EL MUNDO › NOBEL, EX INSPECTOR NUCLEAR DE LA ONU Y LIDER OPOSITOR EGIPCIO

El Baradei, el hombre que volvió

Está de acuerdo en que los mejores líderes potenciales egipcios están en el exilio deliberadamente. Como lo estuvo él, hasta que regresó en medio de la revuelta. El Baradei se dice convencido de que Mubarak se irá.

 Por Robert Fisk *

¿El hombre del momento? Claro que Mohamed El Baradei lo es. Pero, ¿hombre del pueblo? Tengo mis dudas. No afirma serlo, desde luego, y sentado en un sillón de su jardín, cerca de una piscina de un azul inconcebible, pero más bien pequeña, a veces parece –aun con su gorra de béisbol– un ratón con anteojos, muy amigable y astuto. No le gustará esa descripción, pero sospecho que es un ratón de dientes muy afilados.

Es casi una delicia oírlo disecar a los ratones más grandes que trabajan en la Casa Blanca y el Departamento de Estado. “¿Recordás cómo en el segundo día lo único que se escuchaba era que estaban ‘vigilando la situación’? Ese día la secretaria Clinton dijo: ‘Evaluamos la situación como estable’. Fue gracioso escucharla el domingo decir: ‘Llevamos 30 años impulsando al egipcio Mubarak a avanzar en ese sentido’. Y él retrocedió; ¿cómo demonios se le puede pedir que realice una reforma democrática? Luego Clinton habló de las ‘legítimas aspiraciones del pueblo egipcio’ y ahora menciona una ‘transición pacífica del poder’... Creo que saben que Mubarak tiene los días contados.”

A veces El Baradei –Premio Nobel, ex inspector nuclear de la ONU– parece demasiado esperanzado. Está de acuerdo en que los mejores líderes potenciales egipcios están en el exilio deliberadamente. Hace poco tiempo, al dar una conferencia en Harvard, encontró 15 egipcios en el consejo académico de la universidad.

“Les dije: si regresan, pueden gobernar Egipto.” Pero no es tan sencillo. El Baradei lo reconoce: “Es una vieja historia que termina así: ‘Mubarak es amigo de Israel y creemos que un cambio producirá un gobierno hostil a Israel y traerá un velayéfakí (régimen bajo la guía de un líder religioso supremo) al estilo iraní’. Para mí eso es una ‘ficción verdadera’. Necesitamos librarnos de esa ficción verdadera acerca de la Hermandad Musulmana y de la hostilidad automática hacia Israel. Es un hecho que una paz duradera sólo puede darse entre democracias y no entre dictadores y, si uno quiere una paz duradera, sea que Egipto sea una democracia o una dictadura, los sentimientos de la gente de la región no van a cambiar”.

Se dice convencido de que Mubarak se irá. Lo mismo decimos todos. También dice creer que el ejército egipcio no combatirá al pueblo, lo cual de ningún modo es seguro. Sospecho que, al igual que yo, a El Baradei no le gustan demasiado los ejércitos. Me parece que, a final de cuentas, el ejército egipcio estará con el pueblo. Es un asunto de sentido común cuando se ve a un par de millones de personas en la calle que representan a 85 millones de egipcios que odian a Mubarak y quieren verlo irse. El ejército es parte del pueblo. Y al terminar el día, cuando se quita el uniforme, el soldado es parte del pueblo, con los mismos problemas, la misma represión, la misma incapacidad de tener una vida decente. Así que, a la larga, no creo que vayan a disparar a su pueblo. ¿Por qué tendrían que disparar al pueblo? ¿Para proteger qué?

Cuando Egipto perdió la guerra de 1967, El Baradei escribió: un soldado combate porque defiende algo que quiere conservar. Pero en esta guerra, ¿por qué luchaban los soldados egipcios? No había nada a lo cual regresar. Así que huyeron, se escaparon. Nasser, según el gran hombre, fue el peor de los dictadores egipcios –nacionalizó hasta los quioscos–, pero la senda de la dictadura siguió su curso hasta hoy. Hace todavía unos meses no imaginaba lo que iba a ocurrir. “Un día fui a un velatorio y le dije a mi hermano que al mirar a los ojos de los dolientes vi que todos estaban muertos: eran almas muertas. Ahora miro a la gente y ha recobrado la confianza en sí misma. Es libre. Fue como una olla de presión.”

Con voz áspera, pero letal, se refiere a la hipocresía, la dictadura, la negligencia criminal, los actos más oscuros de las fuerzas de seguridad, la lealtad del ejército al pueblo. No, no quiere ser presidente, pero cuando le pregunto si consideraría un interinato –hasta que se realicen elecciones imparciales, naturalmente– recibo una respuesta tradicional. “Si hay consenso en todo el pueblo de que haga lo que él piense que pueda hacer por él... lo haré.” Hummmmm, pienso para mí.

Todo esto seguirá siendo igual a menos que atendamos los reclamos de los palestinos, hasta que ustedes (los occidentales) revisen su política en la región. Tenemos una extraña relación, en la que ustedes llaman paz a esto, pero no pueden publicar un libro israelí aquí, o viceversa, por ejemplo. Si en verdad quieren la paz, esta sólo se puede hacer duradera con democracia, pero ustedes tienen también su responsabilidad, que es revisar una relación equilibrada, en particular en el tema palestino, Irak, Afganistán, y entonces tendrán un mundo árabe que será amigable con Occidente.

El Baradei sorprende al hablar bien de Mubarak, el hombre. La última vez que lo vio fue hace dos años. “Iba a verlo cada vez que regresaba de una misión de la ONU o de unas vacaciones. Siempre tuve una recepción amistosa. Era una relación muy cordial. Era de igual a igual, sólo nosotros, y sin formalidades. Le decía lo que pensaba de tal o cual problema, lo que debería hacerse. En realidad él no tenía consejeros que tuvieran el coraje de decirle la verdad.”

El Baradei está indignado por los incendios provocados y los saqueos. Cuando le pregunté si la policía de seguridad del Estado estuvo detrás de los incendios –usados por Mubarak, Obama y Clinton para etiquetar de violentos a quienes exigen la partida de Mubarak–, el ratón muestra los dientes.

“Ellos fueron (los policías). Ahora sabemos de documentos que muestran que algunos de esos oficiales se quitaron el uniforme y se lanzaron a saquear. Y todos dicen que el Ministerio del Interior o algún otro les ordenó hacerlo. Si es cierto, es el más siniestro de los actos criminales. Tenemos que verificarlo. Pero es seguro que muchas de esas bandas de matones y saqueadores son parte de la policía secreta.”

Y luego, de pronto, en esa voz aguda, con los ojos destellando tras los lentes de fondo de botella, el ratón se vuelve un tigre. “Cuando un régimen retira por completo a la policía de las calles de El Cairo; cuando los matones son parte de la policía secreta, tratando de dar la impresión de que sin Mubarak el país se irá al caos, estamos ante un acto criminal. Alguien tiene que rendir cuentas. Y ahora, como se puede oír en las calles, la gente ya no dice que Mubarak debe irse, sino que debe ser llevado a juicio. Si quiere salvar el pellejo, es mejor que se vaya.”

Cielos, vaya que esos dientes son afilados.

* De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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“Necesitamos librarnos de esa ficción verdadera acerca de la hostilidad automática hacia Israel”, dice el Nobel.
 
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