EL PAíS › LOS OPOSITORES DESCONOCEN LA CONVOCATORIA DE MOYANO Y YA IMAGINAN QUE LA PELEA SE DEFINIRA EN LA JUSTICIA

Una disputa que avanza hacia la ruptura

Aunque sigan hablando de unidad, las posiciones parecen cada vez más irreconciliables. El “Gordo” Oscar Lescano se mostró convencido de que la Justicia tendrá la última palabra. Dicen que no competirán con las reglas de Moyano.

 Por Nicolás Lantos

En la reunión del martes, los antimoyanistas mostraron representantes de 73 sindicatos que les asegurarían mayoría de congresales.
Imagen: DyN.

“Esto va a terminar en la Justicia.” La sentencia pertenece a Oscar Lescano, titular del gremio Luz y Fuerza y portavoz de los Gordos, uno de los sectores de la CGT que se opone a la reelección de Hugo Moyano al frente de la central obrera. En conjunto con los alguna vez llamados independientes (metalúrgicos, mecánicos y otros gremios industriales) y los sindicatos alineados detrás de Luis Barrionuevo en la CGT Azul y Blanca impugnaron el confederal que se llevó a cabo ayer por considerar ilegal su convocatoria y tampoco, anticipan, participarán del congreso nacional convocado para julio en donde se elegirán las nuevas autoridades. “Todos queremos unidad, pero también reglas claras. Hoy Moyano quiere ser el que reparte las cartas, el que juega y el que levanta las apuestas, y nadie aceptaría participar en esas condiciones”, explica a Página/12 uno de los “independientes”. La fecha que ayer refrendó el camionero, el 12 de julio, queda a la vuelta de la esquina. Los tiempos para encontrar una solución política se acortan y crecen las posibilidades de una ruptura. Mientras Moyano avanza (ver aparte), Lescano se pone firme y vuelve a amenazar con judicializar el conflicto: “Si al final de esto hay dos CGT, eso significa que habrá una válida y otra que no lo sea”, asegura.

Ambas partes aseguran contar con la mayoría necesaria, pero mientras que el actual titular de la CGT utiliza los mecanismos internos de la central que gobierna hace ocho años para efectivizar sus aspiraciones de reelección, sus opositores imaginan que la continuidad o no del moyanismo se dirimirá en los tribunales. Es por eso que denunciaron la realización del confederal de ayer (paso previo obligatorio antes del congreso nacional donde se celebrarán las elecciones) con el argumento de que faltó el quórum necesario para la convocatoria. “Impugnamos porque estaba mal convocado”, explican. Cerca de Moyano citan a la sabiduría popular: “El que impugna es siempre el que no tiene la mayoría que dice tener”. En la otra vereda insisten con que el llamado “está viciado de nulidad, ya que nunca hubo quórum para convocarlo”. Los Gordos argumentan que “los votos son de los hombres y no de los sindicatos, esto siempre fue así. Y acá reemplazaron a todo el mundo”.

Hay un problema adicional: no sólo dos sectores que pugnan por gobernar un espacio se adjudican en simultáneo la mayoría, sino que además se desconoce cuál sería el número necesario para obtener esa mayoría. Además, también está en disputa cuál será el método para determinar al ganador. “Lo que pasó en la Uocra lo mostramos públicamente: quiénes estamos, qué sindicatos nos oponemos a la actual conducción. Esta semana fuimos 73 sindicatos que juntan al 70 por ciento de los congresales y además cada vez que nos juntamos somos más”, se jacta Lescano en respuesta al titular de la CGT que ayer aseguró representar a la mayoría. Pero a esta diferencia, ya de por sí difícil de solventar, se suma la disputa por la confección de los padrones (que será clave a la hora de determinar para dónde se inclina la mayoría) y también sobre el mecanismo de la elección: ayer se aprobó que se hará por el voto “directo y secreto” de los congresales y desde el otro rincón porfían. “No hay nada en contra del voto secreto, pero nos preguntamos por qué les interesa tanto modificarlo ahora cuando nunca les resultó importante”, desconfía un dirigente de un gremio industrial consultado por este diario.

Cómo sigue todo: “Nosotros quisimos hacer un cronograma conjunto, pero ellos no quisieron: nunca vi a un dirigente sindical con tanto poder concentrado como Moyano y con tan pocas ganas de compartirlo –sostiene Lescano–. Ahora vamos a ir al Ministerio de Trabajo para impugnar la convocatoria. Si hay que ir más allá iremos hasta la Justicia. A Moyano lo conocemos desde hace mucho y va a seguir peleando aunque se quede solo con su hijo”. Desde los industriales ponen paños fríos: como de esas filas saldría el candidato (en este momento parecería ser Antonio Caló, de la Unión Obrera Metalúrgica) tratan de componer para que no quede minada su base de representación una vez que eventualmente asuman al frente de la Central Obrera. Así, aseguran que lo prioritario es “buscar la unidad por cualquier medio que haya a mano” aunque, aseguran que “si hay confrontación, Caló no se va a echar atrás”.

Los Gordos dicen buscar la unidad, pero desde otra óptica: “Si al final de esto hay dos CGT, eso significa que habrá una válida y otra que no lo sea”, dice Lescano. Cerca de él agregan: “Todos queremos la unidad. El tema es que alguien va a ganar, en Azopardo o en la Justicia, donde sea, en julio o el año que viene, pero va a haber un ganador: el resto tiene que asumir como la minoría y acompañar”. Los independientes buscan abrir una instancia de negociación. Los barrionuevistas quieren sacar provecho de la situación y dejar el exilio sindical que se autoimpusieron hace casi una década. Moyano entiende que por ahora es mano y el dueño del mazo, pero necesita que otros se sienten a la mesa para poder jugar. Queda cada vez menos tiempo y si no se resuelve comenzará otro juego distinto, en Tribunales, donde las reglas las ponen otros.

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