EL MUNDO › OPINION

De espaldas

 Por Washington Uranga

En poco menos de una semana, Benedicto XVI celebró misa de espaldas, reafirmando su decisión de reinstalar un rito que parecía olvidado en la Iglesia Católica, y tuvo que suspender su visita a la Universidad de La Sapienza de Roma debido al rechazo de un grupo de profesores que califican a Ratzinger de “oscurantista” por antiguas declaraciones suyas, justificando la condena eclesiástica a Galileo Galilei en 1632. Es imprescindible comenzar diciendo que no se justifica ninguna actitud sectaria y discriminatoria y, en ese sentido, a quienes impidieron la visita del Papa a la prestigiosa universidad romana podrían caberles los mismos calificativos que usan respecto del jefe de la Iglesia Católica. Por esto y por la influencia política que el Vaticano sigue teniendo en Italia se pueden comprender las expresiones de solidaridad con el pontífice que, acerca de la suspensión de la visita a la universidad, partieron también de personalidades y movimientos de izquierda italianos.

Pero, más allá de estas consideraciones, está claro también que Benedicto XVI comienza a cosechar el fruto de sus pronunciamientos, de la reafirmación de las posiciones conservadoras y, lo que resulta más grave, del evidente paso atrás que en muchos sentidos viene propiciando en relación con posturas que se creían superadas o de avances conceptuales y doctrinales realizados por la Iglesia Católica. Joseph Ratzinger no sólo es un conservador al estilo que lo fue Karol Wojtyla, sino que milita esa posición conservadora sin atenuantes, sin el carisma y la cintura negociadora de su antecesor. El papa alemán parece estar convencido de que su pontificado es un tiempo de transición y que en ese período su tarea será la de restaurar y afianzar los principios conservadores de tal manera que cualquier revisión posterior se haga lo más difícil y engorrosa. O en otras palabras: que cualquier revisionismo implique, para un eventual sucesor, un alto costo político institucional que lo obligue a pensarlo dos veces. Esta decisión papal, que se refleja en innumerables determinaciones respecto de la doctrina, pero también en la disciplina y la organización interna de la Iglesia, profundiza las divisiones en el catolicismo y sigue alejando de sus filas a muchas personas que no encuentran respuestas en el catolicismo, precisamente porque entienden que la Iglesia les da la espalda a los desafíos e interrogantes que les plantea la vida cotidiana.

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