratar el problema de la pobreza y la enfermedad en el mundo en desarrollo”, escribió Powell. “Creo que ahora que terminaron las elecciones, llegó para mí el momento de bajarme.” La intención de Powell de no servir durante un segundo período fue uno de los secretos más guardados de Washington y hubo especulaciones sobre su futuro casi desde el momento en que se unió a la administración Bush. En los meses anteriores a las elecciones, esta especulación se intensificó, mientras se rumoreaba que el veterano soldado posiblemente especulaba con un puesto como presidente del Banco Mundial. Su justificativo siempre fue que “servía al presidente”.
Powell se unió a la administración con gran respeto, tanto en el país como en el exterior, donde era considerado como la voz más moderada dentro de una administración llena de duros. A menudo tenía diferencias con el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y con el vicepresidente Dick Cheney. Ayer, el canciller británico, Jack Straw, dijo: “Ha sido un placer trabajar con Colin Powell. Es una única figura que hizo la transición de ser un gran soldado a ser un gran hombre de Estado y diplomático”. Pero Powell perdió gran parte de ese respeto, así como de su reputación como influencia moderadora en los preparativos para la guerra contra Irak. A pesar de que había tratado de convencer al presidente Bush de “tomar la ruta de la ONU” y construir una coalición más amplia, contempló cómo la administración lanzaba un ataque preventivo con el apoyo de sólo un puñado de naciones.
En realidad, en un incidente que será recordado entre los peores de los de Powell, en febrero de 2003 fue al Consejo de Seguridad de la ONU con imágenes satelitales, grabaciones de audio y mapas que demostraban que Irak estaba produciendo armas de destrucción masiva y ocultándolas de los inspectores de la ONU. “Los hechos y la conducta de Irak demuestran que Saddam Hussein y su régimen estaban ocultando sus esfuerzos para producir más armas de destrucción masiva”, dijo.
A pesar de ser ampliamente esperada, la renuncia de Powell, cuando ayer se convirtió en realidad, fue uno de los hechos que, por un momento por lo menos, detuvo el curso de la capital del país y del mundo. En un nivel, este hecho es una cuestión de historia, quizás el último hito de una de las historias más notables de la vida pública de Estados Unidos del siglo XX. Nacido en el Bronx, fue hijo de humildes inmigrantes jamaiquinos, que trascendió sus orígenes y su raza para convertirse en un general cuatro estrellas. Aquellos con buena memoria se preguntarán si no hubiera podido llegar a ser el primer presidente negro de Estados Unidos si se hubiera decidido a postularse contra Bill Clinton en 1996, cuando la nominación republicana estaba a su alcance y las encuestas lo daban como un favorito para ganar. Pero después de mucho pensarlo, declinó la posibilidad, en gran parte por las objeciones de su mujer, Alma.
No es claro quién reemplazará a Powell, que sirvió como consejero de seguridad nacional para el presidente Reagan y como jefe del Estado Mayor Conjunto bajo Bush padre y el presidente Clinton. El sucesor más obvio es Condoleezza Rice, actualmente la consejera de seguridad nacional, perotambién corren rumores de que ella puede querer renunciar a la administración. También se dice que ella es menos entusiasta sobre los deberes ceremoniales de la tarea.
Otros contendientes son el embajador de Estados Unidos en la ONU, John Danforth, y el senador Richard Lugar, jefe del comité de Relaciones Exteriores del Senado. Otra opción y una que deleitaría a los halcones en Washington, es Paul Wolfowitz, actualmente vicesecretario de Defensa y uno de los arquitectos de la guerra de Irak. La renuncia de Powell llega cuando Estados Unidos está tratando de involucrarse más en un proceso de paz de Estados Unidos, después de la muerte del líder palestino Yasser Arafat. Durante el fin de semana, Powell dijo que estaba planeando reunirse con el nuevo liderazgo palestino más adelante durante este mes en El Cairo.
Powell fue uno de los cuatro miembros del gabinete que ayer anunciaron su renuncia. El secretario de Energía, Spencer Abraham, el secretario de Educación, Rod Paige, y la secretaria de Agricultura, Ann Veneman, también anunciaron su plan de no servir durante un segundo mandato. Bush ya anunció un nombramiento para reemplazar al fiscal general John Ashcroft, seleccionando al actual consejero de la Casa Blanca, Alberto Gonzales.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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El secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, contesta a las preguntas de los medios.
 
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