EL MUNDO › OPINION

Revolución política

 Por Claudio Uriarte

La Bolivia profunda se ha expresado. Un torrente de votantes rurales previamente ignorados por las encuestas y el sistema político, pero hoy desenterrados de la indiferencia y la abstención por el liderazgo del candidato cocalero Evo Morales, virtualmente ha puesto el viejo país cabeza abajo. En otras palabras: que un país que hace sólo tres años supo elevar a la primera magistratura al anglohablante Gonzalo Sánchez de Losada y aún antes al ex dictador Hugo Banzer Suárez encumbre ahora con la mayoría absoluta de los votos al primer presidente indígena de América latina no puede reflejar sólo un drástico viraje del humor de los votantes, sino un cambio del censo electoral que ayer se representó en las urnas. Es nada más ni nada menos que el surgimiento de una nueva Bolivia.
El giro a la izquierda en la región se profundiza, y la política norteamericana parece cada vez más fuera de época. Porque, al margen de la clásica indiferencia unilateralista de gran potencia de Estados Unidos hacia América latina, y de las realidades políticas propias de los países que la comprenden, es muy posible que los estilos prepotentes y anacrónicos con el que las embajadas norteamericanas siguen tratando de imponer sus preferencias políticas locales (Bolivia y Venezuela son dos ejemplos flagrantes, pero no los únicos) estén logrando el efecto de catapultar el resultado precisamente opuesto, sea en Caracas como en La Paz. Irónicamente así lo advirtió hace poco el ahora derrotado candidato derechista y delfín banzerista Jorge “Tuto” Quiroga, al señalar que “gran parte de la campaña de Evo se la ha hecho la Embajada norteamericana”. Pero Estados Unidos es inflexible en su política –combatida por Morales– de erradicación de cultivos de coca, y éste puede ser un punto de fricción considerablemente más grave –por las obsesiones estadounidenses con los “agujeros negros” geopolíticos creados por los negocios ilegales– que los forcejeos del futuro gobierno con las compañías de hidrocarburos.
Esta no va a ser una experiencia fácil ni carente de traumas –particularmente en relación con los autonomismos regionales de las zonas más privilegiadas, como Tarija y Santa Cruz de la Sierra–, pero, por un considerable lapso de tiempo político, Evo tiene en su haber la formidable y contundente legitimidad del voto conquistado. Esa misma que hizo que Quiroga se adelantara a concederle el triunfo antes de que el conteo oficial estuviera en regla, y que ahora le representa un camino abierto con luz verde.

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