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En Israel se discute la estrategia militar, pero no hay debate político

Ante la falta de un debate público sobre una futura salida política del conflicto, las expresiones de malestar y descontento giran en torno de la eficiencia y el poderío de la ofensiva militar. Algunas razones para entender el silencio del centroizquierda.

 Por Sergio Rotbart
Desde Jerusalén

El ejército israelí recibió el apoyo casi unánime del gabinete de seguridad para reclutar otras tres divisiones de reservistas (alrededor de 15.000 efectivos) en el marco de los preparativos para proseguir con los operativos militares terrestres en el sur del Líbano. El ministro Ophir Pines (por el Partido Laborista) fue el único miembro del alto foro, en el que participan la mitad de los ministros del gobierno, en oponerse a la medida, por temor a que ella conlleve una ampliación del accionar del ejército en el territorio libanés.

Por su parte, los ministros Haim Ramon (del partido Kadima, principal componente de la coalición gubernamental) y Eli Yshai (del religioso Shas) propusieron bombardear poblados “hasta reducirlos a polvo” antes de pasar a la etapa del ingreso por tierra. Haim Herzog (también laborista) se opuso terminantemente a la postura de Ramon por considerarla contraria a la ley internacional. El primer ministro, Ehud Olmert, estuvo de acuerdo con Herzog, y su vice, Shimon Peres, dijo: “Decidamos si queremos guerra o paz. Si queremos parar, tendremos que mantener una negociación sobre la devolución de los [soldados] secuestrados. Si decidimos luchar, pues con toda la fuerza”.

La gran mayoría de los miembros del gabinete expresó su opinión reticente a la apertura de un tercer frente, es decir a una posible intervención militar de parte de Siria, cuyas fuerzas armadas se encuentran en estado de alerta. Pero, por otro lado, el premier Olmert rechazó la sugerencia que le transmitieron los representantes de la Unión Europea de probar el canal del diálogo con la dirigencia siria. Los europeos están convencidos de que Bashar el Assad no cesará de abastecer al Hezbolá por la vía que conduce al aumento de la tensión regional, sino cuando Israel muestre alguna disposición a negociar el futuro de las Alturas del Golán. Claro que, en el actual estado de radicalización de la guerra disuasiva entre el ejército israelí y la milicia chiíta, ningún dirigente israelí influyente puede proponer esa salida y ser tomado en serio.

Por eso, entre otros motivos, la ofensiva militar cuenta no sólo con el apoyo del grueso de la población, sino que frente a ella no hay oposición parlamentaria de peso. Más allá de la sobreentendida crítica de los partidos árabes, y de la protesta aislada de la izquierda extraparlamentaria (los movimientos por la paz y los derechos humanos), los sectores de izquierda que cuentan con representantes en el Parlamento (el partido Meretz y algunos sectores del laborismo) se limitan a formular objeciones operativas acerca de la ampliación del accionar de las fuerzas terrestres y la preocupante relación entre las bajas sufridas y los logros obtenidos. Un diputado laborista que pidió ser citado en forma anónima afirmó que “la población está dispuesta a soportar pérdidas, pero quiere ver resultados concretos”. Y explicó: “Le cuentan que el Hezbolá recibe duros golpes, pero la gente no los ve. La gente ve que los [cohetes] katyushas siguen cayendo del cielo. Además de sangre, sudor y lágrimas, quiere gloria. Y gloria significa la muerte de Nasralá o la devolución de los soldados prisioneros. En esta guerra, mientras tanto, no hay gloria”.

Durante muchos años el movimiento Paz Ahora encabezó la protesta contra la opción militar, como durante la anterior guerra del Líbano en los años ’80, y encarnó la alternativa del diálogo con la OLP. En la actualidad sus dirigentes optaron por no hacer oír su mensaje antibélico tradicional. Uno de ellos, Mosi Raz, expresa su malestar ante la postura mayoritaria del movimiento: “La tragedia del actual conflicto radica en que quienes durante muchos años lucharon contra las iniquidades de la ocupación israelí en los territorios palestinos encuentran de repente el placer de situarse en el bando justo. El ser atacados desde un territorio del cual Israel se retiró plenamente les provoca la cálida sensación de identificarse con la mayoría, y el alivio de no tener que seguir remando contra la corriente. El problema es que esa sensación obnubila la razón”.

La pasividad de Paz Ahora y de la izquierda sionista en general se debe también a otro factor más prosaico y sectorial: uno de sus representantes más consecuentes es nada menos que Amir Peretz, el actual ministro de Defensa. Manifestar en contra de él, por ende, sería un despropósito para el público de seguidores. La decepción que en muchos de ellos provoca su desempeño no tiene, aún, repercusión pública.

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Un soldado israelí camina delante de una fila de tanques Merkava, cerca de la frontera libanesa.
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