EL MUNDO › RENE PREVAL OCUPA EL SILLON PRESIDENCIAL DEL PAIS MAS POBRE DEL CONTINENTE

Haití, con un presidente que promete paz

“Haitianos, la solución a los problemas del país está en nuestras manos”, dijo René Préval durante su asunción. Advirtió que la Misión Especial de la ONU para la Estabilización de Haití (Minustah) “aún no ha terminado” su trabajo en el país. Argentina forma parte de esa misión.

Más de dos años después de la caída de Jean Bertrand Aristide, Haití vuelve a tener un presidente democrático. Frente a la mirada y las expectativas de todo el mundo –y de los propios haitianos–, René Préval asumió ayer la presidencia de la nación más pobre del continente por los próximos cinco años. En su discurso, ya entrada la tarde en el Palacio Presidencial, el nuevo mandatario aseguró que sólo después de conseguir “la paz podremos abrir la puerta a las inversiones, la creación de empleos, el trabajo y la educación”. Préval también adelantó que la Misión Especial de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) “no ha terminado aún” su trabajo en el país.

Aunque no fue mencionado en ninguna de las tres ceremonias –la jura en el Congreso, la misa en la Catedral de Puerto Príncipe y el discurso presidencial en la Casa de Gobierno–, el ex presidente Aristide fue un protagonista incuestionable de la jornada de ayer. Durante la jura, fuera del Parlamento, miles de haitianos se reunieron para celebrar la asunción de Préval, llevando camisetas con su imagen y la de Aristide. “Quieran o no, Aristide va a volver”, coreaban los jóvenes en creole. A pesar de que el actual mandatario rechazó durante la campaña su vinculación con su antiguo aliado y amigo, gran parte de sus simpatizantes consideran que su elección llevará a una vuelta del ex presidente, actualmente exiliado en Sudáfrica. De hecho, la mayor parte de los haitianos que votaron a Préval provienen de Cité Soleil, uno de los barrios más pobres de Puerto Príncipe y el principal bastión de los seguidores de Aristide.

Sin dudas, uno de los principales desafíos que tendrá el gobierno de Préval será el de conciliar los intereses de este grupo –esencial para la futura gobernabilidad del país– y los de los sectores acomodados y muy minoritarios y de las potencias extranjeras. Esto se verá acentuado por los dos fantasmas que desde ahora sobrevuelan al gobierno. Por un lado, Aristide. Préval deberá decidir si permite o no la vuelta del ex presidente y bajo qué condiciones. Días después de ser elegido, había afirmado que no había motivos para negarle la entrada al país, declaración que no cayó bien en Washington, uno de los principales promotores de su salida del gobierno en febrero de 2004. Por otro lado, Préval deberá lidiar con el recuerdo de su primer gobierno (1996-2001), en el que logró sacar al país de la crisis económica, provocada por el embargo económico internacional contra el gobierno de facto del ex general Raoul Cedras. No son pocos los que esperan que el ingeniero agrario de 63 años pueda repetir la hazaña. Hazaña aún mayor si se tiene en cuenta que fue el único gobierno que no sufrió un levantamiento, militar o popular.

La toma de mando, que contó con un gigantesco operativo de seguridad, en el que participaron unos 4500 policías y soldados de paz, incluyó a representantes de los tres principales financiadores de la Minustah: el gobernador de Florida y hermano del presidente de Estados Unidos, Jeb Bush; el canciller francés, Philippe Douste-Blazy, y la gobernadora general de Canadá, Michaelle Jean. También estuvieron presentes el jefe de la Minustah, el chileno Juan Gabriel Valdés; el vicepresidente brasileño, Jose Alencar; su par venezolano, José Vicente Rangel; y la ministra de Defensa argentina, Nilda Garré (ver aparte), entre otros.

Las esperanzas son muchas, al igual que los desafíos. Todavía no es claro cuál será la dirección que tome el nuevo gobierno en varias cuestiones clave, como la situación de Aristide, el conflicto con las milicias que apoyan al ex presidente y la relación con las potencias extranjeras, especialmente con Washington. Sin embargo, Préval dio ayer una señal al abrir su discurso: “Haitianos, la solución a los problemas del país está en nuestras manos”.

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Préval deberá decidir si permite o no la vuelta de Aristide.
 
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