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Sarkozy gana en glamour, pero cae en los sondeos

La relación con la modelo y cantante Carla Bruni y sus vacaciones lujosas le dieron amplia publicidad al presidente francés. Sin embargo, el efecto político resultó adverso.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Las luces del escenario pueden iluminar al personaje, pero ensombrecer su protagonismo en la obra. Esa paradoja es la que ha alcanzado de lleno al presidente francés Nicolas Sarkozy. Por primera vez desde que asumió la presidencia hace siete meses, y en momentos en que se inicia la campaña electoral para las elecciones municipales del próximo marzo, el mandatario empezó a gobernar esta semana con una mayoría de opiniones negativas. Su vida privada, vacaciones fastuosas y viajes románticos con su última compañera, la ex modelo y cantante Carla Bruni con quien, según algunos medios, ya contrajo matrimonio, deleitan a los lectores de las revistas del corazón y a los cazadores de imágenes. Sin embargo, esas andanzas tienen un efecto político proporcionalmente inverso al estruendo que hacen en los medios sentimentales.

La conferencia de prensa ofrecida por Sarkozy la semana pasada, organizada en el palacio presidencial del Elíseo con una fastuosidad hollywoodense, parece haber marcado el punto de inflexión de la opinión pública. Las cifras publicadas a principios de la semana indican que hay 48 por ciento de personas descontentas con el presidente contra 45 por ciento satisfechas (sondeo BVA-Orange). El contenido de la conferencia de prensa decepcionó a dos categorías clave del electorado: el popular y la tercera edad. Muy esperada por los electores, la intervención de Sarkozy se limitó a un hábil ejercicio literario. A lo largo de sus casi tres horas de palabras, Sarkozy consagró un espacio consecuente a su relación amorosa con Carla Bruni y casi nada a lo que constituye el tema prioritario de la sociedad: el poder adquisitivo. Sarkozy no evocó el tema, ni anunció medida compensatoria alguna. Apenas dijo: “No puedo vaciar las cajas que ya están vacías”.

La sanción de la opinión surgió de inmediato. Las últimas ediciones de los semanarios franceses son un fuego de artificio, cuya figura central es el presidente y el tema de su vida privada. A ello se le agrega un aluvión de libros sobre su ex esposa, Cecilia Sarkozy, que borran uno poco más los estrictos límites que siempre se respetaron en Francia entre acción pública y vida privada. Un miembro del gabinete reconocía en las páginas de Le Monde la realidad de las encuestas desfavorables y el motivo de las mismas, que las atribuye “al hiato entre lo que se les pide a los franceses y el comportamiento privado”. Al mandatario no parece molestarle ese “hiato”. El pasado 15 de enero, en el curso de su viaje en los países del Golfo, Sarkozy confió a los periodistas del diario Le Parisien: “Fui el ministro de Interior del cual se hablaba más. Ahora soy el presidente de quien más se habla. ¿Qué puedo hacer?”. Otro detalle visible: la prensa, que antes estaba escandalosamente a sus pies, empieza a dar signos de emancipación. Según reconoció el consejero en estrategia política Thierry Sausez en las columnas de Le Monde: “Asistimos a la venganza de los medios (...). Los periodistas encuentran el control de la agenda política que el presidente les había impuesto”.

Esta configuración de corrientes adversas se instala cuando se lanza la campaña electoral para las elecciones municipales que tendrán lugar en marzo próximo. Sarkozy asumirá el liderazgo de esta campaña y es muy probable que, enfrente, en los rangos de la oposición socialista, encuentre a la misma adversaria con quien disputó la segunda vuelta de las elecciones municipales: Ségolène Royal.

El oficialismo busca hacer de esta consulta una tercera celebración de su poderío electoral –presidencial, legislativo, municipal–, con un objetivo central: reconquistar los grandes centros urbanos en manos del Partido Socialista. Los socialistas aspiran a convertir las elecciones municipales en un voto sanción contra la derecha. Sarkozy, de hecho, tiene un campo de acción despejado. Pese a que el electorado popular se le empieza a dar vuelta, la oposición socialista no ha conseguido poner en marcha una dinámica verosímil. El PS todavía sigue buscando un líder que encarne la renovación. Ahora, la cita con las urnas vuelve a poner en el escenario a dos adversarios socialistas: Ségolène Royal y el intendente socialista de París, Bertrand Delanoë. Ambos se disputan doble cetro: liderazgo interno de cara a las municipales y control del partido.

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Sarkozy, en su última conferencia, habló poco de la economía.
 
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