EL MUNDO › REUNION DE BUSH PARA CAMBIAR LAS TACTICAS EN IRAK

Una guerra en emergencia

 Por Rupert Cornwell *
Desde Washington

Ante la creciente crisis en Irak, el presidente George Bush se va a reunir hoy de emergencia con sus principales generales. El objetivo es ver si es necesario un cambio de estrategia frente a la escalada de violencia en un país que parece estar saliéndose de control. Dos días después de que reconoció las posibles similitudes entre el Irak de hoy y el Vietnam de hace una generación, Bush dijo que discutiría el empeoramiento de la situación con el general John Abizaid, comandante general de Estados Unidos en Medio Oriente, y con el General George Casey, al mando de los 145.000 efectivos estadounidenses en Irak.

“Estamos ajustando constantemente las tácticas para poder lograr nuestros objetivos y en este momento es muy duro”, dijo ayer el presidente. “Uno de los motivos por el que vemos más bajas es que el enemigo es activo y también lo son nuestras tropas”, añadió. Las palabras de Bush coronan una semana especialmente desastrosa en la guerra que ya dura tres años y medio. Por momentos, toda la estrategia aliada parecía deshacerse en medio del incesante derramamiento de sangre en el país y de las crecientes críticas domésticas, incluyendo importantes miembros de su propio partido, el republicano.

La semana comenzó con signos de consternación en Londres y Washington por los comentarios explosivos del general Richark Dannat, jefe del Estado Mayor, de que la presencia de tropas extranjeras podría “exacerbar” la situación en Irak –palabras que se entendieron como un llamado del soldado de más alto rango de Gran Bretaña para una rápida salida de las fuerzas de coalición–. Tomado desprevenido, Tony Blair insistió primero en que no habría ninguna retirada “hasta que el trabajo estuviera hecho”, declarando que ésa era la opinión también del general Dannat.

Pero sólo 24 horas después el primer ministro estaba enfatizando su deseo de que Gran Bretaña y Estados Unidos abandonaran Irak lo antes posible, citando la opinión del general Casey de que las fuerzas de seguridad iraquíes podrían estar listas para hacerse cargo en un período de 12 a 18 meses. El mismo debate se hacía oír en Washington, donde cada día llegaban noticias de baños de sangre y de un resurgimiento de las bajas militares en medio de una campaña para controlar la violencia entre sunitas y chiítas y hacer frente a la implacable insurgencia antiestadounidense.

En lo que va de octubre murieron 74 soldados estadounidenses, lo que hace de este mes el más sangriento desde enero de 2005. Al mismo tiempo, Washington está visiblemente perdiendo la paciencia con Nouri al-Maliki, el primer ministro de Irak, que resultó incapaz y mal dispuesto para imponerse a las milicias chiítas que ahora controlan grandes áreas del sur. La más poderosa de las milicias, conducida por el clérigo antiestadounidense Muqtada al Sadr, tomó ayer el control de la ciudad de Amarah en la acción miliciana más osada hasta ahora. Un día antes, los comandantes de Estados Unidos admitieron que dos meses de campaña conjunta de las fuerzas estadounidenses e iraquíes para pacificar Bagdad había fracasado, y el trabajo sobre la seguridad tendrían que “reenfocarse”. Un proceso similar está ocurriendo ahora en los más altos niveles en Estados Unidos, cuando los sondeos de aprobación del presidente Bush caen a sus números más bajos y los republicanos se enfrentan a la perspectiva de una derrota en las elecciones legislativas del 7 de noviembre. En ambos casos, básicamente como resultado de la insatisfacción del público por una guerra que el 66 por ciento de los estadounidenses considera ahora un error.

En cierto sentido, el debate es una cuestión de semántica, la diferencia entre táctica y estrategia. Bush repitió a los periodistas que los mandos norteamericanos estaban “ajustando constantemente” sus tácticas para lograr sus objetivos, pero sus asistentes insisten en que la estrategia –hacia la “victoria”– permanece sin cambios. Tony Snow, vocero de la Casa Blanca, explicó que sería un “abandono del deber” si los generales no ajustaran sus tácticas para hacer frente a una situación que se deteriora.

El objetivo explícito de la administración Bush no fue alterado: crear un Irak estable que pueda gobernarse a sí mismo y ayudar en la lucha contra el terrorismo. Ese enfoque no cambiará. “Bush no es alguien que se pone nervioso con las encuestas”, declaró Snow. Pero esas afirmaciones no satisfacen ya a los miembros clave de su propio gobierno. Día a día, la cantidad de senadores y congresistas republicanos influyentes con posturas críticas va creciendo. Son políticos que proclaman que el presente estado de cosas no puede continuar.

La clave para cualquier cambio puede estar en la comisión independiente liderada por el ex secretario de Estado James Baker, que está estudiando opciones para una nueva estrategia en Irak y entregará su informe en diciembre o enero, después de las elecciones. Estas opciones toman fuerza con la inesperada concesión de parte de Bush de que “podría haber” un paralelo entre la Ofensiva del Tet de 1968 por los vietnamitas del norte y el actual aumento de violencia en Irak. Entre las opciones que se discuten está una fase de retiro de tropas, alguna forma de confederación para Irak (que los críticos dicen que debería ser la partición) y aun conversaciones directas con Siria a las que Irán asistiría.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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