EL PAíS › NUEVAS AUTORIDADES EN DIPUTADOS

Conocidos de siempre

El acuerdo entre el PJ y la UCR funcionó a la perfección. El ARI se retiró del recinto. Camaño reelecto.

 Por Felipe Yapur

El acuerdo alcanzado entre justicialistas, radicales y los partidos para renovar las actuales autoridades de la Cámara de Diputados se cumplió a rajatabla. Sin embargo, eso no impidió que se produjera un escándalo cuando el socialista Alfredo Bravo, propuesto para ocupar la tercera vicepresidencia en representación del ARI, denunció “el contubernio” entre los bloques mayoritarios para desplazarlo en favor del demócrata- progresista y ex intendente de Rosario durante la dictadura, Alberto Natale. El retiro del recinto del ARI y de los bloques de Autodeterminación y Libertad, Izquierda Unida y Frente para el Cambio dejó una importante cantidad de bancas vacías que provocó una sobreactuada indignación de los presidentes de los bloques que quedaron atornillados en sus curules.
El duhaldista Eduardo Camaño renovó su puesto de presidente del cuerpo, pero no como él se había propuesto, ser el titular de la Cámara con el voto unánime de los bloques. El hecho de que las principales bancadas acordaran al estilo “combo” la renovación de las actuales autoridades parlamentarias dejaron al ARI, la tercera minoría, sin posibilidades de acceder al puesto de vicepresidente tercero, que ayer renovó Natale. La razón para que el ex funcionario de la dictadura ocupara nuevamente ese puesto es sencilla: el interbloque que representa es funcional a las necesidades del cualquier oficialismo. Natale, por caso, tuvo un rol protagónico en la negociación –que incluyó reuniones en Olivos– y la redacción de los proyectos referidos a la reforma de la Ley de Acefalía, la renuncia de Eduardo Duhalde, el cronograma electoral y la suspensión de las internas abiertas y simultáneas.
Así las cosas, el combo era inamovible e incluía, además de Camaño, a los vicepresidentes Oraldo Britos (PJ-San Luis), Fortunato Cambareri (UCRChubut) y Natale. El escándalo estalló cuando el veterano dirigente socialista fue propuesto para presidir la sesión por ser el legislador de mayor edad ya que el demócrata progresista porteño Rafael Martínez Raymonda estaba ausente. Bravo pidió la palabra y se negó a presidir la reunión por entender que así se avalaba la “componenda política” alcanzada entre el PJ, la UCR y los provinciales. El socialista unificado fue un poco más allá y denunció a los radicales “que aprobaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final” de priorizar un acuerdo “con alguien que participó de la dictadura militar en desmedro de los que siempre lucharon por la democracia”. La referencia a Natale era obvia y que éste sólo atinó a recostarse sobre su pupitre y mirar con fiereza a Bravo. Sin dudarlo, el socialista anunció que se retiraba del recinto y todos los miembros del interbloque ARI lo siguieron. Alicia Castro del Frente, Luis Zamora y la representante de Izquierda Unida, Patricia Walsh, pidieron a los gritos la palabra. Pero el presidente circunstancial del cuerpo, el radical que ahora milita en las filas de Adolfo Rodríguez Saá, Alfredo Allende, hizo oídos sordos a los reclamos de estos legisladores que terminaron por retirase del edificio.
Camaño buscó desesperadamente negar que lo sucedido en el recinto se tratara de un acuerdo político. Prefirió decir que lo decidido se ajustaba estrictamente a la letra del reglamento de la Cámara. Lo dijo mientras a sus espaldas se retiraba la barra que mandó a traer de su Quilmes natal para tener los aplausos necesarios.
El vacío dejado por los representantes de la izquierda provocó un sobreactuado rechazo a tal actitud. Humberto Roggero, el presidente del bloque del PJ en retirada próximo a ocupar el puesto de embajador en Italia (cargo que Camaño denominó como “sagrado mandato”), fue uno de los más “ofendidos” por la actitud de la centroizquierda. Calificó la actitud de “intempestiva, adolescente e infantil” y señaló que los que se quedan”trabajando con responsabilidad y seriedad” sin siquiera recordar fue uno de los que junto a su bloque votó las principales leyes que le dieron el sustento jurídico al modelo de exclusión social y de concentración económica.
A su turno, los radicales también criticaron a los que se retiraron. Horacio Pernasetti consideró que era imposible la elección de Bravo porque las autoridades de la Cámara debe respetar “el resultado de los comicios de octubre de 2001”. Nada dijeron Cambareri ni Mario Capello que le había reconocido 24 horas antes a Bravo la razón de su reclamo.
Uno de los últimos en hablar fue Natale quien reconoció su paso por la intendencia de Rosario en los estertores de la dictadura. Sin ponerse colorado dijo que lo había hecho por mandato de su partido y “para favorecer el paso a la democracia”. Nada dijo de los que desaparecieron por esos años en la ciudad que administraba. No importaba, su puesto estaba asegurado.

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