EL PAíS › OPINIóN

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 Por Gustavo Marangoni *

El coronel del pueblo que inauguró la era de las masas en la Argentina. El impulsor del estatuto del peón rural. El militar de “la fe y la espada”. El líder de los descamisados que fue apresado, proclamado y liberado. El General. El que gobernó con Carrillo, Bramuglia y Mercante. El que gobernó con Apold, Teisaire y Mendez San Martín. El que se ganó la gratitud eterna e incondicional de los descamisados. El de los Juegos Evita. El que ignoró a los “cultos” y promovió la cultura. El odiado por Borges y el amado por Discépolo. El del aguinaldo, los planes hipotecarios, las vacaciones pagas y los sueldos dignos. El que aceptó la adulación empalagosa. El esposo del mito perpetuo. El que se peleó con los curas. El que amplió las fronteras de la dignidad de los humildes. El del discurso del “cinco por uno”. El que prefirió el tiempo a la sangre. El “tirano prófugo”. El proscripto innombrable por un infame decreto. El promotor de la Resistencia. El huésped de Stroessner, Pérez Jiménez, Trujillo y Franco. El viejo. El león herbívoro. El de la lealtad. El de las traiciones. El que bendijo a John William Cooke, Paladino, Vandor, Cámpora, Abal Medina, Galimberti y tantos otros. El que retiró la bendición a John William Cooke, Paladino, Vandor, Cámpora, Abal Medina, Galimberti y tantos otros. El que tuvo “cuero” para volver. El conciliador de La Hora de los Pueblos. El tres veces presidente constitucional. El que saludó a la “juventud maravillosa”. El que la calificó de estúpida e imberbe. El que denigró a López Rega. El que le dio las llaves del infierno. El que le devolvió al Paraguay las banderas obtenidas en la indigna Guerra de la Triple Alianza. El que declaró al pueblo como su único heredero. El que dejó a Isabel. El que proclamó: “Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”. El que proclamó: “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. El del Proyecto Nacional. El que se abrazó a Balbín. El de la patria peronista, la patria socialista y la patria sindical. El que proclamó: “Primero está la Patria”. El de los guiños cómplices y conjeturales. El que se llevó en los oídos la más maravillosa música. El que se murió el 1º de julio de 1974 causando una “lágrima inmensa” en los propios y un respeto prudente en “los viejos adversarios”. El Cid Campeador que no pudo librar con éxito su última batalla. El que fue víctima de la barbarie y la profanación. El que justifica las más variadas acciones de los más variados gobiernos, siempre peronistas. El que aún sonríe montado en un caballo blanco desde un almanaque colgado en un hogar humilde. El primer trabajador. El último estadista. El más argentino de todos los argentinos. Todos ellos y muchos de sus otros fantasmas habitan el cuerpo mutilado de Juan Domingo Perón que descansa (¿descansa?) en el Mausoleo de la quinta 17 de Octubre en San Vicente.

* Vicepresidente del Banco Provincia.

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