EL PAíS › WALLERSTEIN Y SU TEORIA SOBRE LA OFENSIVA DEL NEOLIBERALISMO

“La globalización no existe”

Historiador, politólogo, clásico de las ciencias sociales, su disertación en el Foro Social Mundial fue seguida por una multitud. Una herramienta para entender lo que está pasando.

 Por Eduardo Tagliaferro

Su disertación fue seguida atentamente por más de mil personas. También fue uno de los más aplaudidos en el segundo Foro Social Mundial. Cuando el historiador y politólogo Immanuel Wallerstein afirma que “la globalización no existe” y que el uso del término forma parte de “la contraofensiva neoliberal para trasmitir la idea de que no hay resistencia posible”, muestra su coherencia. Para él, detrás de “la etiqueta de la globalización se describe lo mismo que ha sido verdad durante los últimos 500 años”. En los ‘80, en su libro El moderno sistema mundial ya había recurrido a la categoría “economía mundo” para hablar del sistema dominante a mediados del siglo XV. En su último libro, Después del liberalismo, además de preguntarse sobre la viabilidad del continente africano, sostuvo que la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, lejos de ser un triunfo del liberalismo, significaban también su colapso. Vaticina que dentro de 50 años se verá el derrumbe del capitalismo. Por supuesto no se anima a señalar si eso “será mejor o peor para el mundo”.
Resulta extraño ver la pasión con la que los delegados al segundo Foro de Porto Alegre siguen las palabras de un intelectual. Para quienes luchan contra el neoliberalismo, muchas veces hay un mejor conocimiento de la realidad en las palabras de un cientista social que en las de un destacado dirigente social o político. Wallerstein lo ratificará cuando sugiere que el centro de la disputa con el neoliberalismo es revertir la transferencia de ingresos de los sectores más pobres hacia los más ricos. Sostendrá que hacerles pagar sus impuestos a los ricos, conseguir aumentos salariales, o revertir en uno o dos puntos esa transferencia de recursos, tiene muchas veces un valor más revolucionario que la más osada de las consignas.
“Un repaso a la historia del mundo moderno nos muestra que los impuestos han tenido una curva de aumento muy importante en los últimos años”, afirma. “Son altísimos si los comparamos con 50 años atrás, 100 años atrás, 200 años atrás, 300 años atrás. Siguen subiendo cada vez más. ¿Por qué? Yo les digo por qué. Es sencillo. Los gobiernos tienen que garantizar la unidad del sistema capitalista con más policía, más burócratas, y eso tiene sus costos. Alguien tiene que pagar esa cuenta. A los capitalistas les molesta pagar por eso. En realidad, no les importan sus servicios. Harán todo por no pagar.”
Precisamente en quién pagará las cuentas radica para Wallerstein la disputa social. Explica que si bien en la democracia a la gente le importa votar, lo que más desean es “educación para sus hijos, salud para su familia y las garantías de tener un ingreso durante toda su vida”. Demuestra que aunque los gobiernos puedan dar algunas demandas a los reclamos populares la gente siempre pedirá más y eso tiene sus costos. Comenta que “hace 100 años lograr la educación primaria ya era una conquista. 50 años después todos pensaban que no era suficiente con la educación secundaria. Hoy la gente dice eso no alcanza y reclama educación universitaria. Eso cuesta dinero, alguien tiene que pagarlo. Los impuestos son los que pagan la cuenta. Lo mismo ocurre con la salud”.
Por esto reclama que “las empresas paguen los impuestos”. En el Foro, su palabra es seguida religiosamente. Sobre la mesa tiene los gráficos y las estadísticas que certifican sus dichos. Como la curva que da cuenta del aumento de los costos. Sostiene que si bien hay períodos de 30 o 50 años en los que los costos suben y otros similares en los que bajan, nunca bajan tanto como cuando suben. “Suben dos, baja uno”, sintetiza. Por esto no duda en señalar que “el capitalismo del mundo se encuentra en una situación sumamente difícil”. No duda en sostener que ese aumento de costos tendrá que afrontarse con una reducción de los márgenes de ganancias de los capitalistas.
Al hablar de la fortaleza de los movimientos reunidos en el Foro Social Mundial dijo que uno de esos puntos radica en la tolerancia de todos lossectores. A la hora de analizar las debilidades se preguntó “¿seguiremos siendo tolerantes?”. En este punto recordó que hace 50 años los distintos grupos de izquierda se denunciaban entre sí. Mientras que hoy los distintos movimientos y partidos políticos conviven con cierta armonía. Claro que para Wallerstein esto es posible porque luego del ‘68, fecha del Mayo francés, y que el historiador no dudó en definir como “la revolución mundial del ‘68”, los movimientos que representan a las minorías, indígenas, ecologistas, trabajadores, etc, impusieron su discurso a los partidos políticos que les ofrecían “tomar el poder primero y luego esperar que ellos desde el poder cambiaran el mundo”.
Al momento de hablar sobre la globalización, dijo que “a lo largo de la historia de la humanidad ha habido distintos períodos en los que las fronteras del mundo han estado más abiertas y períodos en los que han estado más cerradas. Es una lucha continua. Este ha sido un período en el que han estado más abiertas. Pero no más abiertas que hace 100 años cuando había más transacciones transnacionales que las existentes hoy en día”. Esto lo llevó a preguntarse ¿entonces por qué hablamos de la globalización? El tema es retórico y no analítico. Lo que viene con el término globalización es el eslogan de la señora Margaret Thatcher: “No hay alternativas. Es un intento de intimidar a los estados y a los líderes a que acepten bajar los costos de la mano de obra, bajar los costos del Estado de bienestar social”. Aunque admitió que han bajado algunos costos, sobre todo los laborales, esto se ha hecho hasta cierto punto. Aquí vio la principal disputa, afirmó: “Esta es la importancia del juego. El problema es que el neoliberalismo ha llevado a una reacción. A partir de los años ‘90, la gente ha pasado a perder su nueva fe en los méritos del mercado”.
Un buen espacio de la charla de Wallerstein fue para criticar el triunfalismo de la izquierda. “El peor de los pecados de la izquierda durante cien años fue el triunfalismo. La izquierda siempre proclamó y sostuvo que la victoria estaba o con ellos o con nosotros y que seguramente la veríamos. Ese seguramente es un eslogan maravilloso. A personas que atraviesan dificultades esa concepción les permite luchar con más ganas. Pero no es verdad. No necesariamente la historia está a nuestro favor. Si usted dice que la historia está a nuestro favor, lleva a que en el mundo aumente el nivel de las desilusiones.”
El último párrafo fue para alentar los sueños de los presentes diciéndoles: “Ahora no podemos movilizar a la gente diciéndole que vamos a ganar. Lo que tenemos que decir es que lucharemos por tener el mundo que queremos. Porque este es el único mundo. Quizá no ganemos, pero vamos a hacer todo lo posible para ganar. Si logramos solo llegar a la mitad del camino, ya será maravilloso”. A esa altura el público aplaudía de pie. Atrás habían quedado definiciones como que el 11 de setiembre era parte del caos de los últimos 50 años que preceden al colapso del capitalismo, que había que fomentar que las empresas dedicadas a la educación o la salud no tengan en la ganancia su única meta: “Alcanza con garantizarles que seguirán funcionando a lo largo del tiempo. Pueden ser privadas, es un error pensar que tienen que estar en manos del Estado”.

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Para Wallerstein, es importante pensar en quién paga las cuentas en una sociedad.
La globalización es una etiqueta política, una manera de decir “no hay alternativa”.
 
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