EL PAíS › EL CONFLICTO CON EL SECTOR AGROPECUARIO PRODUJO UNA DIVISION DENTRO DE SUS FILAS

Los radicales K están retensionados

Los gobernadores del radicalismo concertador están molestos con las actitudes de Julio Cobos. Le reprochan su diferenciación del Gobierno y la “falta de conducción” de ese espacio. Al vicepresidente lo apoyan intendentes de zonas rurales. La próxima semana se juntarán a analizar cómo siguen.

 Por Sebastian Abrevaya

El vicepresidente Julio Cobos se ganó dos problemas a partir del conflicto entre el Gobierno y las entidades rurales. Por un lado, deberá lidiar los tres años y medio que le restan de mandato con un kirchnerismo muy molesto por su posición frente al proyecto de retenciones móviles que el oficialismo envió al Congreso. Por el otro, tendrá que enfrentar el enojo que cosechó entre los propios radicales K tras haber convocado a una reunión con los gobernadores sin consultarlos previamente. La semana pasada un grupo de legisladores, intendentes y funcionarios manifestaron su respaldo a lo actuado por Cobos y criticaron la actitud de los mandatarios provinciales. A diferencia de otros espacios que integran la Concertación Plural, los radicales deberán primero encauzar sus diferencias internas para después hablar de recomponer los lazos rotos con el kirchnerismo. Con esa idea se reunirán la semana próxima para analizar cómo sacar del pozo al alicaído proyecto concertador.

“Si yo tengo un problema en mi provincia y el vicegobernador llama a los intendentes para solucionar el conflicto, obviamente me voy a enojar”, le escucharon decir al gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. El santiagueño vio con buenos ojos que Cobos pidiera mediante una carta pública que las retenciones móviles de discutieran en el Congreso, pero considera que después se sobrepasó con la invitación a los gobernadores, que finalmente se transformó en un cónclave con la oposición.

De los tres gobernadores del radicalismo K, el más “fastidiado” con Cobos es el rionegrino, Miguel Saiz, que hace un mes organizó en su provincia un encuentro de ese espacio sin la participación del mendocino. En aquella reunión, encabezada por Saiz, Zamora y el gobernador de Corrientes, Arturo Colombi, redactaron un documento titulado “Somos radicales”, donde ratificaron su pertenencia a la UCR y su voluntad de conducir el partido para llevarlo orgánicamente a la alianza con el kirchnerismo. Fue un tiro por elevación al vicepresidente, que poco antes había creado su fuerza propia en Mendoza, desvinculándose totalmente del radicalismo y abandonando la idea de pelear por el control de las riendas de ese partido.

Saiz también criticó duramente que Cobos se haya distanciado del gobierno de Cristina Fernández “apenas el barco empezó a zarandearse”. Un estrecho colaborador del rionegrino fue elocuente: “Cuando hay quilombo tenés que bancar, no podés salir a diferenciarte. Hay que esperar que pase y después sí sentarte y decir: bueno, ésta es la última.”

Más allá de las críticas que Saiz tiene con la forma en que el kirchnerismo armó la Concertación, mostró cercanía con la Casa Rosada durante la crisis. “No se puede ser socio en las ganancias y diferenciarse en las pérdidas”, resumió un operador político suyo y precisó que el rionegrino piensa lo mismo que Zamora: que todo lo que Cobos hizo después de plantear que el debate sobre las retenciones móviles debía ser llevado al Congreso fue “una sobreactuación”. “¿Qué sentido tenía llamar a los gobernadores y mantener la convocatoria para terminar hablando con Alberto Rodríguez Saá?”

Saiz le reprocha, además, a Cobos la “falta de conducción” del radicalismo K y su estilo. “Los mendocinos son raros. En Mendoza no hay radicales ni peronistas: hay peroganzos y garbanzos, todos son conservadores”, esgrimió una fuente cercana al mandatario rionegrino para explicar sus críticas al vicepresidente.

Dentro del espacio del radicalismo concertador, Cobos tiene su apoyo en un grupo de dirigentes de Mendoza, en intendentes que pertenecen mayormente a la provincia de Buenos Aires y en algunos miembros del bloque de diez diputados que lidera el ex intendente de Mar del Plata Daniel Katz, donde las divisiones se hicieron evidentes ayer a la hora de la votación en la Cámara baja.

El martes pasado los dirigentes que responden a Cobos redactaron un documento donde ratificaron su identificación con el Gobierno y cuestionaron la “falta de solidaridad” con el vicepresidente por parte de los tres gobernadores. Un referente de ese espacio, el intendente de Junín, Mario Meoni, advirtió que la actitud “dialoguista” de Cobos es utilizada “por algunos los medios de comunicación que por intereses propios” intentan limar la imagen del Gobierno nacional, sobredimensionando las diferencias del mendocino. Es por eso que en la gobernación de Río Negro señalan “en un cargo de vicepresidente siempre hay que cuidar mucho las formas. Más aún con toda la historia reciente. Siempre se tejen teorías conspirativas”.

El protagonismo que tomó Cobos durante algunos de los momentos más críticos del conflicto fue mirado por muchos como una historia que se prestaba a la comparación con la situación de Carlos “Chacho” Alvarez y, sobre todo, con la relación entre Eduardo Duhalde y Carlos Menem.

Lo que une a los radicales K son los reclamos al Gobierno por su comportamiento. Intendentes, legisladores y gobernadores, cobistas o no, exigen más consideración y atención del kirchnerismo. “Hay que poner las barbas en remojo. Superada esta instancia, va a haber que analizar de manera inmediata cuál va a ser el funcionamiento del instrumento de Gobierno porque hasta ahora no se ha podido percibir que exista la Concertación”, admite Horacio “Pechi” Quiroga, un funcionario de la Cancillería fiel a Cobos.

“El Frepaso es socio del Gobierno y nosotros que pusimos al segundo en la Concertación, no existimos”, se quejan en el espacio alineado con los gobernadores, donde ya empiezan a hacer planes propios para el caso que en la Casa Rosada le bajen definitivamente el pulgar a Cobos. “Nosotros –-anuncian– vamos a seguir con la Concertación.”

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Los gobernadores Gerardo Zamora y Miguel Saiz no están conformes con los últimos movimientos políticos del vicepresidente.
 
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