EL PAIS › FELIPE SOLA, GOBERNADOR BONAERENSE

“Estoy apasionado como hace mucho que no estaba”

Exultante, habla de una renovación ética y ve en su candidato, Kirchner, un polo de unidad de votantes de todo tipo. Apostó fuerte en la primera vuelta y sigue armando un segundo término que lo confirme por el voto. Su defensa de los punteros, su descreimiento de que exista “el aparato.”

 Por Sergio Moreno

El gobernador Felipe Solá se mostró dado a las frases ripiosas que no muchas veces fueron entendidas. Quizás él mismo recurra al retorno a una que otra palabra que dijo en la campaña y que, a la luz de los resultados, quedarán para el anecdotario o, más piadosamente, el olvido. Suele tener un sentido del humor que le quita dramatismo a algunos decires. “Felipe”, como le dicen quienes los quieren y quienes no, ha sido uno de los dirigentes políticos que mejor salió plantado del resultado de la elección del 27 de abril: apostó fuerte por Néstor Kirchner, mientras armaba su propia ingeniería con vistas a las elecciones bonaerenses por las que quiere ser electo por el voto popular. Reflexivo, se muestra exultante con los resultados y con lo que entiende puede ser el comienzo de una nueva época, de una chance de renovación ética en la política y la sociedad, tal el mensaje que decodifica del resultado de las urnas. Obviamente, se siente parte de esa generación que deberá dar la batalla no menor, siempre farragosa, sin garantías, de reconstruir la credibilidad en la política y ser exitoso.
–Parece que las provincias con subsuelos ricos no sólo dan candidatos a presidente; aparentemente también pueden dar presidentes.
–Lo primero que me retorna de esa frase es la ironía de Página/12, que la tenía olvidada. Y lo segundo es que esa provincia nos puede dar un nacimiento apasionante y esperanzado. Yo estoy apasionado y esperanzado como hace mucho que no lo estaba. No sólo alrededor de la potencialidad de Kirchner como presidente, sino alrededor de cómo se configuró el voto y qué nos está diciendo: creo que hay un mensaje ético fortísimo, de cambio, político en las formas y concepción de hacer la política, mucho más profundo del “que se vayan todos”, mucho más pragmático también y más inteligente. Creo que esto se parece un poco a 1983 en el sentido de la recuperación de la democracia y de los valores públicos, el sueño de poner en las instituciones los anhelos que estaban reservados al mundo de lo privado o de la utopía perdida. Podemos poner, ahora, dentro de lo institucional lo que había quedado afuera en estos últimos doce años.
–En este núcleo que compone ese cambio, ¿usted contabiliza a...?
–El voto por Carrió, una parte del voto por López Murphy, casi todo el voto por Kirchner y hasta me permito tomar algunos votos de los de Rodríguez Saá y de Menem. No vamos a pensar que algunos votos de Menem, sobre todo de los humildes, no son rescatables para este sueño. Nunca hablo de utopías ni de sueños y ahora me sale naturalmente. Sueño con que acá aparezca una república del siglo XXI.
–Da la impresión de que este resultado electoral, tomándolo tal como lo caracteriza, no va a ser suficiente para la refundación que usted sueña.
–El camino va a ser siempre farragoso por cómo están las condiciones argentinas, externas e internas. No puede ser así en este país, que tiene una importante violencia social contenida y una situación estructural económica tan difícil: la estructura económica argentina reparte pésimo. Cambiar eso no es imposible pero es un trabajo que pasa por una determinación muy férrea de una generación entera de hombres que necesita comunicárselo al pueblo y que pueda dar testimonio de eso. Y además con el desafío de que el testimonio sea exitoso, no inmediatamente, sino en el sentido de que sea entendible.
–Cambiar esa estructura económica es una batalla que, en la mayor parte de la historia argentina ha perdido el sector popular, hasta llegar a este punto, un país latinoamericanizado en el peor sentido del término.
–Yo diría que el punto de partida es enteramente ético. Creo que esa estructura económica puede cambiar en la medida de que haya un cambio ético muy fuerte, de arriba para abajo y que se empiecen a modificar hábitos y conductas sociales, primero en el poder político, luego en medios económicos y empresariales y que esto sea entendido por el mundo sindical y por la gente. Creo que la Argentina votó por una revolución ética. Estoy convencido de que la ética era el tema del ‘99 y es el tema de 2003. Hablo de una cuestión profunda, de reencuentro del valor de las palabras, de las posturas y me parece que Kirchner lo tiene claro.
–Ahora, desde un sector del establishment y de la derecha política, se está tratando de insistir que lo que viene de acá hasta el 18 de mayo es la manera en que se dirimirá la interna peronista.
–Eso me parece una pelotudez. Acá se termina una forma de concebir la política que marcó la década del ‘90, que fue la forma en que se le presentó al pueblo y que el pueblo aceptó. Lo empezó a rechazar en el ‘99 y quienes estaban encargados de cambiar las cosas no sólo no las cambiaron sino que huyeron despavoridos. Esa demanda sigue presente. Esto es lo que se presenta a Kirchner. Hay dos Kirchner: el primero es un Kirchner de votos independientes y de nuevos votantes; y el segundo será peronista, radical, de izquierda, de centro, de voto ético. Lo que se dio es que la persona que coló en el ballottage y permite expresarse a millones de argentinos es Kirchner, que es peronista, cosa que me parece muy bien y me enorgullece. Pero esto es la oportunidad de modificar una oferta política que duró doce años y que está totalmente perimida.
–Otro fantasma que se ha echado a andar es el poder que ejercerá sobre el hipotético presidente Kirchner esa entidad difusa, de contornos monstruosos y opacos que vendría a ser el aparato duhaldista. Esto le cabe perfectamente a usted, que es un gobernador y va por la reelección, sentado en un territorio cuya llave política la tiene Eduardo Duhalde.
–Una respuesta es desmitificar al monstruo, yo no creo en él. Creo que cuando un pobre se divierte pasa a ser un cliente, deja de ser un ciudadano. En cambio, si anda por el centro con cara de culo, es de clase media y es un ciudadano. Yo no acuerdo con eso. La idea de que cuando aparecen los micros, famosos, y te lleva a un acto peronista hay clientelismo y la gente se mueve como rebaño de ovejas porque la llevan, por el tetra brick o la bolsa de comida. Es una idea terriblemente gorila y discriminatoria. Parece que está prohibido vivir lejos, que hay que ir a los actos en taxi, remise, o BMW, o hay que vivir cerca, o tomar el subte y llevar cara de culo. Resulta que la gente suele vivir lejos, en medio del barro y hay que ir a buscarla, porque quiere ir a los actos, pero no tiene cómo llegar...
–Ahora, el puntero existe y hace su trabajo...
–Claro, en todos los partidos. Pero existe una unidad muy sólida, muy antigua, con muchos vicios y virtudes, consolidada en el conurbano, que se llama peronismo bonaerense, nadie puede dudar de eso. Que hacen un acto en 48 horas también es cierto. Pero ésas son las virtudes, lo que le critican como defectos son sus virtudes, más haberse mantenido junto y garantizado la gobernabilidad en el conurbano en los momentos más difíciles. Sus defectos son los que podemos suponer: dentro de ese aparato hay elementos de conservadurismo, hay rechazo a la innovación. Y detrás de todo hay una pésima calidad de vida, una vida a los saltos. Creo que esta elección no prueba que el aparato se mueve aceitadamente, prueba que la gente le cree mucho más de lo que se dice a los dirigentes del conurbano.
–Durante la campaña hubo crujidos. Muchos de los condotieri del conurbano se habían retobado a apoyar a Kirchner pero, a la luz de los resultados, Duhalde consiguió finalmente ordenarlos.
–Duhalde, en primer lugar, armó un ajedrez muy bien planteado y una secuencia, desde enero hasta ahora, muy difícil de cumplir y finalmente concretada: desde el Congreso Nacional, pasando por los congresos peronistas, la decisión por Kirchner y lo que vino después; cómo se llegó a las elecciones y cómo se votó. La solución política institucional ha sido exitosa y brillante. También le reconozco la tozudez de un político, de un hombre de estado. Finalmente, si un político no es un tozudo, ¿qué es? Si no horada la piedra ni pide lo imposible, no consigue lo posible.
–¿En qué lugar lo imagina, en el futuro, a Duhalde?
–Se pondrá en el lugar que él entienda. Creo que generó las condiciones de una salida digna de un gobierno muy difícil y tiene derecho a elegir un lugar político. No me siento capaz para decir cuál es. Me parece que la máxima aspiración del político es el poder del prestigio, más que el poder fáctico. No sé si él tendrá poder fáctico en el futuro, pero puede tener prestigio, eso se lo ganó.
–¿Eso cómo le influye a usted?
–Si es un prestigio para ayudarnos, para ayudar a Kirchner, salir adelante en la provincia, va a ser muy importante.
–Hasta ahora Duhalde ha sido más que generoso con ambos...
–Lo peor en este mundo es ser desagradecido. El me apoyó y me ayudó y, más allá de mutuas rabietas que hemos tenido, el saldo es más que positivo. Y con Kirchner ha sido más que generoso porque ha tenido enfrentamientos duros y recientes. Sin embargo, acertó, y para un hombre político eso es muy importante.
–¿Se termina Menem?
–Siento que Argentina tiende a perdonar a casi todo el mundo (dejemos a los genocidas afuera). En la Argentina se perdona de una manera extraordinaria, suicida se podría decir algunas veces. En el caso de Menem su actitud lo está haciendo retroceder kilómetros en pocos días, no es sólo el pasado: Menem está absolutamente peleado con la realidad, siguió diciendo que ganaba en primera vuelta cuando ya todos sabían cómo saldría la elección, habla de que vuelve la violencia peronista. El día en que Santa Fe se inundó, Menem fue a la quinta La Madriguera a hacer un acuerdo político con Rodríguez Saá, recurre al pactismo más antiguo en un día en que los argentinos estábamos mirando la tragedia. No tengo nada que decir del Adolfo. Pero sobre Menem, da la impresión de que en estos días le ha salido el caudillo más retrógrado de todos: nos quiere asustar con las palabras y pactar superestructuralmente. Esta Argentina no se asusta de las amenazas por derecha de Menem ni cree en el acuerdo de dos dirigentes que, por otra parte, no pueden dirigir el voto de sus electores, como nadie puede.
–¿Cómo queda el peronismo después del 18 de julio?
–Es un modelo para armar. No voy a negar que la mayor parte de los peronistas votó por Menem y el Adolfo. No puedo negar que en nuestras bases hay una contradicción con respecto a lo que pensamos muchos dirigentes. Uno tiene dos salidas: o acepta esta necesidad de cambio ético profundo y se acopla a ella con sus formas o queda reducido a un Partido Republicano americano pero en un país pobre. Hay muchos peronismos, la elección dejó una división fuerte, hace falta un trabajo importante para reunificarlo y ver qué es ese peronismo que sumado da el 64 por ciento de los votos. Será una tarea secundaria, primero está reconstruir al país.
–¿Quién es Kirchner?
–Es complicado definirlo. Es un duro, no es un producto, es como es. Aparentemente camina en solitario, pero me parece que hay otro Kirchner que va a ir apareciendo. No es un gerente de nadie. Tiene carácter, no se lo llevan puesto, no lo veo aceptando de antemano que debe convivir con los poderes clásicos. Siempre va a buscar el respaldo de la gente, popular. Si lo hace tiene una chance...
–Se avecina una tensión con los factores de poder...
–Sí, sí, sí. En muchos casos lo van a tener que respetar y en otros van a presionar. Hay una parte del establishment que va a respetarlo si ve que el que gobierna es una persona de agallas y serio, que no se sale en su diagnóstico de la realidad objetiva. Y otra parte se va a enfrentar.

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