EL PAíS › UN EX SUBORDINADO DE BUSSI LO ACUSó POR LA DESAPARICIóN DE VARGAS AIGNASSE

“El comandante me dio la orden”

Alberto Cattáneo dijo que, antes del golpe, en Tucumán se hicieron listas de personas que debían ser detenidas. Bussi replicó que la culpa era de Menéndez. También declaró la mujer del senador Guillermo Vargas Aignasse.

 Por Ramiro Rearte

Desde Tucumán

El represor Antonio Domingo Bussi llegó a las 7.50 para evitar los escraches. Cerca de las diez, comenzó la primera audiencia de testigos en el juicio en su contra, en el que también está acusado Luciano Benjamín Menéndez. Abrió la rueda el testimonio de Alberto Luis Cattáneo, ex segundo comandante de la V Brigada de Infantería del Ejército. Las palabras de este personaje fueron clave para los jueces, ya que el ex subordinado de Bussi relató de qué manera el ex senador Guillermo Vargas Aignasse fue detenido, llevado al penal de Villa Urquiza, liberado días más tarde y (sobre todo) cómo fue la supuesta emboscada donde se vio por última vez al político tucumano.

El relato de Cattáneo fue, por momentos, escalofriante. Llegó a decir que la Brigada asistía a los presos políticos que estaban “miedosos” de ser trasladados al penal tucumano de Villa Urquiza. “¿Ustedes protegían a los miedosos entonces?”, le dijo el fiscal federal, Alfredo Terraf, y Cattáneo contestó “así es”. Es más, el ex comandante de la V Brigada aseveró que, el día de la liberación del senador peronista (5 de abril de 1976), tuvieron “la delicadeza” de trasladarlo hasta su casa en un automóvil de la fuerza militar, ya que “eran altas horas de la noche”.

Según Cattáneo, durante el mes de febrero, previo al golpe militar, hubo órdenes preparatorias para sustituir al gobierno democrático de entonces por un gobierno militar: se confeccionaron listas (el represor se cuidó del detalle y dijo “grupos de personas”) que debían ser detenidas una vez asumidos los militares en el poder. Lo que dejó en claro el ex militar, que estuvo asistido por un médico que le sostenía un tubo de oxígeno, es que “el comandante (Bussi) me dio la orden”.

Antes de que Cattáneo terminara su declaración, intervino Bussi. “En el Comando del Ejército no había ningún antecedente de los políticos. No recuerdo haber escuchado jamás el nombre de Vargas Aignasse en ese ámbito. Yo no firmé esa lista, se debe haber realizado en ámbitos superiores”, dijo en alusión a su jefe inmediato, o sea, Menéndez, que no se encontraba en la sala. Mientras hablaba el dictador tucumano, se escuchaba por el micrófono el sonido del aire que salía por el tubo de oxígeno que entraba en su nariz y que según los médicos no necesita.

El ex segundo comandante se retiró de la sala sin cruzar mirada con quien fuera su jefe inmediato. Luego fue trasladado en ambulancia a su lugar de detención en el ex arsenal Miguel de Azcuénaga.

Marta Cárdenas, esposa del senador peronista desaparecido, narró cómo fue la noche en la que su marido fue detenido por efectivos de la policía tucumana vestidos de civil con pañuelos en la cara y fuertemente armados, que golpearon la puerta de su casa.

Cárdenas dijo que antes del 24 de marzo de 1976 su marido ya sabía que iban “a pasar cosas”. “Optó por quedarse, no quería dejar a su familia sola. Decía que no tenía nada que ocultar”, aseveró ante los jueces. Su hijo, el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse, la miraba desde la primera fila de la sala.

“Cuando entraron, Guillermo dijo ‘no me maten en mi casa’. El estaba parado en el pasillo.” Luego le dijeron que se vistiera rápido “o te llevamos a uno de los chicos”. La última vez que vio con vida al político fue cuando lo visitó en el penal de Villa Urquiza, antes de su desaparición. “Tenía marcas en las manos y en el rostro por los vendajes en la vista y también sé que le dislocaron un brazo. Yo sólo quiero saber dónde está, por qué lo llevaron”, dijo con lágrimas en los ojos. Al final de la jornada declararon Gustavo Herrera, ex militante de la Juventud Peronista y de la agrupación Montoneros, José Víctor Jerez, comisario penitenciario y Raúl Molina, militar de infantería.

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El represor Antonio Domingo Bussi ayer durante la primera jornada de testimonios en su contra.
Imagen: Télam
 
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