EL PAíS › LOS RADICALES NO CONSIGUEN TENER PROTAGONISMO Y ESO PROFUNDIZA SUS DIVISIONES

Ante un escenario que los descoloca

En el radicalismo advierten que el enfrentamiento entre el Gobierno y Mauricio Macri los ha desplazado del centro de la escena política. Al debate sobre cómo posicionarse, se suman los enfrentamientos internos y las diferencias respecto de la estrategia electoral.

Ernesto Sanz, Mario Barletta y Ricardo Alfonsín, figuras de un radicalismo que no encuentra su camino.

“El partido se está muriendo y nadie se está dando cuenta.” La frase, pronunciada en una reunión cerrada por uno de los dirigentes más importantes de la UCR, da cuenta de una compleja situación política que atraviesa actualmente el radicalismo: a pesar de ser la principal fuerza de la oposición en el Congreso y en extensión territorial, no logra ocupar el centro del escenario político. Desplazados por el enfrentamiento entre el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y el gobierno nacional, los radicales en cada tema especulan más cerca de quién van a quedar parados dentro de ese esquema “binario”. En ese contexto, las pujas entre el titular del Comité Nacional, Mario Barletta, que busca imponer su propia impronta en la nueva gestión, y el alfonsinismo, que quiere retener el poder, profundizaron las grietas internas. Como ejemplo de la crisis, el bloque de diputados radicales se reunirá este martes en un intento de recomponer el malestar que provocó la votación del traspaso de los subtes a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires.

La encrucijada que sufre la UCR ya había sido advertida incluso antes de las elecciones del año pasado. Cuando Mauricio Macri todavía no había decidido ir por la reelección en la Ciudad, una de las principales preocupaciones era una eventual “polarización” entre el PRO y el kirchnerismo que desplazaría a los boinas blancas, relegándolos a un papel político menor. Parte de los argumentos que esgrimieron los defensores del acuerdo con Francisco de Narváez fue precisamente ése, la necesidad de desarticular la candidatura presidencial de Macri, dejándolo sin candidato en el principal distrito del país. Pero el efecto no fue el esperado. Si bien Macri declinó su postulación, al mismo tiempo se consagró como el único opositor que no fue derrotado por Cristina Fernández.

Superada la elección y sin un opositor que se destaque por el voto popular, el radicalismo quedó entrampado hacia adentro y hacia afuera. Las deserciones de Julio Cobos, Ernesto Sanz y el flojo resultado de Ricardo Alfonsín marcaron un problema de liderazgo. Tras la tragedia de la Estación Once, el radical Leandro Despouy –presidente de la Auditoría General de la Nación– elevó su perfil, pero el radicalismo no pudo capitalizarlo a raíz de la disputa entre Barletta y el alfonsinismo por su desplazamiento.

Y apenas comenzó el año legislativo, el problema de la polarización PRO-FpV se trasladó al Congreso. En una carta a sus compañeros de bloque, a la que accedió Página/12, el diputado Mario Negri lanzó la primera advertencia: “Si no reaccionamos ahora, se anticipa el mismo procedimiento (la convocatoria a una sesión especial) para el tratamiento de la patética pelea entre el gobierno nacional y el de la CABA... será otra sesión especial de ‘política espectáculo’ a la que recurrirán en beneficio de ambos Ejecutivos, pues el mecanismo propuesto es inviable, pero cumplirá la función distractiva de la realidad cotidiana, sin que hayamos podido hacer oír la voz fuerte y contundente que requiere el momento”, afirmó Negri.

“Lo único que falta es que le quieran echar la culpa al radicalismo del zafarrancho que han hecho en la Capital Federal”, salió por entonces Alfonsín a defenderse de las críticas del PRO por el traspaso del subte.

Sin horizonte de solución, el dilema radical se repite en cada giro de la política nacional. La política de alianzas para 2013, repartida entre los que buscan acercarse al socialismo, los que miran a Macri y los que quieren ir solos, recrudece el conflicto. “El problema que tiene el radicalismo hoy, y que tendrá que ser muy inteligente para superarlo, es que la política es binaria en todos los términos. El Gobierno no admite opiniones en contrario y para mucho periodismo la pelea es entre el Gobierno y Macri. Nosotros hoy estamos un poco descolocados”, concluye Ernesto Sanz, ex titular del Comité Nacional.

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