EL PAIS › OPINION

Escrache: memoria en acción

 Por H.I.J.O.S. *

El escrache es una herramienta de lucha que motorizó nuestra agrupación frente a la impunidad oficial que reinó en el país durante más de 25 años. Nuestra intención fue clara: sacar a la luz lo oculto, lo escondido y mostrarlo porque “si no hay justicia hay escrache”.

Denunciamos a genocidas y cómplices de la última dictadura cívico-militar que gozaban de la libertad por los beneficios de las leyes de obediencia debida, punto final e indultos. Ratas inmundas que asesinaron, torturaron, violaron mujeres y hombres, se apropiaron de menores, robaron bienes, y que vivían en el anonimato, por el silencio, por la impunidad.

Así decidimos comenzar en 1996 cuando escrachamos al represor Magnacco, que era quien firmaba las partidas de nacimiento en la ESMA. Fuimos a su trabajo, en el Sanatorio Mitre, y de allí a su guarida en Marcelo T. de Alvear y Montevideo. Y así empezamos, y nunca paramos. En Capital, hemos realizado más de 50 escraches.

El escrache nunca fue violento o buscó la justicia por mano propia: todo lo contrario. Nuestro objetivo fue buscar siempre la condena social: que ese personaje que vivía en el olvido fuera repudiado por sus vecinos. Que su casa fuera su cárcel. Y eso, de a poco, lo fuimos logrando.

Si algo caracterizó a esta manifestación fue la alegría: murgas, colores, circo, ruido. Decidimos también descentralizarlos. Llevar las manifestaciones a los barrios. Allí donde quizá nunca hubiera pasado una marcha. Pasamos por la gran mayoría de barrios porteños.

Mucho se ha hablado, mucho se ha dicho. Lo cierto es que esta nueva herramienta de lucha ha sido bastardeada por diversos medios de comunicación y hoy es utilizada para definir cualquier acción o acto violento: un huevazo a un funcionario, unas pintadas en un edificio. Todo eso es “Escrache” para algunos medios. Pero justamente todo eso no es escrache. La calificación de todo este tipo de manifestaciones, acciones o intervenciones busca denostar al escrache como un acto violento. Denostar una práctica que ha demostrado desenmascarar la impunidad.

Hoy nos encontramos con un nuevo editorial que intenta descalificarlo, “Un escrache a la Educación”, publicado por el diario Clarín. El mismo critica la decisión de que en las escuelas se estudie el escrache, marchas de silencio, pintadas y graffiti como nuevas “modalidades de participación socio-política”. “Todos los escraches son una forma de fascismo”, sentencia el matutino. No es el primer editorial así. En la misma línea se manifestó el diario La Nación, ya el 1/11/2000, en el editorial “Ni escraches ni cortes de ruta”, donde manifestaba que este tipo de acciones “atentan contra el derecho de terceros y dañan la tranquilidad pública”. El 3 de julio de 2008, en otro editorial del mismo diario, “Desterrar la cultura del escrache”, habla del escrache como “esta particular y nefasta metodología, cuyas raíces más cercanas se vinculan con repudiables prácticas del fascismo y del nazismo”, para más adelante afirmar que “El ‘escrache’ es un acto de violencia moral contra personas o instituciones”. Otros periodistas del mismo diario, como Mariano Grondona o Joaquín Morales Solá, también opinaron en el mismo sentido.

Resulta por demás llamativo que se intente denostar esta práctica tan válida como certera, vehiculizada por organismos de derechos humanos, cuando, por ejemplo, se está investigando el rol de estos dos diarios en la compra fraudulenta de Papel Prensa durante la dictadura. O cuando también se está esperando saber los resultados de la apropiación de Marcela y Felipe, para determinar si son hijos de desaparecidos. O cuando justo este próximo lunes deberá declarar ante la Justicia el periodista Morales Solá en la causa por el “Operativo Independencia”, por haber visitado el centro clandestino “La Escuelita” en Tucumán en plena dictadura.

Creemos haber aportado con el escrache nuestro granito de arena, como una nueva modalidad de lucha. Pero, pese a todo, también es necesario afirmar que el escrache no termina. Siempre vuelve. Porque hay muchos criminales impunes, porque hay muchos civiles que no han dado cuenta de sus responsabilidades directas para con el terrorismo de Estado, porque hay muchos ideólogos que hoy siguen usufructuando sus empresas. Por eso, a donde vayan los iremos a buscar.

* Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio. www.hijos-capital.org.ar

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