ECONOMIA

Unos empresarios están a la defensiva y otros, de festejo

Sectores sensibles a las importaciones chinas, como juguetes, textiles y calzados piensan que serán la prenda de negociación.Exportadores del campo, siderúrgicas y papeleras están entusiasmados.

 Por Cledis Candelaresi

Será difícil que un acuerdo comercial o el reconocimiento a la economía china como “de mercado” provoque un aluvión de juguetes, ropa o zapatillas fabricadas en el país asiático, según señalan algunos expertos. Sin embargo, aquella perspectiva erizó la piel de industriales de esos sectores, sensibilizados por la competencia externa del origen que fuere. “Vemos soluciones infantiles: en los ‘90 las importaciones se utilizaban para controlar precios; ahora, para atraer inversiones”, se lamentaba ayer el fabricante de hilados Teddy Karagozian. En el otro extremo están las firmas del complejo sojero, con posibilidades de engrosar sus buenos negocios. Sus productos representan el 80 por ciento de las ventas a un destino al que Argentina está consiguiendo exportar cada vez más, aunque no por ello deja de ser un proveedor pequeño para la gigantesca economía asiática.
Hay algunos argumentos comunes en el empresariado local para cuestionar una relación comercial más fluida sobre la base de considerar a China como un país capitalista convencional, rango que ya le dio formalmente la Organización Mundial de Comercio. Uno es que la compleja estructura de producción mixta de los chinos hace muy difícil probar la existencia de maniobras desleales como el dumping (venta al exterior por debajo del costo). Otra, que el Estado auxilia a sus productores con diversas clases de subsidios. Finalmente, que los recursos para pedir amparo ante la OMC suelen resultar caros y muchas veces infructuosos.
Según constató Karagozian, de TN Platex, una fábrica de hilados de aquel país paga a sus operarios el equivalente a 100 dólares mensuales contra los “casi 200” que gana un argentino. Pero la misma unidad de materia prima que acá cuesta 1 dólar, allá vale 1,40; del mismo modo que la unidad energética que acá se paga 5 centavos de dólar allá cuesta 10. ¿Por qué serían peligrosos si enfrentan mayores costos? La clave es que el propio Estado chino termina compensando a la empresa por esos costos superiores para que ésta se asegure competitividad frente a otros productores del mundo. Al reconstruir la cadena propietaria del ejemplo, el último eslabón era el Ministerio de Producción de aquel país, aunque el exportador de la prenda terminada sea una firma privada.
Frente a esto, el empresario argentino sugiere un acuerdo que bloquee el ingreso de textiles chinos pero que facilite la importación de máquinas para fabricarlos. Suena casi de sentido común si se atiende a que ese equipamiento no se produce aquí y que resulta entre un 50 y un 70 por ciento más barato que el que se puede traer desde Europa.
También los fabricantes de calzados alzan su voz de alerta, a pesar de que están amparados por un derecho específico del 35 por ciento. Según explica Alberto Sellaro, titular de la cámara del sector, sobre un mercado argentino de 70 millones de pares, 2,7 son chinos. El problema, en particular se da en el segmento de zapatillas de marca, que se comercializan a más de 100 dólares al público, pero ingresan a sólo 10 dólares antes de impuestos.
Sin embargo, el peligro amarillo se atenúa frente a datos como que, salvo la marca Puma, desde el cierre de Gatic es muy poco lo que se fabrica localmente de calzado deportivo. Amén de que el mayor ingreso de zapatillas baratas es made in Brazil, desde donde llegan a unos módicos 14 dólares. El socio del Mercosur vende hoy más de 14 millones de pares, número limitado por un acuerdo binacional de dudoso cumplimiento. “Hoy el mercado está muy comprimido y hay fábricas que pueden cerrar”, advierte aquel empresario.
Más comprometido se vislumbra el panorama de los jugueteros, protegidos de la importación a través de distintas barreras (valores de referencia, derechos específicos y normas de seguridad), cómodamente franqueadas por los chiches asiáticos. Prueba de ello es que el 77 por ciento de las importaciones provienen de China y suman 17,5 millones de dólares, liderando por monto el ranking de importaciones desde China.”Ellos pagan salarios irrisorios y tienen subsidios a la exportación. Llevar un antidumping a la OMC es difícil y casi siempre se pierde”, explica Miguel Faraoni, responsable del gremio patronal que los nuclea.
De acuerdo con un reciente informe del Centro de Economía Internacional de la Cancillería, Argentina no compraba nada a China en la década del ‘80, situación que cambió notoriamente a partir de 1995 y hoy las importaciones desde allá representan el 8 por ciento del total de compras externas. El 44 por ciento de los containers que llegan desde ese lugar de Asia corresponden a “máquinas y bienes de transporte”, títulos que engloban desde radiograbadores a motocicletas.
Para los defensores de la industria nacional, quizá resulte más preocupante la tendencia que la foto. El comercio bilateral es superavitario para al Argentina, que entre enero y agosto de este año exportó a China por 2000 millones de dólares, un 10 por ciento más que en ese período del 2003. Claro que, en ese mismo lapso, las compras desde aquel país sumaron 767 millones, un 105 por ciento más.
Mientras estos números recopilados por el CEI desvelan a algunos sectores, otros se entusiasman pensando en las nuevas oportunidades, aun en caso de que no hubiera un acuerdo comercial en ciernes. Locales como Aceitera General Deheza o trasnacionales como Bunge Argentina, Cargill y Dreyfus, del complejo oleaginoso; curtidoras como Yoma, las siderúrgicas Siderca y Siderar, la papelera Alto Paraná, PBB Polisur, Petrobrás Energía o Repsol YPF ya exportan a los chinos y van por más.

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La diferencia de costos y la ayuda estatal hacen más competitivos los productos chinos, se lamentan industriales argentinos.
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