EL MUNDO

Una ciudad entre Saddam Hussein, la compra de alimentos y el dólar

Por Francisco Peregil *
Desde Bagdad

Después de 15 días de guerra, ayer apareció Saddam Hussein por las calles de Bagdad. Durante las primeras horas de la mañana, los periodistas teníamos prohibido salir. En teoría, la causa era que la situación en la ciudad se había vuelto incierta. Por la tarde, la televisión iraquí mostraba a Saddam Hussein saludando a los ciudadanos.
La gente, que a diario ve su imagen por las calles en forma de estatua o de fotografía, de pronto pudo cantarle lo que llevan cantando muchos sin parar, desde hace varios meses: “Saddam, por ti daremos el cuerpo y el alma”. Y Saddam se dejaba querer. Con su mano derecha apretaba otras manos, o la alzaba hacia el cielo como la alzan sus estatuas.
La televisión iraquí, que en las últimas semanas sólo proyectaba videos pregrabados de canciones de apoyo a los soldados que los iraquíes se saben de memoria y algún que otro informativo, irrumpió en el aire de pronto ayer con imágenes supuestamente actuales. Un camarógrafo, desde un coche, se paseaba por los barrios más conocidos de la ciudad, procurando, eso sí, no hacer tomas de los descalabros que 15 días de bombardeos ininterrumpidos han infligido sobre la ciudad.
Por su parte, el ministro iraquí de Información, Mohamed Said al Sahhaf, advirtió a los aliados de que el ejército iraquí podría recurrir anoche a “acciones no convencionales”. También señaló que las tropas estadounidenses se encuentran “rodeadas” en el aeropuerto internacional de Bagdad y que “no van a sobrevivir”. “Esta noche llevaremos a cabo algo que no es tradicional, no convencional, algo que va a dar una gran lección a estos mercenarios –aseguró el ministro portavoz–. Será muy difícil que alguno de ellos salga con vida a menos que se rindan rápidamente.”, añadió. Pero la acción no ocurrió.
Una cosa es lo que los portavoces del régimen dicen y otra lo que sucede en la calle. En Bagdad, cuanto más bajo vuelan los aviones americanos, más alto sube el dólar. Hace un mes un dólar costaba 2000 dinares. Con el ultimátum de Bush se puso a 2400. Llegó la guerra y el billete americano subió a 3000. Ayer, en las calles de Bagdad, un dólar costaba ya 3700 dinares. Pero ayer fue un día algo especial.
A las cinco de la tarde del jueves, las autoridades iraquíes habían llevado a un grupo de medios, previamente seleccionados, hacia el aeropuerto de Bagdad. Era para que comprobasen sobre el terreno que las especulaciones y los rumores sobre si los americanos estaban allí eran falsas. Lo comprobaron. Todo estaba bajo control del ejército iraquí. Pero aquello sólo duró unas horas. A la mañana del día siguiente, los norteamericanos decían que controlaban la mayor parte del aeropuerto y por la tarde ya lo controlaban por entero.
Pero los propios guías, agentes del Ministerio de Información, aconsejaban a los periodistas que compraran provisiones cuanto antes. La propia ciudad tenía aspecto de andar acumulando provisiones. En las calles comerciales los vendedores ambulantes vendían máscaras. En realidad, eran mascarillas como las que usan los barrenderos. Una vez más se veían los coches cargándose de botellas de agua mineral, de dátiles y frutos secos. La ciudad había quedado sin luz el día anterior y las grandes emisoras en árabe como Radio Montecarlo, Radio France Internacional y la Voz de América advertían de que los norteamericanos habían tomado el aeropuerto.
Saddam compareció en la televisión iraquí para alentar al pueblo: “La victoria está en nuestras manos, pero necesitamos reforzar el campo de batalla y les recuerdo que ésa es la obligación de ustedes. Debemos llevar la iniciativa y sólo me vale el sacrificio al cien por cien”.Pero el pueblo sigue apostando por el dólar. Cada día de guerra demuestra que los iraquíes han ido plantando sus ahorros en ese huerto. Lapropina para el camarero de 12 billetes de 250 dinares, que hace semanas parecía generosa, ahora roza la tacañería.
Sin teléfono, sin luz en la mayoría de la ciudad, y sin idea de qué va a deparar el día siguiente, los ciudadanos mantenían la calma dentro de lo posible. Hay muchas tiendas cerradas pero muchas abiertas también. Día y noche, de forma inexorable van cayendo objetivos civiles y militares. Esta semana fueron destruidos los hangares de una de las mayores fábricas de coches de la ciudad, y también el recinto ferial de Bagdad. “Este recinto era uno de los orgullos de nuestro país. Aquí se han organizado ferias famosas en todo oriente”, comentaba un ciudadano. “No había nada militar dentro. ¿Por qué lo destruyen?”, se preguntaba un ciudadano iraquí.
Sin embargo, a pesar del aspecto cada vez más desolado que adquieren muchas partes de la ciudad, aún no se han registrado saqueos ni nada por el estilo. Las bombas no dejan de atronar, mañana, tarde y noche. Pero los milicianos siguen paseándose por las calles tranquilamente con sus kalashnikov. “Los americanos han podido llegar al aeropuerto –comentaba ayer un funcionario–, pero no les va a resultar fácil tomar la ciudad. Morirán muchos norteamericanos antes de entrar aquí”.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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